¿QUÉ HACER FRENTE A LA SITUACIÓN DE LAS PERSONAS “SIN HOGAR” CON DISCAPACIDAD?

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En un artículo que fue publicado en este mismo foro el pasado mes de noviembre se planteó que las personas “sin hogar”, que habitualmente vemos en las grandes ciudades en España, son el paradigma de la exclusión social en su dimensión más extrema y que la discapacidad, con una alta prevalencia entre este sector de población, actúa como un factor exclusógeno de primer nivel en sus procesos vitales.

Siguiendo la Estrategia Nacional Integral para las Personas “sin hogar” 2015-2020, y en orden a dar respuesta a un fenómeno tan complejo y establecer un marco integral de actuación, las principales líneas que deberían guiar toda intervención con las personas “sin hogar” con discapacidades habría que focalizarlas hacia la consecución de cinco objetivos fundamentales.

En primer lugar, desde la perspectiva de la prevención, considerando que se trata de una problemática multidimensional y procesual (desestructuraciones/rupturas familiares, enfermedad mental o física, discapacidades, adicciones, desempleo, aislamiento social, convalecencias sin soportes, perdida de la vivienda, etc…). Al tiempo sería preceptivo establecer protocolos de detección temprana del sinhogarismo que partan tanto del ámbito judicial; como del sanitario (a través de los servicios de atención psiquiátrica o psicológica en casos, por ejemplo, de pérdida del hogar tras institucionalizaciones en centros cerrados, hospitales u hospitales psiquiátricos… ); del educativo, de la protección de menores; tras internamientos de los ciudadanos en prisiones, en centros de acogida para refugiados o de atención para mujeres maltratadas. Por último, la intervención temprana convendría focalizarla hacia los inmigrantes en situación de alto riesgo social, las personas objeto de trata de seres humanos con fines sexuales y, en general, trabajar con mayor intensidad desde los servicios públicos de emergencia social.

En segunda instancia, es obligado sensibilizar a la sociedad sobre este hecho social y combatir la discriminación, la violencia y los delitos de odio que sufren. En el caso de aquellos con discapacidad soportan una doble discriminación: por su discapacidad y por su situación de indigencia social (a éstas se le pueden sumar otras). En ese sentido, se torna imprescindible promover el derecho a una imagen veraz y respetuosa de las personas “sin hogar”. Pero también facilitar su acceso tanto a las prestaciones sociales de rentas de ciudadanía, como a las ayudas a la dependencia y/o a las prestaciones por discapacidad, apostando porque en los dispositivos especializados para estos hombres y mujeres la Accesibilidad y el Diseño Universal sean una realidad. En paralelo, hay que formar a los profesionales en la comprensión de este fenómeno, particularmente entre aquellos con mayor vinculación con estas personas: los que se desenvuelven en el ámbito sanitario, en los cuerpos y fuerzas de seguridad del Estado, en la esfera judicial, en los transportes públicos, en los servicios de limpieza…; establecer formas de cooperación entre los profesionales de la salud y los de los servicios sociales; articular protocolos de actuación tras altas hospitalarias, así como crear centros sanitarios que puedan atenderles tras convalecencias por enfermedad o por enfermedades terminales.

En tercer lugar, es obligado garantizar la seguridad de vida de las personas “sin hogar”, lo cual implica proporcionarles alojamiento, y dotarles de los medios para que puedan “autonomizar” sus vidas. La puesta en marcha en nuestro país del método Housingfirst (http://www.endhomelessness.org/pages/housing_first) para personas “sin hogar”, permanentes de la calle o de la red asistencial con grave deterioro físico y/o mental y/o discapacidades, a las que se da la posibilidad de acceder a viviendas autónomas, bajo supervisión profesional y con vistas a su normalización, es un excelente ejemplo de buenas prácticas y está dando muy buenos resultados.

En cuarto lugar, la aspiración es recuperar sus proyectos de vida, y para ello es una exigencia proveerles de los recursos materiales dirigidos, en los casos en los que sea factible, hacia su empleabilidad laboral, y en recuperar sus vínculos sociales y/o familiares, que posibiliten su arraigo en comunidades de referencia.

En quinto lugar, adquiere nivel de compromiso ciudadano reforzar el sistema público de atención a las personas “sin hogar” y mejorar su conocimiento, a través del intercambio de información y la evaluación de los programas de atención para este sector social, puesta la mirada en mejorar sus vidas y en apoyarles en sus discapacidades.

Como podemos comprobar, muchos son los frentes abiertos en los que desde una sociedad que aspire a un equilibrio entre la igualdad y la libertad tienen que trabajarse con la finalidad de prevenir y apoyar a las personas que se han ido quedando fuera de los márgenes de la sociedad. Imágenes como las del pasado 15 de marzo de unos hinchas de un equipo holandés en la Plaza Mayor de Madrid lanzando monedas y quemando billetes ante un grupo de rumanos gitanos, causaron vergüenza y estupor entre muchos ciudadanos que en aquel momento departían por tan emblemático lugar, entre los que tuvimos ocasión de verlo en los medios de comunicación de aquellos días y entre las autoridades políticas de ambos países, y nos arroja a la parte más oscura y ruin de los seres humanos. Y no deja margen para la construcción de una sociedad basada en el principio de justicia. Pero la hermosa historia de amistad de Joao Pereira de Souza y del pingüino Dindim, que apareció en 2011 petroleado frente a la costa de Río de Janeiro, y al que Joao salvó la vida, retirando de su cuerpo todo el petróleo y alimentándolo hasta su recuperación, habla de sentimientos que creíamos propios de los seres humanos: la solidaridad, la lealtad, el agradecimiento, la amistad, el cariño… Sentimientos puros de un hombre hacia un animal y “sentimientos” de un animal hacia un hombre, al que desde entonces reconoce como a un amigo y al que anualmente visita en su humilde morada. Y estimo es menester nos reconforte y haga más fuertes en nuestra determinación de que un mundo sin tanto sufrimiento está en nuestras manos.