¿QUÉ GOBIERNO?

nadal230916

El insólito espectáculo de una legislatura de seis meses de duración y otra que lleva el mismo camino, con un bloqueo total de la vida política del país, nos ha hecho olvidar cuales son los problemas que nos han traído hasta aquí. Hace un año había un amplio debate social sobre los grandes males que nos atenazaban y muchos confiaban que las elecciones, convocadas para el 20 de Diciembre, refrescaran el panorama político con la llegada, que ya se daba por segura, de dos nuevos partidos que añadirían opciones al bipartidismo. Se suponía que su presencia sería un revulsivo suficiente para renovar la forma de hacer política, obligando a la generación de pactos trasversales, más allá de las ideologías, que pudieran dar respuesta a las diferentes crisis: política, ética, territorial y constitucional además de la económica y social, que se han superpuesto en nuestras vidas.

Parece que ha pasado un siglo y hasta los nuevos actores ya parecen viejos. La desconfianza de los ciudadanos es creciente, el desánimo cunde y el descrédito hacia la política y los políticos amenaza con poner en riesgo la credibilidad del sistema constitucional que hasta hace muy pocos años era motivo de orgullo y gozaba de amplísimo consenso. Sin duda es urgente evitar las terceras elecciones en un año, constituir un Gobierno y poner el país en marcha para evitar la parálisis. Hacerlo con un Gobierno que sea capaz de abordar los problemas señalados es lo más deseable y hay que trabajar para ello. Es difícil pero no imposible. Ahora bien, si no se logra, hay que salvar los muebles del país. Y salvar los muebles significa no repetir las elecciones.

Los resultados electorales, de las sucesivas elecciones generales, fueron decepcionantes para el partido socialista que sufrió una pérdida importante de su peso electoral. El Partido Popular también sufrió un serio correctivo, pero resultó ser el partido más votado y, en consecuencia, le correspondía la iniciativa para tratar de formar Gobierno. Mariano Rajoy lo intentó y el debate de investidura mostró que no es capaz de lograr los apoyos necesarios en su ámbito ideológico para ser investido y que Pedro Sánchez no encontró motivos para que el partido socialista se abstuviera a favor de una investidura que consideraba ideológicamente antinatural.

Pero no es menos cierto que la actual distribución de escaños del Congreso de los Diputados ha dejado en manos del Partido Socialista la llave de la gobernabilidad. Junto al castigo electoral, las urnas le han dejado la capacidad de condicionar profundamente la política española en estos tiempos revueltos. Usar con inteligencia este comodín es una responsabilidad que tendrá que asumir y ejercer. Hacerlo es obligado, y hacerlo bien es esencial si quiere recuperar apoyos para volver a ser determinante.

Una vez cerrada en falso la investidura, cualquier solución posible para formar Gobierno requiere el concurso activo del partido socialista. Su inhibición conduciría inexorablemente a repetir las elecciones, lo que sería un desastre para el país y, seguramente, para el partido. Queda algo más de un mes para que las elecciones se convoquen automáticamente si no hay investidura y es de desear que una vez concluido el ciclo electoral de Galicia y País Vasco, las negociaciones para cerrar una opción de Gobierno se aceleren.

La pregunta es si hay opciones de Gobierno. Teóricamente existen tres combinaciones aritméticas: la de las ‘fuerzas del cambio’, la de izquierdas más nacionalistas y la ya fracasada en la inve

A la vista de los retos que tenemos por delante, la mejor opción es la primera, porque su transversalidad ideológica le daría la posibilidad de dar continuidad a la tarea de Gobierno trasladando al Parlamento aquellos retos que requieren la participación y el consenso de la totalidad, o la inmensa mayoría, de los partidos políticos, como la reforma constitucional, y los grandes pactos de Estado de los que se viene hablando desde hace ya tanto tiempo.

Creo que merece la pena trabajar en esta dirección, aunque las declaraciones que se hacen desde Podemos y especialmente desde Ciudadanos no son, precisamente, una fuente de optimismo. Es preciso hacer un esfuerzo real en esa dirección. No basta con hacer llamamientos públicos si no se despliegan simultáneamente todos los esfuerzos posibles a través de contactos discretos con propuestas elaboradas. Debe hacerse y además a plazo fijo, señalando también un plazo de finalización realista que, en el caso de no alcanzar un acuerdo, diera tiempo para poner en marcha un plan B cuyo único objetivo fuera evitar las elecciones. Este plan B pasaría inevitablemente por un gobierno minoritario del PP con la abstención de todos los partidos que se sintiesen concernidos en la necesidad de no volver a votar (entre los que deberían estar por lo menos los tres grandes), y ganar tiempo para crear las condiciones de contorno adecuadas para poder abordar los consensos necesarios. Sería difícil, pero no veo otra salida.