RETORNO A LA NORMALIDAD DEMOCRÁTICA

Desde hace algún tiempo, el sustantivo “democracia” y el adjetivo “democrático” se emplean de forma banal, cuando no torticeramente. La rebelión secesionista catalana es un ejemplo de la manipulación de esos términos hasta darles la vuelta. Viene a cuento esta idea cuando acaba de ocurrir un hecho que nos devuelve al sentido auténtico y político de la democracia y de lo democrático, a saber, las reuniones del Presidente del Gobierno en funciones con los dirigentes de los tres principales partidos nacionales, Partido Popular, Ciudadanos y Podemos. Esas reuniones han sido un respaldo al principio democrático, un acto de consagración democrática.

¿Por qué un acto de consagración democrática? En primer lugar, porque, como he tenido ocasión de comentar aquí durante la campaña electoral y semanas anteriores en Sistema Digital (“Un tripartido vergonzante”, “La alianza del centro derecha con la extrema derecha”, “La curiosa metamorfosis de la derecha”, etc.), Partido Popular y Ciudadanos, por diferentes vías, intentaron sacar al PSOE del ámbito constitucional. Por la vía de hacer del PSOE el cómplice de los independentistas y de Bildu, el Partido Popular pretendió sacar al partido del Presidente que gobierna España del marco democrático y lo convirtió en un “felón” al que sólo faltaba acusar por alta traición. Fue una maniobra deshonesta. Lo mismo hizo, por otro camino, Ciudadanos. La declaración proclamada a los cuatro vientos por Rivera y su equipo de levantar un “muro sanitario” que les separase del PSOE fue también un acto que buscaba restar legitimidad democrática al partido que estaba gobernando España, confinarlo como apestado fuera del juego democrático.

Ante ese intento de expulsar del marco constitucional al partido que gobierna, el que hayan acudido Casado y Riveras a la convocatoria del presidente Sánchez nos devuelve a la normalidad democrática, al consenso que requiere la democracia. Pero, ¿para qué les ha convocado el Presidente del Gobierno?

Aunque La Razón del día 7 de mayo tuvo que acudir a enfangar un poco la política, y afirmó que el Presidente Sánchez estaba invadiendo las funciones del Rey, no parece que esa insidia tenga fundamento constitucional. Las funciones del Monarca en esta materia, conforme al artículo 99.1 de la Constitución, son muy conocidas por la práctica acumulada desde 1979 y por la exégesis doctrinal, abundante y enriquecedora. Pero el Presidente Sánchez no se ha reunido con los dirigentes de la oposición para hacerle el trabajo al Rey (que tiene que oír a los representantes de los grupos políticos, hacer sus cuentas y decidir si propone a o no un candidato al Congreso y, si lo propone, a quien propone) sino para restablecer un clima de concordia que es una exigencia del principio democrático.

Claro que ante la llamada del Presidente del Gobierno, cada dirigente ha actuado de una manera distinta. Ha sido correcta la respuesta de Casado, que llegó incluso a sugerir a Ciudadanos un apoyo a Sánchez en su investidura. La respuesta de Rivera era la esperable de alguien que lleva la frustración como estandarte político (atribuirse infantilmente el papel de jefe de la oposición, exigir que se vuelva a aplicar en Cataluña el artículo 155 de la Constitución). Pero, no obstante, acudió a la convocatoria y se desatascó un conducto que Rivera y su gente llevaban atascando concienzudamente hace meses. Por su parte, la respuesta de Podemos ha sido igualmente correcta, aunque llama la atención que la habitual locuacidad de Iglesias Turrión se transmute en una mínima comparecencia ante la prensa de unos pocos minutos. Mejor, en todo caso, que la desafortunada comparecencia coral de la noche electoral donde el dirigente de Podemos pidió demasiado para que los medios no le preguntaran por su batacazo electoral.

Un acto democrático que denota la existencia de un ámbito político común a los cuatro partidos nacionales y que aporta la esperanza de una legislatura menos crispada de lo que se podía temer. Y es que las impaciencias y huidas hacia delante de los partidos se curan votando… y perdiendo las elecciones.