RIESGOS GLOBALES 2018 EN EL MARCO DE LA DISRUPCIÓN TECNOLÓGICA GLOBAL

En esta sección hemos destacado en los cinco artículos anteriores algunas de las principales consecuencias que se están produciendo y que se prevén como consecuencia de lo que ya generalmente en el campo científico se considera la nueva Revolución Científico-Técnica (RCT), que está afrontando la raza humana. Sus potenciales positivos para la Humanidad son indudables y alcanzan nuevos niveles cualitativos aprovechables para un desarrollo social más igualitario, una mejora muy sustancial de la sostenibilidad ambiental, y una homogeneización de las oportunidades de las personas al margen del territorio donde nacen. Parafraseando a Marx podríamos decir que constituyen la base de un salto cualitativo en el desarrollo de las fuerzas productivas que, necesariamente, están entrando en contradicción con las relaciones de producción existentes, tal y como hemos tenido ocasión de apreciar en diversos ejemplos recogidos en los cinco artículos anteriores.

Tengo que reconocer que mi preocupación respecto hasta qué punto esta nueva Revolución Científico-Técnica podría tener el carácter y las consecuencias señaladas en los citados artículos se inició en enero de 2016, con ocasión de la lectura de los documentos y análisis efectuados en el Foro de Davos de ese año. Ya allí se recogían aspectos muy significativos que daban ese carácter revolucionario al cambio y, en particular, se ofrecía una estimación de las consecuencias sobre el empleo derivadas del mismo. El Cuadro siguiente sintetiza lo que eran sus estimaciones.

Los dos años transcurridos desde este posicionamiento del Foro de Davos hasta la actualidad han reforzado los temores de algunas de las consecuencias más evidentes de esta nueva RCT, y han demostrado que efectivamente se trata de un salto cualitativo en el desarrollo de las fuerzas productivas, con unos potenciales extraordinarios para el progreso de la sociedad; pero también están demostrando que ese progreso, en la actual estructura de relaciones de producción, está incrementando de una manera tremenda las desigualdades, reduciendo muy significativamente la cohesión social, tal y como nos mostraba el Informe de Oxfan presentado precisamente para ese Foro de Davos, del que las dos Figuras siguientes son explícitamente representativas y no creo que requieran mayor comentario.

Informe, por cierto, muy oportunamente enviado a un segundo plano por la oportuna campaña de desautorización absoluta de OXFAM por el hecho –ampliamente conocido desde hace tiempo e incomprensible e imperdonablemente no corregido en toda su extensión por la propia OXFAM- del comportamiento impresentable de varios de sus colaboradores. Son inaceptables esos comportamientos y la escasa reacción que desde OXFAM se había producido para erradicar los mismos, pero también es muy oportuno el momento en que el tema se expande explosivamente por redes y medios de comunicación -siguiendo las pautas que denunciábamos en el tercero de nuestros artículos sobre la disrupción tecnológica- para acallar ante la población las consecuencias socialmente impresentables de las actuales pautas de crecimiento del modelo de sociedad de consumo capitalista imperante.

En todo caso, no cabe ninguna duda que la actual Revolución Científico-Tecnológica (RCT) está transformando radicalmente las relaciones sociales, los sistemas productivos y las economías, así como las formas de hacer negocios, gracias a la expansión de la inteligencia artificial (incorporando los “big data”, la explosión de sensores conectados máquina a máquina (M2M), el “machine learning”, etc.), a la extensión generalizada del uso de internet y de unos smartphones con capacidades crecientes de interacción en red, y al uso del poder derivado de la información recopilada por las principales multinacionales informáticas para el marketing y control social, entre otros aspectos.

En este marco resulta un poco sorprendente que el tema tan destacado en el Foro de Davos, tanto en 2016 como en 2017, respecto a los riesgos sobre la desigualdad, el crecimiento de las posiciones “anti-establishment” de la población y la posibilidad de incremento de nacionalismos autoritarios que pongan en cuestión el propio modelo de crecimiento actual, hayan sido de alguna manera relegados por cuestiones crecientemente asociadas a los riesgos ambientales, pero sobre las que sobrevolaba un optimismo asociado a que, con la buena marcha y recuperación del crecimiento económico, todo será abordable y resoluble. De hecho, en el propio Prefacio del Informe se señalan signos alentadores que sugieren que se ha dejado atrás la peor crisis financiera del período posterior a la Segunda Guerra Mundial, así como que, a nivel mundial, las personas están disfrutando de los mejores niveles de vida en la historia de la humanidad.

En el incremento de la importancia de los Riesgos ambientales, el “Global Risk 2018” reitera las tendencias recogidas en Informes anteriores y destaca desafíos urgentes como la pérdida de biodiversidad; junto a la que también destaca las amenazas asociadas a una ciberseguridad inadecuada, el aumento de las tensiones geopolíticas, o el riesgo de erupción de otra crisis financiera, en un marco de crecimiento económico en el que, sin embargo, la incertidumbre, inestabilidad y fragilidad son crecientes. Y le preocupa la existencia de riesgos disruptivos y dramáticos que pueden causar un deterioro rápido e irreversible en los sistemas en los que confiamos, conduciendo a un colapso global o a una transición abrupta que nos lleve a un estado “subóptimo” para el conjunto de la Humanidad.

Las tendencias consideradas reiteran las trece recogidas en anteriores Informes, excluyendo la decimocuarta tendencia (Tecnologías emergentes) que se unió, en 2017 y que consideran ahora sólo desde la perspectiva de los cuatro Riesgos definidos como: Consecuencias adversas de los avances tecnológicos; Caída crítica de las infraestructuras y servicios TIC; Ciberataques; y Robo o fraude en los datos informatizados.

Las tendencias finalmente consideradas son:

  • El envejecimiento de la población en los países desarrollados y en vías de desarrollo, por la disminución de la fertilidad y de la mortalidad, con incremento de la esperanza media de vida.
  • Cambios en el paisaje de la gobernanza internacional, con la pérdida de peso o incremento de la ineficiencia de los acuerdos o redes de instituciones mundiales o regionales (por ejemplo, la ONU, el FMI, la OTAN, etc.), asociado a la pérdida de confianza en las mismas, o a las políticas del nuevo Presidente de EEUU, lo que aumenta el vacío de poder mundial y la prevención de soluciones efectivas a los retos mundiales.
  • El cambio climático que altera la composición de la atmósfera mundial y modifica la variabilidad natural del clima (calentamiento global).
  • Degradación ambiental por el deterioro de la calidad del aire, el suelo y el agua, derivado de las concentraciones ambientales de contaminantes, y de otras actividades y procesos impactantes.
  • El incremento de la clase media en las economías emergentes, por la creciente proporción de la población que alcanza los niveles relativos de ingresos de clase media en dichos países.
  • El aumento del nacionalismo entre las poblaciones y los líderes políticos, lo que afecta a las posiciones políticas y económicas de los países.
  • El aumento de la polarización dentro de las sociedades, llevando a la incapacidad para alcanzar acuerdos sobre cuestiones clave dentro de los países, debido a las divergencias o a la aparición de posturas extremas en los valores, o en las opiniones políticas o religiosas.
  • Aumento de las enfermedades crónicas, que lleva al incremento de los costos a largo plazo de su tratamiento y amenaza las ganancias sociales en la esperanza y calidad de vida, significando cargas adicionales para los presupuestos de los países.
  • Aumento de la dependencia cibernética por el incremento de la hiperconectividad asociada al incremento de la interconexión digital de las personas y de las cosas.
  • Incremento de la movilidad geográfica de las personas y de las cosas, debido a las mejoras y rapidez de los medios de transporte y a la disminución de las barreras a dicha movilidad.
  • Aumento de las desigualdades de renta por la disparidad creciente de ingresos entre ricos y pobres en los principales países o regiones.
  • Cambios en los focos del poder, por traslado de éste desde el poder estatal a los actores no estatales y particulares, de lo global a lo regional, y de los países desarrollados a los países de mercados emergentes y en desarrollo.
  • Incremento de la urbanización, aumentando de forma sostenida el número de personas que viven en zonas urbanas, lo que resulta en el crecimiento físico de las ciudades.

Como ya señalábamos en la consideración de anteriores Informes, no cabe duda de la pertinencia y vigencia de las tendencias señaladas en la dinámica global actual, pero sorprende la no consideración de otra serie de tendencias que complementan o matizan los anteriores, y a las que se ha hecho referencia reiterada en esta sección, por condicionar tanto, o en mayor medida, las tendencias, riesgos e impactos de futuro de los procesos de cambio global actuales. Serían: la implantación cultural generalizada de apoyo a una economía basada en la supremacía del beneficio económico individual (que los conservadores defienden como paradigma de acción social), que ha implicado la subordinación de la economía productiva a la economía especulativa y la subordinación del interés general a la filosofía del enriquecimiento individual; la extensión de políticas públicas que favorecen la distribución regresiva del valor añadido producido, con menor peso no sólo de los sueldos y salarios (mayores desigualdades citadas) sino también de los impuestos para las administraciones públicas, lo que dificulta el incidir en la cohesión social; o las políticas de reducción de la fiscalidad sobre las herencias y sucesiones, lo que favorece la progresiva concentración de la propiedad de los recursos y capitales productivos.

En todo caso, la clasificación de los Riesgos en el Global Risk 2018 destaca que se mantiene el incremento de importancia que a lo largo de la última década han venido teniendo los Riesgos relacionados con el medio ambiente, tal y como se aprecia en el Gráfico siguiente que considera, simultáneamente, la probabilidad de ocurrencia y la gravedad previsible de los efectos asociados a el conjunto de Riesgos considerados. Como en él se aprecia, de los diez Riesgos más significativos de 2018, seis tienen carácter ambiental, incrementándose en el “top ten”, respecto a 2017, la importancia del Colapso de los ecosistemas y la pérdida de biodiversidad. También asciende la importancia del Riesgo de Crisis alimentarias, a la vez que disminuyen este 2018 respecto a 2017, tanto la importancia de Ataques terroristas, como la del Desempleo o subempleo.

De los contenidos anteriores cabe derivar varias consecuencias significativas respecto a la percepción del Global Risk 2018 en cuanto a la relación de estos riesgos con respecto a la RCT, que ha sido objeto de consideración en los cinco artículos anteriores de esta sección. Así, sólo destaca la importancia dada a los Ciberataques, que ascienden a la cuarta posición desde la séptima que tenían en 2017, como consecuencia del fuertísimo incremento en los ataques contra empresas (casi se han duplicado en cinco años), de los costes asociados a los mismos (el ataque con WannaCry afectó a más de 300,000 computadoras de 150 países, y el de NotPetya causó pérdidas trimestrales de US $ 300 millones de dólares, estimándose que el aumento de los delitos en el ciberespacio cuestan a la economía global más de 445 mil millones de dólares, superando el PIB de muchas economías nacionales) y del hecho de que se están poniendo en riesgo infraestructuras críticas y estratégicas para los sectores industriales o para la seguridad ciudadana, lo que podría producir un colapso en sistemas sociales básicos (agua, electricidad, transporte, etc.).

Los riesgos tecnológicos como el Riesgo de Caídas críticas en la infraestructura de los sistemas de información, la afección o los problemas en internet, en el sistema de satélites de comunicación, etc. que pueden producir muy graves consecuencias en los sistemas de producción, en los servicios o en las comunicaciones personales, se consideraba importante y mantenía relativamente su importancia y riesgo en 2015 (séptima posición) respecto a 2014, aunque aumentando su probabilidad de producción. Pero en 2016 pasaba a la decimosegunda posición, en 2017 perdía mucha más importancia relativa y, en 2018, aunque con una importancia relativa alta en la valoración de sus efectos, disminuye en la probabilidad de producción estimada y en la importancia relativa asignada. Menor todavía es la importancia asociada al Riesgo de Robo de datos informáticos, aunque su probabilidad es la cuarta más elevada, pero la importancia de sus efectos se considera relativamente reducida. Por último, las Consecuencias adversas de los avances tecnológicos aparecen como el quinto Riesgo de menor importancia del conjunto de los 30 Riesgos considerados.

Es evidente que se ha producido un cambio muy significativo en la consideración de los efectos que cabe asociar a la RCT en el Informe de 2018 respecto a los dos anteriores, optando por maximizar lo que se considera que pueden ser los efectos positivos de esa disrupción tecnológica, y minimizando los que antes se resaltaban como efectos más negativos, de los que caben destacar:

  1. Importante pérdida neta de empleos.
  2. Deterioro y precarización de los empleos remanentes, salvo los ligados a la I+D+i en las nuevas actividades asociadas a la RCT.
  3. Incremento de las desigualdades por diferencial acceso a los beneficios y costes asociados a la RCT. se va a producir una distribución desigual del impacto en todos los sectores, niveles salariales, niveles de educación, tipos de trabajo y ubicaciones territoriales. La sociedad desigual heredada en la actualidad va a tender a ser más desigual socioeconómica y territorialmente.
  4. Pérdida de privacidad asociada a los continuos avances en la RCT, en su capacidad de recoger información (sensores y big data), tratar esa información y particularizar sus consecuencias publicitarias y comerciales –entre otras- sobre cada ciudadano;
  5. Condicionamiento y generalización de patrones culturales impuestos por el mercado,
  6. Control del comportamiento individual y colectivo por parte de empresas, agencias y gobiernos, lo que incidirá negativamente en la calidad de la democracia, aunque, a su vez, desde el punto de vista de la participación y de la democratización social, la hiperconectividad actual y previsible, permite su mejora y que la toma de decisiones en común se pueda descentralizar, avanzando hacia mayores cotas de democracia participativa.
  7. Incremento desmesurado asociado a la hiperconectividad y al desarrollo de la RCT de los consumos energéticos, provocando muy fuertes incrementos en los costes de la oferta energética necesaria.

No queda claro en el Informe el porqué de esos cambios, cuando es evidente que el desarrollo simultáneo y exponencial en varias de las aplicaciones de la RCT descritas en los cinco artículos anteriores, y sus procesos coadyuvantes, pueden llevar a una peligrosa explosión de sus efectos disruptivos sobre la sociedad en los próximos años. Y aunque es claro que existen unos elevadísimos potenciales positivos para la mejora del bienestar humano, también lo es que pueden dar lugar a unos elevadísimos costes potenciales, si la evolución de las consecuencias de esta dinámica imparable se deja al albur de la iniciativa y del beneficio privado –o de poderes autoritarios- y no se articula una actuación pública por parte de los Estados que permita la recuperación social de los beneficios y la distribución y control de las cargas que esta disrupción tecnológica implica.