REFLEXIONES DE PARTIDO

Imaginemos un gobierno de un país con un presidente a la deriva en las encuestas. La cercanía de las elecciones y el ascenso de opciones radicales amenazan no sólo con la posibilidad de una victoria del partido gobernante, sino con el escoramiento del país hacia posiciones aislacionistas y que ponen en riesgo su pertenencia a la Unión Europea. Se adelanta el pronunciamiento del presidente. “No concurriré como candidato a las próximas elecciones”. Alivio en el respetable.

En el gabinete ministerial hay cuatro hombres con posibilidades de relevar al denostado líder, y el partido pone en marcha su maquinaria electoral para decidir su sustituto. Se afanan en los preparativos mientras uno de ellos, el más joven, dimite unos meses antes y comienza a marchar en solitario constituyendo un movimiento ciudadano y declarando públicamente su negativa a participar de un proceso de primarias en el que no cree. Los otros tres, junto a algún compañero más, también preocupado por el devenir de su país, concurren a una elección de primarias a doble vuelta abiertas a la sociedad. Con grandes pompas lanzan soflamas que irradian pureza, valores, arrepentimiento por errores cometidos, puro sentimiento.

Mientras, el joven recorre Europa con un mensaje cargado de pasión europeísta, abrazando a una generación, la suya, huérfana de referentes y sin renegar de su trabajo como ministro de Economía del gobierno que ha abandonado.

Se produce el voto en el partido en primera vuelta. Como se esperaba, quedan en liza dos de los ex ministros. Uno abandera al sector crítico, más a la izquierda, amante de las esencias más puras del partido. El otro abraza el pragmatismo, intenta defender, aunque sin entusiasmo, el legado del que aún habita en el Elíseo. Gana el primero. El Partido se felicita por un proceso venturoso en el que han participado casi dos millones de compatriotas.

El joven, por su parte, marcha con paso firme cada vez menos solo, acumulando adhesiones de fuera del partido y también de dentro, pues algunos dirigentes temen que la estrategia emprendida les esté alejando de la cultura de gobierno.

Queda menos de un mes para la primera vuelta de las presidenciales francesas. Benoît Hamon, el candidato elegido por el Partido Socialista para aspirar a la Presidencia de la República francesa es cuarto en las encuestas con un 13% de los votos rivalizando con el candidato comunista Jean Luc Mélenchon. Emmanuel Macron pelea por el primer puesto con un 26% y es la gran esperanza del mundo occidental para conseguir retener a Francia en el corazón de Europa.

De confirmarse estos sondeos, alguna lección debiéramos extraer quienes creemos que los partidos políticos deben seguir siendo organizaciones útiles e imprescindibles para los ciudadanos y, a su vez, ser atractivos para el crecimiento, en su seno, de los nuevos liderazgos sociales.