¿QUÉ SERÁ DEL PSOE? LA CRÓNICA ANUNCIADA

noguera191016

Parece que todo está decidido para que el PSOE facilite la abstención del Gobierno de Rajoy sin pedir nada a cambio, tan solo bajo la excusa de la gobernabilidad de España.

Una gobernabilidad que, bajo las manos del Gobierno Rajoy, ha sido el peor Gobierno de toda la historia democrática por dos razones fundamentales: porque su gestión ha sido la generadora de la mayor quiebra del bienestar de los ciudadanos con cambios legislativos en materia laboral, de seguridad cívica y derechos, o de recortes inasumibles, y porque ha quebrado la confianza en el sistema democrático cuando ha manipulado de forma corrupta las instituciones públicas. Y, después del juicio Gürtel y lo declarado por Correa, no parece que queden muchas dudas ante lo que ha supuesto la mayor estafa mafiosa de nuestro país.

Pero todo eso, como dicen los que preconizan la abstención: “ya lo sabíamos”, “no hay nada nuevo”. Y no queda más remedio que tragarlo “por la gobernabilidad de España” (¿?).

¿Eso es lo único que el PSOE puede ofrecerle a sus votantes: seguir en manos del Gobierno de Mariano Rajoy?

El problema fundamental que ahora descubrimos con otra mirada no es que el PSOE vaya a abstenerse porque “no tenga otra opción” (siempre hay opciones), sino que esto estuviera decidido desde hace mucho. No es algo que haya ocurrido este inicio de otoño, sino que desde aquel vistoso pacto con Ciudadanos se buscaba “mantener el orden” de un sistema que está agonizando ante la mirada atónita de muchos ciudadanos progresistas.

Los militantes y votantes que pensábamos que había que explorar cualquier opción antes de dar el Gobierno al PP fuimos unos completos ingenuos.

De la misma forma que los que dieron aquel absurdo y bárbaro golpe de Estado antes del Comité Federal para hacerse con el control del partido no midieron las consecuencias del enfado de la militancia y del coste social que ello podría tener, tampoco están ahora midiendo lo que sucederá después de esa abstención.

Por una parte, el PP no se conformará solo con la abstención. Luego vendrán los presupuestos: ¿se aprobarán también por la gobernabilidad de España?; después vendrán las negociaciones con Europa ¿y?; y también habrá que decidir nombramientos para cubrir puestos en instituciones de poder económico y financiero ¿se recuperarán nombres como Soria o Ana Mato?

Por otra parte, la quiebra que se ha producido entre la dirección del PSOE y la militancia es enorme. Se juega con la pérdida de la memoria colectiva, con que todo pasará, con que aparecerá un nuevo líder(esa) que cogerá las riendas de este partido.

Pero hace mucho tiempo que muchos votantes abandonaron la nostalgia y dejaron de votar al PSOE, y ahora hay muchos militantes que están absolutamente desgarrados. No le será fácil al PSOE controlar al Gobierno del PP, porque este no se va a dejar ni sabe cómo negociar, y el PSOE deberá explicar luego a qué cosas se opone y qué cosas aprueba, porque pactos de Gobierno existirán siempre: en defensa, en asuntos internacionales, en el sistema educativo, en las reformas laborales. Cualquier cosa tendrá justificación por la “gobernabilidad de España”.

Si el fondo es importante, también son las formas.

Y las formas y gestos que se vieron el 12 de octubre fueron realmente dantescas. Mientras la mayoría de votantes progresistas asistían con estupor a la esquizofrenia del PSOE, mientras los militantes seguían llorando indignados recogiendo firmas para decir “no” al PP, algunos de los líderes como la Sra. Susana Díaz, se hacían fotos de selfie con miembros del Gobierno o sonreían ampliamente ante el saludo de Rajoy. Todo un alarde de “qué bien nos llevamos” y “todo está ya atado y bien atado”.

Quizás mi imaginación me lleve a ver buenas relaciones donde no las hay. Pero entre aquel Comité Federal donde los insultos se cruzaban sin ningún decoro y la amabilidad exhibida el 12 de octubre, debería haber un punto más educado, porque las formas también son importantes. Cuando uno va a un entierro procura no reírse ni contar chistes.

Aquella fiesta nacional no era una alegría para el PSOE, así que exhibir “sonrisas” y “fotos” con una amabilidad desmedida resultó un insulto para todos aquellos que todavía estaban sufriendo. El refranero español es sabio: “el muerto al hoyo y el vivo al bollo”.

¿Se recuperará de esta tropelía el PSOE? No lo creo.

Porque para recuperarse, para levantarse como el ave Fénix de las cenizas haría falta un revulsivo tan fuerte que hiciera que la militancia se pusiera de nuevo en pie y que los votantes socialistas reconocieran al partido como aquel que fue capaz de ilusionar en los años 80.

Ahora mismo, no es un problema de programa (hay tantas y tantas páginas escritas de recetas). Es un problema de liderazgo, de alguien que entienda de verdad qué es eso de la socialdemocracia, y que tenga la fortaleza suficiente y el carisma necesario para que la experiencia de gestión y la juventud de pensamiento se unan.

Y, con todos mis respetos, no es Susana la lideresa que espera este partido.

Los militantes y votantes reconocen perfectamente a un líder. ¡Y lo hay y está! Pero la organización del PSOE que está anquilosada, pegada en la estructura de un sistema viejo, viviendo de los recuerdos de cuando fue gobierno, y maniobrando en mesas camillas, no aceptará jamás una salida heroica y a lo grande.

El PSOE necesita ideas, ilusión, pelear por lo que cree, luchar por los principios, buscar salidas socialdemócratas, ir detrás de las conquistas de derechos, trabajar por lo imposible, como lo ha hecho históricamente cuando las cosas eran difíciles. En cambio, el PSOE desde hace mucho tiempo arrinconó principios e ilusión por la estrategia y el tacticismo, por el pragmatismo, por el trabajo cortoplacista, por el “sálvese quien pueda” pero la impresión que tenemos muchos es que siempre se salvan los mismos.

El pragmatismo ha ganado en el PSOE desde hace décadas, por eso va perdiendo votos sucesivamente, porque es más importante mantenerse en el círculo de poder y en las listas electorales que dar rienda suelta a la fuerza imparable de la ilusión, de las ideas y los proyectos. La diferencia entre la dirección que apuesta por el pragmatismo y la militancia que apuesta por los principios es que los primeros tienen mucho que perder.

Y, si no se da un vuelco histórico que cambie el rumbo de este partido, el PSOE está escribiendo su propia crónica anunciada.