¿QUÉ QUIERE PODEMOS?

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Conforme avanza el calendario poselectoral se van aclarando las apuestas de cada uno de los cuatro grandes actores políticos del país. El PP quiere mantenerse en el poder mediante un gran acuerdo con PSOE y Ciudadanos. Estos últimos están de acuerdo con el PP. El PSOE niega el acuerdo con el PP y plantea la alternativa de un Gobierno progresista con apoyo de Podemos y Unidad Popular, entre otros grupos.

Pero, ¿cuál es el objetivo de Podemos? Más allá de un vigoroso repertorio de teatralizaciones y acciones de propaganda, poco han dejado traslucir sobre su decisión en torno al Gobierno del país. ¿Quieren que siga gobernando el PP? ¿Quieren impulsar un Gobierno alternativo? ¿Desde dentro? ¿Desde fuera? Cualquier decisión resultaría legítima si se argumenta honestamente y con las razones debidas, pero aún no sabemos en qué consiste tal decisión.

A juzgar por sus actos durante los últimos días, la intención de Podemos consiste en forzar la repetición de las elecciones, con el propósito de intentar superar en votos al PSOE. De hecho, resulta muy difícil explicar de otra manera las condiciones de imposible cumplimiento que han planteado tanto para acordar la constitución de la Mesa del Congreso de los Diputados (los cuatro grupos parlamentarios de Podemos), como para iniciar cualquier conversación sobre un futuro programa progresista de gobierno (el referéndum independentista).

De confirmarse tal estrategia, la decepción sería mayúscula entre la mayoría de los españoles partidarios de poner fin a la etapa de gobierno de la derecha. La intención del llamado sorpasso no es nueva para las sucesivas formaciones de herencia comunista en nuestro país, y hasta ahora fracasaron siempre. Pero subordinar el objetivo de un programa progresista de gobierno al propósito partidista de sumar más escaños que el PSOE supondría una traición en toda regla a los electores de Podemos, que no se movilizaron para hundir al Partido Socialista sino para mejorar las condiciones de vida de quienes más sufren.

Podemos se queja de haber quedado fuera del acuerdo que PSOE y Ciudadanos suscribieron para hacer a Patxi López Presidente del Congreso, y para configurar una Mesa que impulsara la apertura y la renovación de esta institución llamada a ser el centro de la vida política en la nueva etapa. Sin embargo no hubo exclusión, sino autoexclusión, porque la exigencia que planteaba Iglesias para sumar cuatro grupos parlamentarios, cuatro portavoces, cuatro subvenciones y cuatro cupos de iniciativas e intervenciones, era sencillamente contraria al Reglamento del Congreso, además de injusta.

El artículo 23.2 del Reglamento del Congreso dice textualmente: “En ningún caso pueden constituir Grupo Parlamentario separado Diputados que pertenezcan a un mismo partido. Tampoco podrán formar Grupo Parlamentario separado los Diputados que, al tiempo de las elecciones, pertenecieran a formaciones políticas que no se hayan enfrentado ante el electorado”. Como el Reglamento es muy claro, y como hemos de presumir que los dirigentes de Podemos se lo habían leído, todo parece indicar que Iglesias y compañía buscaban el desacuerdo deliberadamente.

Idéntica estrategia mantiene Podemos, al parecer, en cuanto a los primeros posicionamientos para intentar la formación de un gobierno alternativo en clave progresista. Si la primera “línea roja” que establecen, la consulta independentista en Cataluña, supone incumplir la Constitución y las leyes, resulta razonable pensar que lo que en realidad pretenden es obstaculizar cualquier posibilidad de entendimiento con el PSOE.

Iglesias sabe perfectamente que los socialistas nunca abriremos la puerta a la separación de cualquier territorio español, porque creemos en el proyecto común que llamamos España y porque es, precisamente, la unidad y la solidaridad del Estado español la principal garantía para el ejercicio de los derechos y las libertades de los españoles.

El planteamiento de obstaculizar los acuerdos y de perseguir nuevas elecciones sería legítimo si se explicara honestamente a la ciudadanía. Por el contrario, los dirigentes de Podemos se están limitando a insistir en sus condiciones evidentemente imposibles por ilegales, y a acusar al PSOE de no admitir tales condiciones imposibles. Mienten además, porque es sencillamente mentira que el PSOE, como dice Iglesias, haya pactado nada con el PP, ni en cuanto a la Mesa del Congreso, ni en cuanto a un eventual gobierno de coalición.

Por tanto, resulta razonable pedirle a Podemos que vaya aclarando pública y honestamente su posición. Si apuesta porque Rajoy continúe gobernando, que lo diga. Si quiere repetir elecciones para vencer al PSOE, que lo plantee abiertamente, sin subterfugios y sin mentiras. Y si de verdad quiere dar una oportunidad al diálogo y al acuerdo con el PSOE para hacer un Gobierno de cambio progresista, que procure la recuperación justa y la regeneración democrática en nuestro país, encontrará a los socialistas en plena disposición para intentarlo. Eso sí, sin condiciones de imposible cumplimiento.