RAJOY ANTE LOS FOCOS. Y ANTE SU RESPONSABILIDAD

La crisis en el PSOE ha conseguido varios efectos perversos que están siendo analizados y escudriñados hasta la extenuación, con una complacencia morbosa que está dejando caer muchas caretas. El papel de los medios de comunicación no puede quedar exento de una crítica rigurosa, pero que no puede ocultar su utilización interesada por unos y otros protagonistas de la vida política. Quién ha utilizado a quién es, por el momento, una pregunta cuya respuesta queda todavía en el ámbito de la sospecha y del “quid prodest”. Lo evidente es que quien más se ha beneficiado de los sucesos de Ferraz es un Partido Popular que ve sentados en el banquillo a personalidades muy relevantes de su reciente historia, sin que se despeje tampoco la duda de que la corrupción no afecte a la cúpula actualmente en el poder. Las imágenes y los sonidos filtrados desde el interior del Comité Federal del Partido Socialista han logrado difuminar los procedentes de la Audiencia Nacional. Flaco servicio a la izquierda y a la democracia.

Con ese telón de fondo, se agotan las fechas en el calendario para que los españoles sepamos si antes del 31 de octubre habrá la posibilidad de formar un nuevo gobierno o si Rajoy seguirá “en funciones”, al igual que la oposición, hasta el 18 de Diciembre…o mucho tiempo más. Aunque apenas a un 11% de los ciudadanos consultados por el C.I.S les preocupe que haya o no gobierno, ninguna persona sensata puede pensar que esta situación se prolongue indefinidamente, sin que se vea afectada la vida colectiva y el futuro de un país que tiene hibernada la solución de graves problemas de fondo. Pese a que las miradas estén puestas en la decisión que adopte el Partido Socialista, enfrentado al debate sobre los daños ciertos de una abstención o los previsibles de una confrontación electoral en las peores condiciones, debemos trasladar el foco hacia la Moncloa y situar a Mariano Rajoy frente a su responsabilidad.

El PP ha maniobrado recientemente enviando a algunos de sus principales portavoces a la arena pública con mensajes amenazadores. Ya no bastaría la abstención socialista, sino que sería exigible un mayor compromiso en la gobernabilidad. La interpretación automática ha sido que el PP, resguardado en ciertas encuestas, cegaba la vía ,ya difícil, de una abstención socialista y optaba por el desafió de las urnas desde la confianza en una victoria incontrastable. Esa finta guerrillera ha colocado, sin embargo, a Mariano Rajoy en una posición muy endeble de credibilidad ante su propio electorado y el conjunto de la sociedad española. Ha repetido demasiadas veces, y muy enfáticamente, que la prioridad era que hubiera gobierno y las terceras elecciones un disparate. Tal vez por eso, y también por algunas consideraciones externas desde instancias ajenas a los partidos, Rajoy ha emitido el jueves un desmentido: No hará ninguna exigencia al PSOE. Y ha añadido una invitación al presidente de la Gestora socialista para mantener un encuentro. Ante este escenario, la prudencia aconsejaría una dieta de silencio, pese a la insistencia de las cadenas de televisión por fomentar el espectáculo con bajos costos.

Quisiera pensar que en esa hipotética reunión se intercambiarán papeles sobre los temas más urgentes. Fórmulas acordadas para crear empleo de calidad, la convocatoria del Pacto de Toledo, la fiscalidad, el diseño de una Ley de Educación estable… Y la respuesta a los retos que nos van a llegar desde Bruselas, gobierne quien gobierne.

Los militantes socialistas habrán de resolver sus problemas, restañando heridas, rebajando la crispación y tendiendo la mano a quienes desean y necesitan un Partido Socialista fuerte y unido. Un partido que no se agote en sí mismo, sino que vuelva a ser el gran instrumento que produjo la mejores transformaciones y avances sociales en España. Un partido qua ha sido útil siempre. Estando en el Gobierno o ejerciendo el liderazgo de la Oposición.