RETROCESO DE LA DEMOCRACIA Y AVANCE DEL MERCADO

RETROCESO DE LA DEMOCRACIA Y AVANCE DEL MERCADO

La victoria de Donald Trump pone de manifiesto los riesgos a los que está sometida la democracia en nuestros días. Se han dado diferentes explicaciones para tratar de comprender un fenómeno como este que tendrá consecuencias muy negativas para los derechos humanos, los valores morales y la libertad. Pero, más allá de las razones que se pueden dar, resulta muy grave que tantos millones de norteamericanos voten a una persona que se ha caracterizado en su campaña electoral por sus manifestaciones racistas, xenófobas y machistas.

Este hecho, unido al Brexit y el ascenso de la ultraderecha en Europa, son síntomas que reflejan el retroceso de los valores democráticos en favor de la insolidaridad y el odio. El malestar social que se está provocando y el miedo que se está generando están siendo canalizados por la ultraderecha, mientras la izquierda dividida y desnortada no es capaz de ofrecer respuestas a las fracturas que se producen en la sociedad, como consecuencia de la implantación de políticas económicas neoliberales.

Esta ola del ascenso de posiciones de extrema derecha en países de tradición democrática no está afectando, afortunadamente, a España. En este caso, la izquierda está dividida y con dificultades para llegar a acuerdos, al tiempo que se encuentra un tanto desorientada. La reacción que se está dando, sin embargo, por el malestar provocado por la crisis económica y las políticas de austeridad llevadas a cabo se ha canalizado por Podemos, que tiene posiciones progresistas y avanzadas y está en las antípodas de los populismos de derecha. El electorado es básicamente de izquierdas y cualquiera otra lectura que se quiera dar no muestra más que la ignorancia o la mala fe de quien quiere meter en el mismo saco a los llamados populismos sean de extrema derecha o de izquierdas.

Uno de los rasgos que caracterizan la situación actual es la brecha que se está dando entre los registros económicos y la sociedad. Los Gobiernos y, por desgracia, gran parte de los economistas, analizan la marcha de la economía sustentada en cuatro variables: tasa de crecimiento, baja inflación, reducido déficit público y relación de la deuda pública con el PIB. A partir de aquí, se considera que los países que cumplen estos requisitos se encuentran en la buena dirección para caminar por una senda de crecimiento estable. De este modo, se ha alabado, incluso por Krugman, los resultados económicos obtenidos por Obama. En parte ha sido así, no cabe duda, pues Estados Unidos ha logrado aceptables tasas de crecimiento, creación de empleo y baja inflación. Este comportamiento contrasta con la situación de la Unión Europea que está siendo bastante peor que los registros conseguidos por la economía norteamericana.

Pero si los resultados han sido tan buenos, ¿por qué se vota a Trump? La mayor parte de las explicaciones que se están dando acuden al malestar existente, el cual ha sido capaz de capitalizar un candidato que se ha presentado con propuestas demagógicas. Lo que no tienen en cuenta la mayor parte de los economistas es que esas variables que establecen como básicas para analizar la evolución económica dejan de lado cuestiones fundamentales como la desigualdad económica, que se agranda cada vez más, a la vez que aumenta la inseguridad en el trabajo. La inseguridad fomenta el miedo, que se ve incrementado con las acciones terroristas.

El análisis económico dominante se encuentra dentro de una burbuja desde la cual se es incapaz de observar las consecuencias negativas que las tendencias económicas actuales están provocando. El examen de la evolución de la economía con las variables señaladas no refleja datos fundamentales como a qué precio se está consiguiendo el crecimiento y cómo se distribuyen los frutos de ese crecimiento. Así, mientras la riqueza aumenta, y esto no lo ha corregido Obama, los ingresos de la población con rentas más bajas descienden aún más, mientras las clases medias contemplan como sus rentas están estancadas desde hace décadas.

La imposición de la economía de mercado se impone frente a los principios democráticos. En un libro muy interesante, titulado La democracia y el mercado (Paidós, 2004), Fitoussi plantea esta relación que es conflictiva en muchos casos. Cómo señala con acierto el discurso dominante de los defensores del mercado es antiestatal porque se considera que el Gobierno es un mal necesario, por lo que hay que limitar su imperio de manera radical. Esta ideología, añado, que se ha impuesto desde los años ochenta es la causante de la gran fractura social que va en aumento si no se cambia el rumbo.

El miedo y el neoliberalismo explican en parte este triunfo de Trump. Una victoria, a pesar de haber obtenido menos votos que Clinton, lo que también debe cuestionar el sistema electoral norteamericano bastante más defectuoso que otros. En definitiva, las exigencias de la economía de mercado y la globalización no casan bien con la democracia, como concluye en su estudio Fitoussi.