PUIGDEMONT, MÁS PERIODISMO

La política tiene sus códigos. Pero, casi todos, están relacionados con la comunicación. Especialmente, aunque no solo, cuando el régimen político es democrático. Incluso antes de que la humanidad inventara la democracia, siempre ha sido preferible tener de tu lado al cronista encargado de contar el resultado de una batalla.

Y Puigdemont, que, no lo olvidemos, es periodista, lo sabe. Porque, sobre todo, es periodista, publicista, pregonero, cuentista, como quieran ustedes llamarle, pero comunicador al fin y al cabo. Y ese rasgo de su personalidad destaca sobre el de su último oficio ejercido, el de político.

Efectivamente, como político ha sido capaz de convocar elecciones autonómicas, o no hacerlo, en cuestión de horas y de proclamar una república, y suspenderla, en cuestión de segundos. También ha sido capaz de no llevar, en meses, una sola propuesta de gobierno al parlamento que le controlaba (es un decir) más que para inventar un nuevo Estado en la Europa que ya le ha dicho que se abstenga de hacerlo. También, de dividir a los catalanes y de vaciar Cataluña de empresas. Es decir, como político, ha sido capaz de demostrar que es un incapaz.

Pero, como comunicador, es un crack. No hay cosa que haga, incluso que no haga, de la que no nos tenga informados al minuto gracias a sus colegas, los guardianes de la libertad, como los definió el descubridor, entre otros, de que España no es un país democrático. Y, ojo, no es que me parezca mal, que no me lo parece, es que me parece excesivo y, sobre todo, poco edificante por si cunde el ejemplo. Imagínense que otros colegas de gobiernos autónomos, y tenemos diecisiete, aspiran a la misma fama que el ex-Molt Honorable. Sería entonces el gobierno belga el que pondría el grito en el cielo.

Mientras tanto, solo Puigdemont es capaz de seguir alimentando las portadas de todos los medios de comunicación españoles, y algunos extranjeros, a base de cualquier cosa que haga o diga, por poca veracidad, escasa importancia o aparente poca relevancia, que tenga. Con tal de que sea periodístico, es decir, que sea susceptible de ser apreciado por los profesionales del periodismo como digno de ser contado.

El resto de los candidatos tendrán que conformarse con hacer propuestas políticas para la solución de los problemas de los catalanes, cosa que Puigdemont no tiene necesidad de hacer mientras que ocurra eso de que “le quiere la cámara”.

Solo falta que Sabina le dedique una canción como hizo con el Dioni, para que todos le ensalcemos al altar de los programas de televisión basura. Y, por cierto, no es que Sabina inventara el género, ya que antes de él, otros compañeros de profesión, como Luis Candelas, habían merecido que se cantaran sus andanzas. Por eso, no sería extraño que alguien, y en su caso, tiene muy cerca a Lluis Llach, pasara a spotify la letra y música del process en la versión de Puigdemont.

Pero, nada de esto impide que Puigdemont sea tratado como un personaje público catalogable, al menos en las páginas de los medios de comunicación, con una Angela Merkel, un Enmanuel Macron o personajes similares, en lugar de aparecer en otras secciones de esos mismos medios donde se cuentan cosas curiosas o extravagantes.

Claro, que también podría ocurrir que Puigdemont terminara por repetir como President en Cataluña después del próximo 21 de diciembre. Si alguien cree que eso es imposible es que no ha terminado de entender las peculiaridades del caso. Más difícil parecía lo de Trump.