REDUCIR IMPUESTOS: CAMINAR HACIA EL DÉFICIT

REDUCIR IMPUESTOS: CAMINAR HACIA EL DÉFICIT

Las reducciones de impuestos es la única idea propositiva que los partidos de derechas (los tres al unísono) proclaman para la economía española. Esta tendencia es la que se viene marcando también desde la administración Trump, fuente de inspiración para tantas organizaciones neopopulistas en Europa. Asistimos a una reedición de la política que ya en su día impuso Ronald Reagan: bajadas de impuestos a los ricos (porque sólo a estos va a afectar ese planteamiento) e incremento del gasto público (no social), hecho que va a determinar un incremento brutal del déficit público. En concreto, la reducción de impuestos en Estados Unidos se ha evaluado entorno a los seis billones de dólares en los próximos diez años, según cálculos del Tax Policy Center (véase: http://election2016.taxpolicycenter.org). La cifra es monumental, y supondría una caída de ingresos públicos de primera magnitud, que sus proponentes contraponen con la ya famosa y fallida curva de Laffer: recortar impuestos es poner dinero en el mercado y, por tanto, incrementar el crecimiento económico, con lo que se aumenta la recaudación impositiva. No hay casos en la historia económica que avalen tal aserto, toda vez que contraer los impuestos a los más ricos nunca se ha revelado como un ejercicio que vaya a dinamizar su inversión y su gasto en consumo. Y hacerlo a las capas medias y bajas de la sociedad va a generar una contracción tan relevante de ingresos que se traducirá en un grave desequilibrio de las cuentas públicas.

Los impuestos son necesarios, aunque se brame en su contra. Los conceptos que se utilizan para justificar eso, además, se centran en los mejores márgenes de competitividad para las empresas. El binomio se completa, además, con otro factor central: el control de los salarios, de forma que se acaba en una ecuación que tiene corolarios de gran dificultad para las clases medias y trabajadoras de un país. Menos impuestos y menos salarios: he aquí el objetivo. Objetivo que impacta de forma directa sobre la demanda agregada: caerán las inversiones –porque se reducirán los recursos públicos– y se contraerá el consumo –porque la población tendrá menos capacidades de gasto–. Esta regla es sencilla, y suele ser invocada, de manera constante y regular, por las formaciones más conservadoras. Está pasando en Estados Unidos, a pesar de las llamadas de muchos economistas liberales que no ven en esto solución alguna. Y el mantra se ha instalado en Europa, con lo que el peligro para mantener el Estado del Bienestar es nítido. La presión fiscal en España se sitúa –datos de 2017– entorno al 35% del PIB, seis puntos por debajo de la existente en la Eurozona y cinco de la Unión Europea. De manera que prometer una mayor caída en esa capacidad recaudatoria (eliminando a su vez el impuesto de Patrimonio) no hará más que agravar la tensión ya existente en los presupuestos públicos. Porque cabe recordar que, sin impuestos razonables:

  • No hay política sanitaria efectiva,
  • No existe política educativa generalizada,
  • No se desarrollan los servicios sociales,
  • No se impulsan las inversiones públicas,
  • No puede haber políticas ambientales e igualitarias sostenidas.

Recortar ingresos –y la bajada de impuestos es estrictamente eso– infiere el seccionamiento de los gastos y de las inversiones: no es posible cuadrar el círculo, como pretenden los voceros económicos y políticos de la derecha. Cuidado con estas promesas, que sólo conducen a la frustración…y al precipicio.