RELACIONES INSATISFACTORIAS

En el acto de presentación del Informe sobre la Ciencia y la Tecnología en España, que coordinó Vicente Larraga para la Fundación Alternativas el pasado 25 de Enero, José Lladó, presidente de Técnicas Reunidas, expresó que las relaciones entre la investigación y la empresa eran insatisfactorias, y señaló la imperiosa necesidad de que el sistema productivo tiene que estar apoyado por la Ciencia. Añadió con contundencia: “Es en los laboratorios donde la gente trabaja buscando lo que luego nos da de comer a las empresas”.

Las siempre discutibles leyes del mercado y su implacable exigencia de transformar cualquier actividad humana en un activo susceptible de ser comprado y vendido, reclaman el concurso simultáneo de muchas miradas, distintos protocolos de actuación, varias tradiciones, diferentes niveles  de implicación y, sin excepción, la participación activa de los trabajadores de la Ciencia y los de las empresas. Sin embargo, esta es una relación plagada de barreras.

La Ciencia como factor de Innovación debe de entrar en la agenda política pero, más allá de que exista un pacto entre los representantes políticos que permita a los científicos hacer su trabajo sin el corsé de sus tiempos legislativos y con los recursos necesarios, algo que emerge como consenso si no quiere llevar la ciencia al colapso, es necesario que todos nos involucremos. Un pacto de Estado que no vaya precedido de un pacto social no vale para nada. ¿Recordáis el famoso 0,7% del PIB como ayuda oficial a los países más pobres? La tozuda realidad lo convirtió en papel mojado. No ocurrió nada, el Pacto contra la Pobreza de diciembre de 2007 no ha tenido ninguna repercusión real.

Este último año he participado en un Grupo de Trabajo promovido por dos Direcciones Generales de la Comunidad de Madrid para identificar las Barreras a la Transferencia que se producen entre las Universidades y Centros Públicos de Investigación y las empresas. Estaban casi todos los concernidos: las Consejerías de Economía, Educación y Sanidad, las Universidades, los Centros Públicos de Investigación, los organismos de interfaz, las Oficinas de Transferencia de resultados de la Investigación y las organizaciones empresariales. Se identificaron tres bloques de cuestiones, dos de ellos tenían que ver con las siempre insatisfechas cuestiones referidas al tira y afloja de cómo se reparten los derechos de la invenciones y a incrementar las rebajas fiscales y el tercero en qué hacer para mejorar el conocimiento de las empresas de lo que se hace en la investigación y cómo pueden aprovecharlo, algo que tiene mucho que ver en cómo mejorar la relación entre la Ciencia y la Sociedad.

Las barreras más significativas se podrían sortear dentro del marco legal previsto a nivel nacional en la Ley de Economía Sostenible (2/2011) y la de la Ciencia, la Tecnología y la Innovación (14/2011) ,desarrollando ciertas disposiciones de la legislación que se incluyeron como encomiendas a las comunidades autónomas para su implementación mediante normativa propia.

En síntesis, en la Comunidad de Madrid habría que adaptar parte del articulado de seis leyes autonómicas para adecuar y desplegar los instrumentos previstos en la norma nacional. La Administración General del Estado también tendría que aplicarse el cuento. Para desarrollar lo previsto en las dos leyes nacionales citadas y eliminar todas las barreras identificadas se tendría que adaptar artículos de trece leyes que son competencia del Congreso de los Diputados. Por mi experiencia, calculo que, una vez tomada la decisión de hacerlo, ponerlo negro sobre blanco supondría un mes de trabajo de unos pocos funcionarios profesionales que todavía no hayan entrado en el proceso de petrificación del que algunos están aquejados. Luego, interventores y los servicios jurídicos, defendiendo con el celo característico sus atribuciones, revisarían las propuestas que los técnicos hayan hecho. El tiempo en hacer esa revisión es inversamente proporcional al interés que hayan explicitado los responsables políticos en que el tema vaya adelante.

El problema es que, hasta la fecha, está comprobado que a la inmensa mayoría de nuestros profesionales de la política lo de la Ciencia les importa un bledo. Puede ser porque solo se estima de verdad lo que se conoce y, en su ignorancia, no perciban la Ciencia que aquí se produce como algo propio; puede ser porque la política se base en certezas y, sin embargo, los hitos que se producen con la Ciencia atraviesan la frontera de lo conocido y producen novedad, replanteamientos y rupturas. Es en la frontera del conocimiento donde se  entienden las leyes que rigen el universo y es ahí donde se puede descubrir el conocimiento diferencial que haga posible generar productos que convenzan a los consumidores, es decir, que sean innovadores.

En nuestro país lo que está ocurriendo con la Ciencia es un escándalo. No solo es que los presupuestos asignados hayan bajado el 64% en los últimos 10 años y su nivel de ejecución sea sencillamente ridículo, también porque su gestión está dominada por una burocracia que actúa con la rigidez propia de las tradicionales culturas de desconfianza e ignorancia ante los que tienen que aplicar el método científico que no puede predecir resultados ni ser irreversibles en sus estrategias que reclaman,exigen la flexibilidad. Y es precisamente ahora, un momento en el que están convergiendo tecnologías que están cambiando radicalmente la forma de hacer las cosas y surgiendo nuevas preguntas, cuando la flexibilidad es más importante que nunca.

Está claro que el espacio de la Ciencia y de la Innovación es  difícil de abarcar en leyes por el carácter multidimensional de los factores que en los dos intervienen. Deben incorporarse medidas que contribuyan a favorecer los procesos de innovación en la empresa en el conjunto de las políticas públicas tanto a través de incentivos generales como de acciones específicas concertadas con los diferentes actores: administración, científicos y empresarios, encaminadas a la incorporación de conocimientos y tecnologías en los sectores público y privado como fuente de innovaciones tecnológicas, organizativas, culturales y sociales. Y también, es necesario asegurar que los científicos puedan hacer su trabajo en las condiciones adecuadas. Basta ya  de decir que el trabajo de los investigadores es crítico para promover el cambio en el modelo productivo imprescindible mientras que su presupuesto  esté sometido a drásticos y continuados recortes a la primera de cambio.

La realidad ha demostrado que tanto la Ley de la Ciencia de 2011  como la de Economía Sostenible no se han desarrollado en las Comunidades Autónomas, sorprendentemente solo se ha hecho en Cataluña, Galicia y Murcia. En el resto, su normativa no ha sido actualizada según lo dispuesto en la normativa nacional y, de acuerdo con lo comentado, es algo factible. No encuentro ninguna explicación de porqué no se hace. No tiene coste y según los propios actores del proceso de generación de conocimiento hasta la transferencia de resultados para fines de explotación comercial,  esa acción facilitaría mucho su realización.

Reconocer la actividad de transferencia al personal investigador a efectos de su compensación y desarrollo profesional, igual que ocurre con las publicaciones, y compensarle económicamente si, fruto de la explotación de su trabajo, se obtienen rendimientos es algo obvio, pero no se hace.

Proteger la asignación de la titularidad de los resultados de la investigación en favor de los centros donde han sido desarrollados por su personal investigador y permitir que esos centros puedan adjudicar licencias de explotación de los resultados de la investigación  en ellos realizados, mientras que se participa con todas las consecuencias en su explotación ya sea en una empresa a la que le interese o en una spin off que se cree al hilo de esos resultados tienen toda la lógica. Sin embargo es un calvario para el que se le ocurra intentarlo.

Es ilógica la pérdida del complemento de exclusividad al personal investigador si se incorporan a una empresa spin off  cuando en realidad, se trata de un instrumento de transferencia que debería estar vinculado al propio centro de investigación.  Se deben ampliar los supuestos de levantamiento de incompatibilidades del personal investigador y mejorar el régimen de excedencia, de forma que la opción de crear una empresa sea algo normal en la trayectoria profesional de los investigadores y abandonar la acusación de  deslealtad bochornosa que todavía algunos  aplican a un investigador si se plantea que su trabajo puede convertirse en un producto innovador. Hay que señalar, por cierto,  que una empresa no es más que el instrumento económico más eficaz y barato para saber si las ideas funcionan o no.

En cuanto a las medidas fiscales, la transferencia de conocimiento se incentivaría  incrementando en el IRPF los incentivos a la inversión en spin off y start up, así como el que se permitiera compensar las pérdidas  resultantes de esas inversiones. Respecto al Impuesto de Sociedades, aunque es de competencia estatal, serviría de acicate diseñar un incentivo a las empresas que inviertan para que puedan beneficiarse de las deducciones a la I+D+I y, también, trasladar las generadas por entidades exentas a los inversores que participan en los procesos de forma indirecta.

Avanzar  en las medidas legales solo requiere la voluntad política para hacerlo. Sin embargo, con esto no se resuelve todo.  Lo más importante es el reto de gestionar conflictos de una dimensión que todos desconocemos. La calidad de la sanidad, la alimentación o el medioambiente, bienes que son de todos y de nadie al mismo tiempo, son asuntos difíciles de  abordar desde un solo prisma. Son temas con tantas y tan obvias connotaciones políticas y mediáticas, que es imposible reducirlos a parámetros controlables en el seguro espacio de un laboratorio.  La envergadura del asunto  implica la imposibilidad de abarcarlo solo con la perspectiva del mercado. Es necesario que toda la sociedad se involucre.

Vincular la Ciencia y la Sociedad es particularmente urgente en estos momentos de cambios acelerados asociados con la irrupción y convergencia de tecnologías que van a cambiar en profundidad todo lo que estamos haciendo. Estamos ya en la trayectoria de transformación que va desde la sociedad industrial que conocemos a la sociedad digital, con cambios en el paradigma tecnológico que exigen al tejido productivo hacer las cosas de otra manera, a innovar. Las nuevas fronteras del conocimiento en áreas como, la biotecnología, los nuevos materiales o la corrección del deterioro medioambiental resultan  de tecnologías, enfoques y métodos alternativos que están impactando sensiblemente en los modelos operativos y culturales tradicionales en los laboratorios. Las investigaciones pueden modelarse sin límite y ello afecta no sólo a las políticas de investigación, también al papel que cada científico ha de desempeñar en la Sociedad.

Por otro lado, el modelo con el que se informa a la gente parte de la base de que sabe poco y que cuanto más sepa, mejor se aceptará lo de hacer ciencia y algo de verdad hay en esto. De todas formas, algo le falta. No se trata solo de hacer grandes exposiciones, organizar todo tipo de saraos en bares, traer gurús especializados en convencer a los responsables políticos para que inviertan más o esfuerzos de marketing que se los lleva el viento. Habría que hacer más énfasis en trabajar las capacidades de los ciudadanos para que también evaluaran, en su justa medida, los asuntos científicos que les conciernen.

Según el diccionario transferir significa “pasar o llevar algo desde un lugar a otro” y, también, “ceder a otra persona el derecho, dominio o atribución que se tiene sobre algo”. Probablemente ya no nos valga la palabra. Este imaginario nos lleva a la conocida propuesta de tender puentes e implica la existencia de valles que sin ellos son difíciles de recorrer. Se trataría de llenar esos valles con personas que permitan transitarlos.

Se necesitan más investigadores que hayan pasado por la industria en la Universidad, y más universitarios y doctores en las empresas con la capacidad de relacionar lo que se hace en la Ciencia con los modelos de negocio de las empresas que demandan los consumidores. Personas que se adentren y descubran oportunidades donde otros ven problemas y dificultades insalvables, profesionales preparados, capacitados y con los recursos necesarios para que el ineludible camino que ya hay que recorrer fuera sencillo. Lo que nos lleva a la cooperación de manera necesaria e ineludible entre los subsistemas públicos y el privado, donde cada uno aporte lo mejor que tenga, respetando los derechos fundamentales de todas las partes orientados al bien común.