¿QUO VADIS, EUROPA?

Europa se está convirtiendo en una pesadilla que no nos deja dormir. Conscientes de que nuestro continente está ante la mayor crisis existencial desde la II Guerra Mundial, nos enfrentamos a una disgregación del proyecto de UE, que la está dinamitando desde dentro.

Las próximas elecciones europeas serán decisivas. No se tratará de definir un proyecto de derechas o de izquierdas, sino algo mucho más básico que puede modificar la esencia de la propia Unión. Las elecciones serán una contienda entre mantener la UE o disolverla. Esa es realmente la tesitura ante las que nos encontramos. Y los próximos meses serán decisivos para medir fuerzas.

Los problemas se acumulan y los enemigos internos, los euroescépticos, ganan terreno vinculándose a la peligrosa extrema derecha. Solo con lo ocurrido en esta semana, en una única semana, deben encenderse todas las alarmas.

En primer lugar, la falta de autoridad de la Unión Europea ante países como Italia, que mantiene su órdago frente a Bruselas de no modificar sus presupuestos; los problemas frente a Rumania y Bulgaria por las reformas legislativas que estos países están emprendiendo y que suponen una clara involución en derechos, atentando contra la independencia judicial, y siendo laxos ante la corrupción; aunque, quien se lleva el primer premio en esta disputa frente a la UE es, sin ninguna duda, Hungría, cuyo presidente Viktor Orbán ha iniciado una campaña publicitaria en la prensa escrita con el Parlamento Europeo, diciendo que “no cederán al chantaje” y enarbolando la peligrosa consigna nacionalista y ultra de “protejamos a Hungría”.

Una consigna que se está repitiendo, de forma preocupante, en boca de dirigentes mundiales desde Bolsonaro hasta el incalificable Trump. Un personaje que sigue haciendo de las suyas utilizando su dedo en el móvil para lanzar mensajes incendiarios. El último después de la visita a Macron en París, por motivo del centenario de la finalización de la I Guerra Mundial. Y, aún en el avión de regreso, le ha faltado tiempo para insultar al presidente francés, para burlarse de los franceses, y para calentar un poco más los ánimos internacionales. Y eso que se trataba de una conmemoración por la paz, y no por la guerra.

Lo más increíble en esta situación es ver la masiva manifestación que protagonizó la extrema derecha en las calles de Varsovia, uniendo a movimientos nacionalistas, y declarando como enemigo principal a la Unión Europea. ¿Cómo puede ser Polonia, después de lo vivido en la II Guerra Mundial, el escenario del grito de la extrema derecha?

Y si eso ocurre en Polonia, qué diría Churchill si viera que el acuerdo Brexit ya está en sus últimos trámites. Recordemos las palabras de su “Discurso sobre la Constitución de los Estados Unidos de Europa” que se celebró en Zurich el 19 de septiembre de 1946, “Si Europa estuviera unida un solo día no habría límites para la felicidad, la prosperidad y la gloria de las que podrían disfrutar sus habitantes”.

El escenario electoral será si encontramos algún elemento para seguir unidos o no. Evidentemente, los europeístas seguiremos clamando la necesidad de una Unión Europea, más unión, mejor unión, y reforzar un proyecto que ha sido el que más prosperidad y paz ha aportado al continente en XX siglos de existencia.

¿Qué elementos hay encima de la mesa sobre los que aglutinar una idea común?

De momento, solo una. Un ejército europeo. Una propuesta lanzada por Macron y apoyada sin fisuras por una Merkel que levantó al Parlamento Europeo entre aplausos y abucheos. Una Merkel en horas bajas, con una Alemania enfadada y desorientada, con unos índices económicos de caída (lo que afecta a todo el conjunto europeo), y que abre un futuro incierto ante su salida política (aún no sabemos si tenemos que reír o llorar).

Un ejército europeo. Una propuesta que ha abierto ampollas entre los euroescépticos, porque, sin duda, un ejército une, unifica, da consistencia, proporciona protección y fortaleza, y genera seguridad. Y justamente es la SEGURIDAD el elemento por el que la gente vota extrema derecha, por el miedo, por la inseguridad, por la incertidumbre. Se repiten los vicios de otras épocas. Se vota cambiando libertad y responsabilidad por la seguridad, a costa de lo que sea, sin que uno sea consciente de que él también puede ser un expatriado, un elemento sospechoso, un subversivo.

Un ejército europeo. Que ha enfurecido a Trump, quien se considera el “amo del mundo”, que es un irresponsable enloquecido al frente de una superpotencia militar, la que hasta ahora ha dominado con las bases de la OTAN.

Un ejército europeo. No es una propuesta novedosa, pero novedosa es la necesidad de plantearlo como un “salvavidas” ante la grave crisis de los refugiados que ha despedazado a la Unión Europea, y ante el auge de la extrema derecha capaz de repetir los acontecimientos sangrientos del pasado siglo XX. Así, como dice Merkel, podremos demostrar la fuerza de la Unión al exterior y también al interior. ¿Nos hemos de preparar para una nueva posible guerra?

No quisiera pensarlo, pero los mimbres que están cociéndose en el interior de Europa recuerdan mucho a los primeros pasos del nazismo, y a las crisis de indignación, de fobias y odios, de extremismos, de inseguridad, de incertidumbre, de falta de confianza, … que nos llevaron a los periodos de guerra. Quizás por eso levantó abucheos entre los euroescépticos porque ellos quieren tener sus propios ejércitos (no porque aboguen por la paz y el diálogo), porque ven en ese ejército europeo un hermano mayor contra el que enfrentarse.

Pero, por favor, ¿hay alguna otra propuesta más?