RAJOY SE QUEDA SOLO ANTE EL PASADO

noguera160316

Lo que está ocurriendo en Valencia, esta descomposición del PP, hubiera resultado inimaginable hace tan solo unos meses.

La imagen patética de Rita escondida detrás de los visillos, esconderse de dar explicaciones, no asistir a las Cortes Valencianas, atrincherarse en el Senado, para finalmente que su propio partido le abra un expediente informativo. Una imagen humillante y vergonzosa que no corresponde a la que fue la “alcaldesa de España”.

Lo que está ocurriendo en Valencia o en Madrid por parte del Partido Popular sólo se explica si lo enmarcamos en una época determinada: el cocktail explosivo que se formó entre una mayoría absoluta, los pelotazos urbanísticos, la soberbia y ser “yonkis” del dinero.

A los mismos políticos que hoy están imputados, investigados, expulsados de sus partidos, renegados de cualquier apoyo, los hemos visto reír de forma desencajada, burlarse de la oposición democrática, amenazar a funcionarios, comprar voluntades y hacer de las Administraciones Públicas sus propios cortijos, pensando que eran invencibles y que existía impunidad política y judicial.

¿Por qué ha pasado tanto tiempo hasta que se ha desmontado el entramado? Había demasiados indicios de fuego. En Madrid se vio claramente cuando se hizo aquel tremendo pucherazo en las elecciones con el caso Tamayo; y en Valencia, los casos de corrupción se denunciaban continuamente (Ciegsa o Imelsa), aparecían en portadas de medios de comunicación, y, aunque a la sociedad valenciana no le llegara con la intensidad necesaria, los responsables lo sabían.

La descomposición del PP se entiende cuando la enmarcamos en una época iniciada por Aznar, en aquella boda de la hija donde desfilaban por la alfombra roja todos los protagonistas de este entramado organizado. ¿Y Rajoy no sabía nada? Resulta difícil de creer, por eso, se ha quedado solo sosteniendo el pasado, por eso, no puede seguir adelante siendo candidato de un partido que está siendo investigado como organización “mafiosa”.

La propia rebelión de los suyos, de los más jóvenes que quieren salvarse ellos mismos al tiempo que le dan una salida a su partido, pone a Rajoy entre la espada y la pared. No por defender a aquellos, como es hoy Barberá, sino porque tiene que asumir él mismo lo que ha hecho, lo que conoce, lo que ha autorizado, lo que ha dicho, lo que ha firmado, lo que ha cobrado, …

Rajoy está solo ante sí mismo. Lo que Barberá, Fabra, Camps, Bárcenas, y tantos otros representan, es lo mismo que representa él.

Y a la sociedad española le corresponde saber valorar de forma ecuánime lo que está ocurriendo.

Hemos vivido diferentes etapas. Primero, vivíamos en la cultura de la indiferencia, como señaló acertadamente Josep Ramoneda en el año 2000; luego, pasamos a la indignación, con los movimientos en la calle, con las protestas sociales, con un despertar ciudadano que ha ayudado a levantar las alfombras. ¿Y ahora?

La sociedad española debe, en primer lugar, no renunciar a su papel de fiscalización y de conocer todo lo que está pasando. No vale decir el socorrido “todos son iguales” porque entonces se hace flaco favor a la democracia; no vale encogerse de hombros y mirar hacia otro lado desentendiéndose de lo que pasa. Pero tampoco se puede soñar con nostalgia pensando que aquella época de falsa riqueza debe volver, porque aquello fue falso, fue una estafa, fue el origen intencionado de lo que está pasando.

Antes de seguir adelante, el PP debe tomar una seria decisión. ¿Seguirá siendo el mismo partido que hoy está judicialmente investigado?