¿QUÉ HEMOS HECHO PARA MERECERNOS ESTO?

tezanos270716

Los debates sobre la formación de gobierno en España, a partir de un panorama parlamentario fragmentado, demuestran que algunos saben pocas matemáticas (parlamentarias), en tanto que otros saben poca política (con P mayúscula y con p minúscula), mientras que no faltan los que no saben ni de política ni de matemáticas.

Lo más curioso de ciertos debates –a veces articulados como campañas de propaganda− es la obsesión en convencernos de que Rajoy y el PP han ganado las elecciones. Lo que hace que sea difícil entender las verdaderas razones de tan machacona insistencia en intentar persuadirnos a los españoles −como si fuéramos tontos y no supiéramos contar votos y escaños− de tal victoria. Victoria que, si fuera tan clara y concluyente como se sostiene, ya habría dado lugar a la formación de un gobierno hace tiempo.

En realidad, lo que ha logrado Rajoy y el PP es ser el partido más votado y que más escaños ha obtenido. Algo que ya ocurrió el 20 de diciembre, sin que esta circunstancia, por sí sola, lograra evitar entonces que la partida política acabara en tablas.

Por lo tanto, no es cierto que la derecha en general, y Mariano Rajoy en particular, sea la fuerza hegemónica ganadora de las elecciones en España y que estén legitimados, sin discusión alguna, para formar el gobierno que a ellos les parezca mejor y más conveniente. Cuando se hace tal tipo de lecturas, se presupone que Ciudadanos, sin matices, también forma parte de la derecha. Lo cual –más allá de los propósitos propagandísticos de cada cual− es una simplificación que desconoce las especificidades del centro político. Y también los ejemplos en diversos países en los que el Centro ha formado alianzas con la izquierda. Por lo tanto, en esta ocasión, la última palabra aclaratoria –de momento− la tiene Ciudadanos, que es el único partido que, si se inclina del lado de Rajoy, logrará hacer cierta la interpretación de que las últimas elecciones generales en España las ganó la derecha (con sus añadidos ulteriores). Aún así, la correlación de votos entre la izquierda (PSOE-Podemos y, en su caso, ERC y otros partidos menores) y la derecha (PP, más el eventual añadido de Ciudadanos) es muy ajustada, con ligera ventaja en votos de la izquierda.

Por eso, si se quiere hacer una interpretación exacta (matemáticamente) de los resultados del 26 de junio, lo correcto es decir que en España existe una voluntad política holgada de centro-izquierda. Es decir, del PSOE-PodemosCiudadanos, cuyos apoyos conforman por sí solos una mayoría neta de ciudadanos partidarios del cambio, de la regeneración moral y política, y de la voluntad de gobernar con sensibilidad social. De hecho, es en esas coordenadas donde se sitúa un conjunto muy amplio de españoles (56,8%) y no en la derecha pura y neta de Rajoy, que solo llega al 33%.

No obstante, si todo esto es correcto y coherente en el plano de las matemáticas (electorales y parlamentarias), las cosas son un tanto diferentes en el plano de la realidad política concreta, donde inciden más variables y circunstancias. Entre otras, la mayoría absoluta que el PP ha logrado en el Senado como primera minoría en votos agregados; lo que dificulta la labor de cualquier gobierno que pueda formarse sin contar con ellos. Y también, claro está, el enorme poder comunicacional y económico que está apostando por el PP –aunque no quede claro si condicionado o no a la continuidad a ultranza de Mariano Rajoy y su vieja política−. Se trata de poderes que también cuestionan muy seriamente el papel que pueda desempeñar Podemos, a quien se contempla (no solo por esos poderes) con temor y desconfianza. Algo que están propiciando con bastante diligencia –pero muy poca inteligencia− los propios líderes de Podemos.

En resumen, nos encontramos ante una situación bastante compleja, en la que –hoy por hoy− el eje fundamental de la gobernabilidad de España continúa estando en manos del PP. Habrá que ver si también en manos de Rajoy. Pero, en el PP pueden equivocarse si entienden que los apoyos de Ciudadanos y de otros diputados ocultos a favor de Ana Pastor, como Presidenta del Congreso, han sido votos en blanco también a Mariano Rajoy, su gran amigo, y sin embargo compañero de partido, con todo lo que ello implica. Es decir, para la Presidencia del Parlamento, los diputados de Ciudadanos han votado a una persona que no está tan quemada como Mariano Rajoy, que no merece unas valoraciones tan negativas entre la opinión pública y que ha demostrado a lo largo de su trayectoria política cierta capacidad de entendimiento con los que no piensan como ella. Algo que no sucede, ni de lejos, con Mariano Rajoy y algunos de sus ministros.

Por lo tanto, si en el PP no comprenden tales diferencias y matices, pueden verse abocados a una sesión de investidura en la que se terminarán encontrando tan solos como la coalición PSOE-Ciudadanos se encontró hace unos meses. Es decir, con sus votos y el permanentemente bien dispuesto apoyo de la diputada de Coalición Canaria. Por eso, es probable que, si el panorama no se despeja del lado de los intereses y aspiraciones particulares de Mariano Rajoy, al final nuevamente nos encontremos con una espantada del Presidente en funciones, que ni siquiera se presentará a la sesión de investidura. “De momento, no” –puede que le diga nuevamente al Rey, y con él a todos los españoles.

El problema político de España en este caso se convertiría de facto en “el problema Rajoy”, quedando claro que es él, precisamente, el obstáculo fundamental para que se pueda formar gobierno en España. Lo cual solo se resuelve de la manera que es normal y habitual en todas las democracias maduras y bien asentadas. Es decir, con una renuncia personal, que abra paso a otras alternativas y opciones más razonables y aceptables.

Hay que ser conscientes, en este sentido, que un partido que solo ha obtenido –con muchas presiones− un 33% de los votos, y cuyo líder actual suscita un enorme rechazo y las peores valoraciones políticas que se puedan imaginar (en torno a dos y pico sobre diez), no puede imponerse a las bravas a los demás. Se trata de un líder que, además, en estos casi cinco años de gobierno ha dado múltiples ejemplos de negligencias, desganas, desaires e ineficacias de todo tipo. Con una ejecutoria que hasta muchos de los suyos consideran desastrosa, y que ha causado múltiples problemas de credibilidad y confianza en Bruselas, que se concretan no solo en el célebre asunto del debate sobre la multa al gobierno español por incumplimiento de compromisos, sino también en la pérdida de importantes fondos comunitarios y de otras oportunidades, por problemas de mala gestión. Por no mencionar las situaciones negativas que se han dado en educación e investigación, sanidad, servicios sociales, etc. Y sobrevolando todo la gran cuestión de la corrupción, que para Rajoy se ha convertido en un problema sistémico.

¿Qué hemos hecho los españoles para merecernos esto? ¿Y para que aún se nos presione y se intente convencernos de que traguemos con Rajoy otros cuatro años más a ese 67% de españoles que no le votamos el 26 de junio? Bastante duro, ¿no?

Y por si las cosas no estuvieran fáciles en España, sobre todo pensando en los sectores sociales que tienen más problemas, los más conspicuos líderes de Podemos continúan sin entender nada, ni aprender nada. Así, al tiempo que repetían hasta la náusea que tendían la mano al PSOE, y lanzaban mensajes discretos de buena disposición para el entendimiento, por debajo de la mesa urdían simultáneamente pueriles estratagemas propias de grupúsculos de Facultad, orientadas a arrebatar la Presidencia del Congreso a Patxi López, con candidatos inverosímiles y apoyos imaginarios de formaciones que al final no han hecho otra cosa que facilitar el control de la mesa del Congreso al PP, llevando a la Presidencia a Ana Pastor.

Desde el punto de vista de la eficacia conspirativa, lo de Iglesias Turrión es para nota. Aún así, es posible que todavía no se haya enterado de lo que puede esperar realmente de ciertos partidos nacionalistas, y que continúe sin comprender que sin un acuerdo con Ciudadanos es imposible pensar en estos momentos en un gobierno de cambio alternativo en España. Es decir, con líderes como este en Podemos continuarán sin enterarse nada de matemáticas (parlamentarias), ni de política (ni con P mayúscula, ni con p minúscula). De momento, el balance de resultados del pseduo-profesor Iglesias Turrión no puede ser más elocuente: ¡ya ha evitado que Pedro Sánchez sea Presidente de Gobierno de España y que Patxi López sea Presidente del Congreso! Y, todo ello, a favor del PP y en solo dos meses. Si continúa por esta senda, es evidente que puede llegar muy lejos. Lo malo es que no se sabe en qué dirección política, ni con qué utilidad concreta.