RESACA CONGRESUAL

Ya ha pasado el intenso fin de semana decisivo para la política española y para dos de sus principales partidos, PP y Podemos.

Y muchas de las conclusiones que se pueden recoger en este artículo ya han sido apuntadas por varios comentaristas: ha sido un paseo en barca de Rajoy, quien sigue fumando un puro mientras no mueve ni una ceja; ha ganado un exultante Pablo Iglesias, quien tendrá que demostrar ahora si es capaz de hacer una “nueva política” porque no le da miedo la pluralidad (de momento, solo vemos que Podemos se asemeja cada vez más a los partidos que ya conocemos); la pérdida de Íñigo Errejón ha sido más dura de lo previsto, pues ha pasado de ser el número dos, claramente indiscutible, a encabezar una corriente del 30% dentro de la organización; ganan los extremos y la dureza en la confrontación política española.

Y, una última reflexión también recogida de los análisis del fin de semana, el PSOE no ha aparecido en escena ni ha sido motivo de gran preocupación para el PP. Es cierto que PP y Podemos ya han asegurado sus porterías para comenzar el juego pre-electoral, y no sabemos qué papel jugará el PSOE (de momento, el de árbitro, lo que le deja al margen del juego defensivo). También sabemos que ahora mismo será Rajoy quien marque los tiempos de las próximas elecciones; solo él decidirá qué le conviene más: resistir al máximo o adelantarlas al momento que vea más conveniente para su partido. De momento, no parece que haya oposición que le quite el sueño.

Resulta paradójico lo que está sucediendo en la política española. Sería difícil aplicar una teoría de juegos, en la que viéramos qué decisión afecta a cada partido, pues da la impresión de un juego “en solitario”. Quiero decir con ello:

  • El enemigo del PP sigue siendo el PP. Rajoy sale reforzadísimo de un congreso sin preocuparle seriamente qué van a hacer Podemos y PSOE. Y su verdadero problema sigue siendo la corrupción que empieza ya a pasar factura: los principales cabecillas de la Gürtel están ya en prisión, y algún cargo importante como Milagrosa Martínez, alias “la perla”, con 9 años de prisión. Y esto es el principio. Eso sí, parece que el votante del PP ya ha dado por amortizado este tema, aunque siga siendo una gangrena para la democracia española.
  • Podemos ha escogido la opción de barricadas. Pablo e Íñigo representan estrategias muy diferentes. La opción ganadora puede suponer una consolidación de Podemos como el ala más extrema del parlamento, cubrir el escenario político que representó IU (que ha sido “merendada” por Podemos), pero que nunca llegó a tener suficiente fuerza para realizar un “sorpasso” al PSOE. No obstante, cerrar heridas después de Vistalagre II no será tan fácil. Los problemas que está viviendo Podemos son propios e intrínsecos a su crecimiento y madurez como organización. Ellos mismos son sus propios adversarios.
  • El PSOE parece dispuesto a estirar su agonía al máximo. Cuanto más tarde en realizar el congreso, más tiempo habrá para el desencuentro. Las posiciones cada vez están más enfrentadas, y se ven pocas acciones para buscar acuerdos. La oposición útil del PSOE está sirviendo para separarse cada vez más de posibles alianzas con la izquierda, al tiempo que suaviza el rostro neoliberal del PP, quien es, al fin y al cabo, el que gobierna. Tengo la impresión de que el camino emprendido por el PSOE se parece cada vez más a la socialdemocracia alemana, de la que ya nadie se acuerda, ni para bien ni para mal. Si alguien se ha metido en el charco solito ha sido el PSOE, quien no parece que vaya a salir bien parado de este entuerto.

Las encuestas semanales reflejan una situación bastante estable. Punto arriba, punto abajo, el PP se mantiene en cabeza, y la oposición la representan PSOE y Podemos con un porcentaje similar cada uno. De seguir así, las siguientes elecciones serán aproximadamente igual, o mucho me temo que peor, pues el PP puede ir consolidando votos al tiempo que vayan entrando en la cárcel sus cargos. Respecto a la oposición, no parece que ninguno de los dos partidos alcance votos suficientes para representar en solitario la opción ganadora. Ambos, PSOE y Podemos, están más preocupados en “robarse” electorado que en consolidar una fuerza ganadora de izquierda. En cambio, ninguno de los dos está capacitado para gobernar en solitario, por lo que parecen “condenados a entenderse”.

En fin, tal y como va el panorama político español, no parece que se vislumbren grandes novedades. Porque, para que algo ocurriera, habría que cambiar no solo la estrategia, sino el modo de entender las relaciones políticas en la izquierda.

Lo grave no está solo dentro de nuestras fronteras nacionales, donde nuestros dos principales partidos no consiguen quitarse de encima sus propias cuitas, sino que la izquierda europea está pasando por su mayor crisis.

La socialdemocracia europea está en sus horas más bajas (desde Gran Bretaña, a Francia, Alemania, Grecia, Italia o España), pero allí donde han surgido nuevos partidos más contestatarios (Podemos o Syriza) no han conseguido consolidar una posición ideológica y política que sustituya a la socialdemocracia, convirtiéndose en “opositores” en vez de en “aliados”, disputándose entre ellos a un electorado fatigado y desorientado.

Estamos viviendo una época de cambios y transición, pero se puede salir cada vez más fragmentados o buscando mínimos puntos en común que nos vayan cohesionando. Lo que resulta difícil de explicar es que la izquierda (da igual si en su versión más edulcorada o más combativa) sepa hoy cuál es la solución política a la crisis actual si es incapaz de negociar entre sus propios agentes.

Ya sé que es más fácil de decir que de hacer (que todos tenemos el baúl lleno de equivocaciones, congresos frustrados, y desencuentros entre las propias filas). Además, resulta muy difícil inhibirse de la política cortoplacista, del titular del medio de comunicación, y de una presión constante de disponer de resultados inmediatos. No es una crítica mordaz, es una reflexión en voz alta, porque soy consciente de que no son culpables de todo lo que ocurre. El escenario mundial es bastante frustrante: Trump, la crisis, el miedo social, la cultura neoliberal, los extremismos….

Pero justamente porque estamos muy solos, y porque no lo sabemos todo, nos necesitamos más que nunca. Necesitamos compartir ideas, reflexiones, críticas, soluciones, … o llorar juntos (que a veces hace falta). Porque las arenas movedizas de la izquierda europea no son ningún espejismo, y: o se cambia la estrategia y empiezan a tenderse puentes de generosidad y reflexión conjunta (entendiendo que ni todos tenemos siempre la razón ni estamos todos los que somos), o la izquierda europea y los logros obtenidos con el Estado de Bienestar formarán parte de la historia.