QUIERO SER DUQUE

Que ha empezado el verano se nota, sobre todo, en las noticias del momento. La primera de estas noticias, serpientes de verano las llaman algunos, parece ser la polémica por el Ducado de Franco concedido, o ratificado, o renovado, o reconocido, o vete a saber qué, a una de sus nietas, de nombre Carmen y de apellidos Martínez Bordiú Franco.

El hecho, merecedor de una decisión del Consejo de Ministros, se produjo, al parecer, en la última ocasión en que esos ministros lo iban a ser. Lo primero en que conviene pararse a pensar es en la actividad tan frenética en que debían estar ocupados esos señores cuando encontraron tiempo para dedicarse a este asunto. Y, lo segundo, en la injusticia en que incurrieron para hacer Duquesa a, solo, esa señora, en lugar de hacerlo de manera más generosa.

Pero, esto, debe corregirlo, sin demora y sin racanerías, el nuevo gobierno. En lugar de enzarzarse en intentar suprimir ese Ducado, debería proporcionar uno a cada español, o española que lo solicitara. Hay que recordar que fue una socialista, tan arraigada que llegó a presidir la Federación Socialista Madrileña, quien defendió la igualdad de género en la nobleza. Se llamaba Cristina Alberti.

Yo, para empezar, lo solicito. Creo ser tan merecedor de ello como Doña Carmen Martínez Bordiú Franco. Como en su caso, mi abuelo, mis abuelos, porque tuve dos, están muertos. Y, como en su caso, tampoco tengo nada que ver con lo que hicieran mis abuelos. Tampoco creo haber hecho nada que merezca menor valoración que esa señora y, además, estoy dispuesto a rellenar el impreso de solicitud necesario para poder acceder al pretendido Ducado. El resto es cuestión de la norma, del Gobierno y, no sé si de su Majestad el Rey. Pero si están dispuestos a cambiar la norma para quitar el Ducado de Franco a su nieta, también podrían cambiarla para conceder Ducados a quien quisiera.

No solicito ningún privilegio especial, ni siquiera poder permanecer cubierto ante el Rey, por lo que estoy dispuesto a quitarme la gorra en su presencia, cosa que suelo hacer cada vez que me presentan a alguien sea, o no, Rey. Pero si el Ducado llevara aparejada la Grandeza de España (o la Enormidad, si ese fuera el caso), tampoco lo iba a rechazar. En cuanto al nombre del Ducado, podría ser el de Jesús Espelosín Atienza agregando, quizás, el número de mi DNI por si hay más miembros de mi familia que lo soliciten.

Respecto al tema económico, una vez que renuncio a cobrar nada por ser Duque, anuncio que estoy dispuesto a pagar la tasa correspondiente que, como es preceptivo, deberán cobrarme para cubrir los gastos del nombramiento, cosa que tampoco creo que sea muy importante ya que se trataría de poner mi nombre en la web del BOE, y poco más. De esta forma, mi nombramiento como Duque no le resultaría, de ninguna forma, onerosa al Estado Español ni, tampoco, el nombramiento de cualquiera otra persona que lo solicitara en las mismas condiciones que las descritas anteriormente.

Y, ahora vendría la llamada pregunta del millón: Si un Ducado ya no significa, ni de lejísimos, lo que ha significado en otros tiempos. Si, pensándolo bien, estaríamos hablando de una banalidad de proporciones de campeonato. Si cualquiera en su sano juicio consideraría la cuestión una autentica chorrada. ¿Por qué va a ser menos digna de consideración mi solicitud que el enzarzarse en una discusión sobre el Ducado de Franco?

Y, por no hurtar el debate, sugeriré dos respuestas: La primera de ellas estaría relacionada con el menosprecio al Dictador. Pues bien, yo creo que con el traslado de sus restos a una fosa común, para el caso de que no los reclamara su familia, sería suficiente. Esto solucionaría también lo que algún malintencionado puede suponer y es que, en realidad se trata de que se hable de esto para no hablar de otras cosas.

Y la segunda es que los Duques de lo que podríamos conocer como plan antiguo, podrían sentirse decepcionados y molestos. Pues bien, se les hace Archiduques y todos tan contentos.