REDISTRIBUCIÓN O CONFLICTO INEVITABLE

REDISTRIBUCIÓN O CONFLICTO INEVITABLE

Como viene ocurriendo desde hace 128 años, el pasado 1ª de mayo se celebró el Día Internacional de los Trabajadores en recuerdo de los mártires de Chicago. En aquella época, las condiciones de vida de los trabajadores de Europa y de EEUU eran verdaderamente lamentables: la jornada de trabajo resultaba interminable, el salario era muy escaso y sólo permitía ir malviviendo mientras había un puesto de trabajo  en la industria. Por lo tanto, no es extraño que la miseria y la explotación fueran un lugar común entre las clases trabajadoras y que éstas intentaran acabar con esta situación al grito desesperado y claramente defensivo de: “Organización o muerte”.

Eso explicó que, en el año 1889, se celebrara un Congreso Internacional Obrero Socialista, en París, al que acudieron Pablo Iglesias y José Mora como delegados españoles. Este congreso acordó celebrar todos los años el 1º de mayo en recuerdo de los mártires de Chicago (asesinados por reivindicar la jornada de 8 horas y defender sus legítimos derechos en el año 1886). En España, el 1º de mayo se celebró por primera vez en el año 1890 y, desde entonces, su historia se confunde con la historia del movimiento obrero y, particularmente, con la historia de UGT y, posteriormente, de la CNT y más tarde de CCOO.

La lucha por las ocho horas duró décadas y la historia del 1º de mayo fue deliberadamente olvidada en algunos países y, lo que es más grave, ocultada y vaciada de todo contenido social y reivindicativo hasta el punto de pretender transformar el 1º de mayo en un simple día festivo. Sin embargo, sólo teniendo en cuenta lo que ocurrió en aquel entonces adquiere una total significación la fecha designada como Día Internacional de los Trabajadores. Por eso, en aquella época, el 1º de mayo resultaba emblemático y causaba horror a la burguesía, no tanto por el número de los participantes, sino porque aquellas banderas rojas, aquellos líderes obreros, aquellas masas, rompían el retablo, la organización del Estado, los moldes, la forma de estar en el escenario político. En definitiva, de acuerdo con nuestro querido y malogrado Luis Gómez Llorente,  el 1º de mayo representaba la movilización de una clase social contra la burguesía (la llamada “lucha de clases”, todavía vigente, a pesar de que muchos niegan su existencia), que se concretaba en el eslogan: “Es necesaria otra política”.

En la actualidad, y a pesar de las campañas de desprestigio y de los ataques que están sufriendo los sindicatos, éstos siguen resultando imprescindibles a la hora de organizar y defender a los trabajadores. Por eso, la pretensión de algunos de enfrentar a los sindicatos (movimiento obrero organizado) con los movimientos emergentes y plataformas sociales no tiene sentido; sobre todo cuando lo que se debe hacer es todo lo contrario: buscar acuerdos complementarios entre ambos movimientos en defensa de sus reivindicaciones. Debemos recordar que a los sindicatos se les culpabiliza de todos los males de nuestra economía, sin tener en cuenta los destrozos que están causando las políticas neoliberales, la actual política económica del gobierno, la voracidad y codicia de los empresarios, así como el actual modelo productivo y, más en concreto, la nefasta reforma laboral de 2.012, que colabora muy activamente en mantener la actual situación de desempleo, precariedad, desprotección social, deterioro de los servicios públicos, desarme fiscal… También resulta inaceptable que no se diga nada de los empresarios (CEOE-CEPYME) y, en particular, de la responsabilidad y el compromiso que deben  asumir en una economía social de mercado, sobre todo si tenemos en cuenta la crudeza y el carácter brutal y despiadado del actual capitalismo, así como el comportamiento de muchas de nuestras empresas.

En esta ocasión, la UGT y CCOO (en su manifiesto) han recordado que  la economía lleva varios años creciendo, los empresarios están obteniendo importantes beneficios y, además, reparten fuertes dividendos a sus accionistas. Sin embargo, persiste el desempleo, la devaluación salarial, la precarización de las condiciones de trabajo y se sigue golpeando a la negociación colectiva (en aplicación de la reforma laboral), lo que fomenta la transferencia de rentas del trabajo al capital, el reparto desigual de la riqueza y explica que la pobreza y la exclusión social sigan creciendo y se sitúen en niveles muy superiores a los que había antes de la crisis.

Los últimos datos de la Encuesta de Población Activa (EPA-1º Trimestre 2.018) confirma la fragilidad de la recuperación del empleo y el mantenimiento de una precariedad intolerable. La UGT y CCOO han vuelto a destacar, a partir de estos datos, la penosa realidad de nuestro mercado de trabajo. El paro ha subido por segundo trimestre consecutivo y se sitúa en 3.796,100 personas (16,74%). La tasa de paro de larga duración (más de un año buscando empleo) alcanza el 50% (1.889.700 personas). Y, lo que es más grave, cae el empleo y se aleja de los 19 millones de personas ocupadas. La tasa de temporalidad baja, pero sólo porque la destrucción de empleo se ha concentrado en la población asalariada con contratos temporales; sin embargo, cae el empleo a tiempo completo y suben los contratos a tiempo parcial.

Además, debemos recordar que 9 de cada 10 contratos que se crean son temporales y uno de cada cuatro contratos dura menos de una semana, afectando sobre todo a jóvenes, mujeres y trabajadores mayores de 55 años. Los contratos a tiempo parcial han aumentado (el 57% son involuntarios) y afectan fundamentalmente a mujeres (75%). La mayor parte del empleo generado se lleva a cabo en actividades de escaso valor añadido y contenido tecnológico. La mitad de los trabajadores en paro no reciben ninguna prestación (1,56 millones de personas) y el 14% de las personas con empleo son consideradas pobres. Los hogares con todos sus miembros en paro aumentan y se sitúan en 1.241.800. Proliferan cada vez más las empresas multiservicios y las plataformas digitales identificadas con bajos salarios y una alta precariedad, que niegan, en muchas ocasiones, los derechos laborales y sociales de sus trabajadores.

En denuncia de esta lamentable situación se celebraron más de 70  manifestaciones, en el pasado 1º de mayo, a las que acudieron más de medio millón de personas. Algunos medios de comunicación destacaron más el descenso del número de manifestantes que las justas reivindicaciones de sindicatos y trabajadores: más y mejores empleos, menos precariedad, aumento de salarios, mejorar la protección social (pensiones, cobertura de paro y dependencia), superar la brecha salarial de género y reformar la política fiscal encaminada a aumentar los ingresos y combatir el fraude y la economía sumergida. Sin embargo, nadie puede negar el considerable aumento del descontento, malestar e indignación de los ciudadanos por éstas y otras razones. Las  decisiones, engaños y comportamientos del gobierno y del PP (caso Cifuentes y descomposición interna, entre otros muchos asuntos) están acrecentando las movilizaciones y las aspiraciones de cambio de la ciudadanía. Incluso, las encuestas están reflejando el deterioro electoral del PP y eso explica la reacción de los poderes fácticos (IBEX-35 y fuerza mediática) en busca de una alternativa al PP (apostando por Ciudadanos) con el propósito de que algo cambie para que  todo siga igual.

Lo más llamativo de este breve análisis es que la izquierda no levanta el vuelo y sigue sin generar ilusión y expectativas de cambio en la ciudadanía, a pesar de que sus líderes han participado en las recientes manifestaciones convocadas por los sindicatos a todos los niveles. La situación resulta más incomprensible al recordar que el PSOE aporta, en estos momentos, recorrido histórico, experiencia contrastada de gobierno en diversos ámbitos y buenas relaciones con los sindicatos. Por su parte, Podemos garantiza una fuerte presencia activa en los diversos movimientos y mareas sociales que han demostrado un gran poder de convocatoria. En todo caso, la izquierda, sobre todo el PSOE, debe hacer autocrítica de sus errores pasados y reafirmar su compromiso en defensa de las ideas socialdemócratas. Por lo tanto, la pretensión de algunos (también en el PSOE), de llegar a un acuerdo programático postelectoral con Ciudadanos, en base a un previsible desplome electoral del PP, es muy negativa y resulta muy contraproducente para desarrollar un proyecto progresista y de cambio.

Efectivamente, es el momento de recuperar las ideas socialdemócratas (políticas redistributivas y defensa de los público) con convicción y entusiasmo. Con estas ideas se pueden ganar unas elecciones, movilizando más a la izquierda sociológica y a los jóvenes, sin recurrir a políticas de centro, siempre acomodaticias y nada ilusionantes (en busca vergonzante del voto). Sólo falta un partido fuerte, unido y sin complejos que las defienda y las explique a todos los niveles de nuestro tejido social. Por otra parte, son las mejores ideas para responder a la creciente demanda social de redistribuir la riqueza después de una década de sacrificios (déficit social), así como para oponerse a la fuerte ofensiva neoliberal y mediática que se está produciendo en la actualidad. También son las más eficaces para defender los intereses de las clases populares; precisamente a las que debe responder una política de izquierdas, que debe ser claramente diferente de las rancias recetas (fracasadas) que nos ha ofrecido la derecha, en defensa de las clases más altas, a lo largo de la historia.

En la UE existen actualmente dos experiencias que hay que seguir muy de cerca. En Portugal y en el Reino Unido, los partidos socialdemócratas son en la actualidad una referencia ilusionante. Particularmente es destacable la movilización del año pasado y el apoyo de los jóvenes a las propuestas que presentó Jeremy Corbyn en las elecciones legislativas. La participación de los electores entre 18 y 24 años, que estaban en torno al 40%, subieron al 72% en 2.017 y en esa franja de edad los laboristas superaron a los conservadores con el 47% de los votos. El programa, radicalmente contrario a la austeridad, contemplaba la renacionalización del ferrocarril, inversiones elevadas en el sistema de salud, la supresión de los gastos de matrícula en la universidad, la recuperación de los derechos sindicales en las empresas, la construcción de un millón de viviendas en venta y alquiler a precios moderados en cinco años, el aumento de los salarios mínimos, la supresión de los contratos de cero horas y una serie de medidas para paliar la degradación de las jubilaciones (Jeremy Corbyn, la reconquista del Partido Laborista por la izquierda y sus perspectivas gubernamentales. Francois Chesnais. Viento Sur). Estas propuestas demostraron y siguen demostrando que otra “política es posible”, como han venido reiterando los manifestantes a lo largo de la historia en todos los 1º de mayo. Lamentablemente, los medios de comunicación de masas ponen sordina o manipulan estos hechos, como se ha demostrado, una vez más, en las elecciones locales parciales celebradas, el pasado 3 de mayo, en parte de Inglaterra…