¿QUIÉN SERÁ EL JEFE DE LA OPOSICIÓN?

noguera110615

No será una campaña sencilla. Por varias razones.

En primer lugar, porque hay que motivar a un electorado, fundamentalmente de izquierdas, que ha perdido bastante ilusión entre el 20 de diciembre y hoy, ya que piensan que haber llegado hasta aquí ha sido, no sólo un camino infructuoso, sino un riesgo innecesario, puesto que se ha perdido la oportunidad de dar un cambio de verdad al actual gobierno de España.

En segundo lugar, porque, siguiendo el razonamiento anterior, hay que convencer a la ciudadanía de que, efectivamente, lo mejor que se ha podido hacer es convocar elecciones, y que no supone ningún riesgo. Es decir, que hay serias posibilidades de que gobiernen las fuerzas progresistas en España.

De no ser así, la frustración de la ciudadanía progresista estaría más que justificada pero el error histórico sería gravísimo. Se habría perdido la ocasión de cambiar el rumbo de este país y se habría permitido gobernar de nuevo al PP sin que éste se hubiera “higienizado” previamente.

En tercer lugar, en esta campaña electoral, los espacios están más difuminados que nunca. El único que parece que tiene claro lo que representa es el PP, porque, por mucho que los ministros en campaña asuman que el austericismo y los recortes han sido sangrantes, no resultan creíbles. Al único que conocemos de verdad es al PP, y pese a conocerlo, sigue teniendo una base de votantes que parece no tener complejos con el hedor que desprende esa organización.

Respecto al resto, aparecen muchas incógnitas. El PSOE debe definir bien su espacio; Pedro Sánchez lo ha intentado una y otra vez, negando tantas veces como le ha sido posible que no pactará con el PP, pero hay que reconocer que no le ayudan desde su propia organización. Ahora tiene complicado reelaborar el discurso, ¿hacia dónde? Reeditar de nuevo a ciegas un acuerdo con Ciudadanos parece un suicidio previo, pero echarse de brazos de Podemos sin marcar los márgenes no es muy inteligente después de los continuos bandazos de Iglesias, que a veces es un ogro y otras pone cara de no haber roto nunca un plato. No obstante, los límites del PSOE no pueden ser los territoriales y la consulta catalana, porque a estas alturas, los problemas de gobierno no pueden residir ahí.

Respecto a Ciudadanos, ha quedado sumido en la órbita del PP. Si no consiguió arrancarle votos suficientes el 20-D, cuando Ribera suponía una novedad frente a un desgastadísimo Rajoy, hoy no se sabe quién está más consumido después de estos meses de negociaciones. No será fácil el camino de Ciudadanos ante un PP que sigue dispuesto a defender a Rajoy pese a todo. ¿Cuál es la línea roja de Ciudadanos? ¿Tan solo que se vaya Rajoy? ¿Y si no se va?

En relación a Podemos e IU, ya sabemos que irán juntos a la campaña electoral. El futuro de IU es una incógnita ahora mismo, ¿tendrán más oxígeno parlamentario gracias a esto o supondrá su disolución como organización? Bueno, se sabrá con el resultado final. Seguramente se lo han jugado todo a ganar o perder. Si el bloque formado pierde las elecciones, perderá IU también probablemente todo su capital, y si ganan y consiguen gobernar, la etapa de IU será claramente diferente.

El tema de Podemos es diferente. Muchos piensan que realmente lo que Pablo Iglesias pretendía con llegar a estas elecciones es el “sorpasso” al PSOE como objetivo principal. Porque no hubo ninguna voluntad de llegar a acuerdos con el PSOE en su momento; no era una situación fácil, pero no lo fue por ninguna parte: ni por el PSOE con sus barones territoriales poniendo condiciones, ni con Podemos cuyos líderes principales (especialmente Iglesias) le molestaba la negociación con el PSOE.

Lo que es cierto es que Podemos ya no es una organización que representa nuevos tiempos; aquel “arriba-abajo” ha quedado en el olvido. Volvemos al eje clásico de izquierda-derecha y vamos a unas elecciones clásicas en sus planteamientos, pero no en su campaña.

No es una campaña en la que hablaremos de política social o económica, porque no es eso lo que se va a debatir. El debate de la campaña está ya situado en las estrategias y alianzas posteriores, en lo que no se ha conseguido durante estos cuatro meses.

Y ahí nos lo jugamos todo los ciudadanos. Pero también los partidos progresistas. Lo que muchos esperan es un cambio de gobierno, no un cambio de jefe de la oposición.

Si al final, no se actúa con la suficiente inteligencia y sensibilidad, con empatía entre las fuerzas políticas progresistas, rebajando la tensión entre los líderes actuales, no se llegará a sumar suficiente para gobernar. Y el cambio de verdad no es sencillamente elegir al jefe de la oposición. Eso habrá supuesto perder la mayor ocasión histórica de cambiar el rumbo de este país.