¿QUÉ PRONÓSTICOS SE PUEDEN HACER SOBRE LAS ELECCIONES DEL 26 DE JUNIO?

tezanos110516

Si tomamos por buenos los datos de la macro-encuesta postelectoral del CIS de enero-marzo de este año (con 6.242 entrevistas domiciliarias), podemos llegar a la conclusión de que los pronósticos electorales, en países como España, hoy por hoy son imposibles. Cuando el 36% de los votantes reconocen que no supieron a quién apoyar hasta la misma campaña electoral, e incluso casi el 10% lo decidió el mismo día de la votación, no hay pronósticos fiables que valgan, ya que hasta el mismo día final no podemos saber qué van a hacer un número considerable de españoles.

En realidad, prácticamente todas las encuestas fallaron en los pronósticos sobre los comicios del 20 de diciembre, incluso las realizadas poco antes, entre ellas la enorme encuesta preelectoral del CIS, que supuso efectuar 17.452 entrevistas domiciliarias. Fallos de pronóstico que no tienen precedentes en España.

Con tales antecedentes, no se entiende bien cómo tantos comentaristas y analistas se han lanzado en tromba a realizar pronósticos electorales para el 26 de junio –prácticamente calcados a los de diciembre─, al tiempo que los principales medios de comunicación social vuelven a mostrar sus preferencias en las respectivas encuestas que publican. Algunas con muestras estadísticas verdaderamente irrisorias, con las que pretenden incluso anticipar los escaños que va a obtener cada partido. Todo lo cual es un verdadero despropósito que solo viene a evidenciar que las encuestas se están convirtiendo en un instrumento primordial de la propaganda política. E incluso de la intoxicación informativa.

Pero, los que así proceden no lo hacen en vano, ya que ─en contra de lo que algunos sostienen─ las informaciones sobre sondeos preelectorales tienen un peso significativo en la opinión pública. De hecho, en la macro-encuesta postelectoral del CIS nada menos que un 62,8% de los entrevistados dicen que “tuvieron conocimiento de los resultados de encuestas o sondeos preelectorales”. Y de estos solo el 77% indicaron que no les influyeron nada, en tanto que un 9% reconocen que les influyeron mucho o bastante y otro 13,5% que les influyeron poco. A su vez, entre aquellos que habían sido influidos por las encuestas, un 30,2% dice que les animaron a votar, a un 16,9% les ayudaron a decidirse por el partido por el que finalmente votaron y un 4,2% les llevaron a cambiar de partido, etc.

Es decir, las informaciones previas sobre las encuestas en momentos como los actuales sí que influyen en los comportamientos electorales, en magnitudes que no son ni mucho menos insignificantes. Por lo tanto, ya tampoco es cierta la interpretación tradicional que sostenía que tales influjos eran pequeños, y que estadísticamente tendían a compensarse mutuamente entre sí en su plasmación final en las urnas.

Aparte de estos elementos de volatilidad de voto y de influencias de los sondeos preelectorales, la macro-encuesta postelectoral del CIS de enero-marzo contiene muchas informaciones que sugieren que los comportamientos electorales pueden cambiar en cierto grado de cara a las elecciones del 26 de junio. Por ejemplo, de aquellos que no votaron el 20 de diciembre, un 27,5% de haberlo hecho habrían votado por el PSOE, el 24,2% por el PP y solo un 9,4% por Podemos y otro 7,6% por Ciudadanos. Además, entre los que dudaron entre votar por dos partidos, buena parte de ellos tenían al PSOE como uno de los partidos posibles (un 32,5% de los dudaron entre dos partidos, lo cual supone un 8,1% del total de encuestados y un 9,2% de los que votaron el 20 de diciembre).

Más relevante aún es que un 5,3% de los votantes reconozcan que, si hubieran conocido los resultados finales que se dieron, habrían apoyado a otro partido distinto, a la vez que otro 2,2% en vez de abstenerse o votar en blanco lo habrían hecho por un partido concreto. Lo cual representa en su conjunto una nada despreciable proporción del 7,5% de votantes que pueden cambiar sus apoyos el 26 de junio. ¿Cómo sostienen algunos que esta es una cifra insignificante?

Si profundizamos un poco más en los últimos datos del CIS, y analizamos las tendencias de fondo que se vienen registrando en sus barómetros mensuales y en sus encuestas socio-políticas generales, también se puede constatar que desde diciembre hasta ahora se están produciendo cambios apreciables en las opiniones, las valoraciones y las inclinaciones políticas de la población. Por ejemplo, los españoles ahora tienen opiniones más críticas sobre la situación económica y política que en el mes de diciembre. También muestran una peor opinión sobre Mariano Rajoy (que en el barómetro de abril obtuvo una puntuación media de 2,89 sobre 10). Igualmente, ahora los electores se sitúan en mayor grado que hace dos o tres meses en los espacios de izquierda moderada en un eje de diez casillas, mientras que aquellos que se ubican en los dos extremos del espectro político tienden a descender.

Y, desde luego, en este último período de tiempo, los españoles hemos podido ver cómo se las gasta el diputado Iglesias Turrión y algunos de los suyos, mientras prácticamente solo el PSOE y Ciudadanos se han esforzado de verdad por intentar llegar a acuerdos para formar gobierno. Además, lo han hecho con dos convicciones que posiblemente compartimos más del 70% de los españoles. En primer lugar, considerando que un gobierno con Mariano Rajoy y el PP actual no puede resultar creíble en el propósito de erradicar la corrupción en España. Algo que este momento es imprescindible y urgente. Y, en segundo lugar, entendiendo que en un momento económico crítico, como en el que estamos, no hay lugar para aventurerismos que pretendan gastos imposibles y para enfoques disparatados que podrían llevar a España por la misma senda que a Grecia; o que a otros países donde el desastre económico es mucho mayor.

El Podemos de Iglesias Turrión y sus adláteres está quedando, pues, desvelado en su verdadera naturaleza política ante muchos españoles, y lo quedaría en mucho mayor grado si no contaran con los importantes apoyos mediáticos –y complacencias─ con las que cuentan. En este aspecto, las Encuestas del CIS (sobre todo el barómetro de abril que se acaba de hacer público) revelan, por ejemplo, que un 9,5% de los que votaron a Podemos el 20 de diciembre se consideran socialdemócratas, otro 12,1% socialistas, e incluso un 13,8% liberales y otro 2,6% conservadores o demócrata-cristianos, siendo solo un 6,6% los que se autoidentifican como comunistas. Es decir, la confusión no puede ser mayor.

Respecto a las autoubicaciones ideológicas, un 24,4% de los que dieron su apoyo a Podemos en diciembre se sitúan en los seis espacios que van del centro a la derecha más extrema (del 5 al 10). Algo que no se entiende, si no es a partir de las ambigüedades que cultivaron los líderes de Podemos, hasta que empezaron a mostrar su verdadero rostro ideológico y su auténtico talante personal en los debates parlamentarios y en otras comparecencias públicas. Por eso, Podemos está descendiendo en casi todas las encuestas y sondeos publicados.

Por otra parte, la lealtad de voto de quienes apoyaron a Podemos el 20 de diciembre se encuentra entre las más bajas (63,4%) de todo el espectro político. Y ello en un período de solo tres o cuatro meses. Lo cual tiene pocos precedentes similares. Esto significa que más de un tercio de los que votaron por Podemos en los últimos comicios piensan hacerlo por otros partidos el 26 de junio. De hecho, en los primeros días de abril, según el último barómetro del CIS, un 6,9% de sus electores decían que votarían por el PSOE y un 10,3% por IU (lógicamente si no se coaliga con ellos), mientras casi un 20% estaba considerando otras opciones. Entre ellas, la de no votar o hacerlo en blanco. Y no se sabe aún como pueden –o han podido─ evolucionar las cosas desde primeros de abril, después del desenlace fallido de los pactos y conversaciones para formar gobierno. Todo lo cual implica que Podemos por sí solo podría perder más de un millón largo de los votos que tuvo el 20 de diciembre. De ahí sus intentos urgentes por pactar con IU para neutralizar –aparentemente─ su rápido desgaste.

En cualquier caso, a partir de las encuestas del CIS se pueden constatar las siguientes tendencias electorales generales: el PP tiende a bajar aún más de lo que descendió en sus desastrosos resultados del 20 de diciembre (bajada sobre bajada); el PSOE tiende a subir ligeramente; Podemos baja apreciablemente; Ciudadanos sube significativa-mente; IU se recupera de manera muy notable (son los principales beneficiarios alternativos del descrédito de Podemos, ventaja que perderán si pactan finalmente con ellos); y los grupos coaligados con Podemos mantienen tendencias diferentes en cada territorio.

¿Se podría formular a partir de todas estas tendencias de evolución de los elementos opináticos e ideológicos subyacentes y de las fortalezas y debilidades de cada partido (Vid. cuadro 1) algún pronóstico fundado y riguroso sobre las elecciones del 26 de junio? Es difícil, sobre todo si el 26 de junio se repite la circunstancia de que un tercio de los votantes no decida su voto hasta los últimos momentos. Pero aún así, hoy por hoy, el mapa de posibilidades que puede considerarse más ligado a las tendencias sociológicas y políticas registradas en las encuestas del CIS es el que se recoge en el cuadro 2. Pronóstico que, lógicamente, y para no faltar a la realidad, tiene que presentarse en forma de horquilla de probabilidades, que es lo que realmente permiten establecer estadísticamente las muestras de población que se utilizan en encuestas como las del CIS (Vid. cuadro 2).

CUADRO 1

FACTORES DE EROSIÓN Y DE POTENCIACIÓN DEL VOTO DE LOS PRINCIPALES PARTIDOS

 

 

Principales factores de potenciación de voto

Principales factores de erosión de voto

PP Inercia de gobernar. Defensa de los intereses económicos. Apoyo de los grandes poderes y de bastantes medios de comunicación social. Voto del miedo a lo que pueda pasar. Desgaste de gobierno. Mala imagen de su líder. Muchos de sus electores son más moderados que el partido como tal. Nulos esfuerzos por formar gobierno. Opiniones bastante críticas sobre su gestión.
PSOE Valoración razonable de su líder. Partido que más coincide con las auto-identificaciones medias de la población. Partido de raíces históricas y con balances positivos de gobiernos anteriores. Esfuerzos realizados por formar gobierno. Divisiones internas (o imágenes alentadas sobre ello). Pérdida del criterio del voto útil. Pérdida de apoyos en los medios de comunicación social. Com-petencia con otros partidos de izquierda por los mismos votantes.
Ciudadanos Partido moderado de centro, con capacidad de interlocución y negociación. Posturas anticorrupción y antisecesión. Líder no quemado. Partido inédito sin experiencia de gobierno. Peso sociológico limitado de los espacios de centro-centro en España. Crisis de las clases medias.
Podemos Partido radicalizado que recoge el voto de los indignados. Partido nuevo que está inédito. Importantes apoyos mediáticos. Hablan de los problemas que afectan a bastantes personas. Mala valoración de su líder. Buena parte de sus votantes son más moderados que el partido y sus líderes. Comportamiento negativo en los intentos de pacto. Poco arraigo en determinados territorios.
Partidos asociados a Podemos Están más ligados a las realidades concretas de los territorios. Sus líderes territoriales están menos quemados que Pablo Iglesias. Demasiado vinculados a Podemos y su líder. Falta de definición propia. No se les ve como sujetos políticos autónomos y relevantes.
IU-Unidad Popular Líder bien valorado (aunque tiene menos conocimiento que otros). No han sido tan intransigentes en los pactos. Tienen otros líderes históricos conocidos. Arraigo territorial. Indefinición estratégica. Riesgos de verse subsumidos en Podemos. Pérdida de capacidad de iniciativa política. Memoria crítica sobre el comunismo.
Democracia y Libertad/ Convergencia Fuertes apoyos en su territorio. Líder nuevo no quemado Rechazo al secesionismo. Riesgos de quedar convertido en un partido irrelevante para las políticas de España.
ERC Buena imagen de su líder en Cataluña. Arraigo histórico Imagen radicalizada. Rechazo al secesionismo
PNV Imagen histórica y arraigo social y económico en Euskadi. Moderación. Escasa relevancia para operar a escala española.

 

CUADRO 2

PREVISIONES DE COMPORTAMIENTO ELECTORAL EL 26 DE JUNIO, SEGÚN LAS TENDENCIAS POLÍTICAS Y DE VOTO REGISTRADAS EN LAS ENCUESTAS DEL CIS POSTERIORES A LAS ELECCIONES DE DICIEMBRE

 

Principales partidos

Tendencias identificadas

Previsiones electorales

%

PP Desciende algo

24-27

PSOE Sube algo

22-25

Ciudadanos Sube significativamente

14-17

Podemos Desciende apreciablemente

11-14

Partidos asociados a Podemos Dudosas/descendentes

4-6

IU/Unidad Popular Podría subir bastante

6-9

Democracia y Libertad/Convergencia Estable con dudas

1,5-2

ERC Baja

2-3

PNV Estable

1-1,5

 

Ni que decir tiene que en el resultado final de las urnas el 26 de junio van a influir bastantes factores concurrentes, entre ellos la propia fragmentación política y sociológica que existe actualmente en sociedades como la española, en la que, desde luego, va a ser muy difícil que un único partido obtenga escaños suficientes como para gobernar por sí solo. Lo que hace que las variables de centralidad y disponibilidad para los acuerdos se conviertan en elementos fundamentales a la hora de orientar finalmente no solo el sentido del voto útil (necesario), sino el mismo voto de sentido común (imprescindible). Hasta ahora, y desde 1977, el electorado español ha dado muestras suficientes de tener una fina (y práctica) inteligencia política. Esperemos que por el bien de todos el 26 de junio tengamos un nuevo ejemplo de dicha inteligencia, después del fiasco del 20 de diciembre, que ya hemos visto a dónde nos ha llevado. En esta ocasión pequeños cambios de orientación electoral pueden suponer un gran cambio político.