¿PUEDE MARIANO RAJOY PRESENTAR SU CANDIDATURA ACOMPAÑADO DE LA CORRUPCIÓN VALENCIANA?

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Sigue la corrupción valenciana salpicando, no sólo al PP valenciano, sino también al PP nacional, y a su líder Mariano Rajoy, quien estuvo “delante y detrás” de todos los presuntos corruptos más los que ya están encarcelados.

Siete horas investigando en la casa de Alfonso Rus, el que fue presidente de la Diputación de Valencia y un imitador del inefable Gil y Gil. Era gracioso, dicharachero, prepotente, fanfarrón, valentón y un todopoderoso, porque era capaz de comprarlo todo, ¿con qué dinero? Con él, han caído también sus primeras espadas, entre ellos, Máximo Caturla, el hombre que por donde pasaba (sanidad, educación, diputación) olía a corrupción, malversación y estafa. Su recorrido no era nunca límpio.

Toda la mañana del día 27 estuvieron investigando en los despachos municipales del PP de Valencia. El ayuntamiento estaba lleno de guardia civil registrando dependencias. El poder y los tentáculos de Rita Barberá están saliendo ahora a flote. Ella dice no saber nada. Pero sus personas de confianza están hoy detenidas, desde su secretaria personal hasta la concejala que fue el enlace de conexión y que es también la mujer del exteniente de alcalde y hombre de confianza de Barberá, Alfonso Grau, que también está en el banquillo por el caso Noos.

Hay 29 imputados y 24 detenidos. Hemos visto cómo la policía sacaba de su casa a Alfonso Rus detenido. Igual que pasó con Rodrigo Rato.

¿Siguen siendo casos aislados de los que Rajoy no sabe nada?

La trama Gürtel; la trama Brugal; el caso Algorfa; caso Callosa del Segura;  el caso Jacarilla; el caso Calpe; el caso Fabra; el caso Emarsa; el caso Blasco; la trama Terra Mítica; el caso IVEX; el caso Monforte; el caso Aguas de Calpe; el caso Ibi; el caso Torrevieja; Cotino y la familia…

Tan sólo en el mes de enero del 2016, ha estallado el caso Aquamed; los sobrecostes de los colegios de Ciegsa, donde Máximo Caturla, la mano derecha de Alfonso Rus, está implicado hasta las orejas; Serafín Castellano, exdelegado del gobierno, y las irregularidades en las contrataciones de los incendios; o el Ivam, donde se ha imputado a Consuelo Císcar, la mujer del presidiario Rafael Blasco, aquel conseller que estafó el dinero de la cooperación valenciana.

Hace falta recordar que, en la pasada legislatura, el PP tenía tantos diputados imputados que podrían formar el grupo mayoritario de las Cortes Valencianas; o también que han sido imputados dos presidentes autonómicos; o los tres presidentes de las diputaciones, y cientos de alcaldes y concejales.

Hace falta recordar que la Comunidad Valenciana ha abierto las portadas de noticias más vergonzosas sobre los temas de corrupción. Conversaciones que son memorables, imposibles de recoger en una película: Camps y el amiguito del alma (caso Gürtel), o la alcaldesa de Alicante y el empresario Enrique Ortiz, Alfonso Rus contando dinero, o Carlos Fabra y el aeropuerto del abuelito.

Todo ello en una Comunidad que ha quedado endeudada hasta las cejas; en la que la mala gestión política ha hundido el sistema financiero; en la que se dejó de pagar a dependientes o becas de comedor para niños; en la que sus grandes edificios han quedado vacíos sin poder mantenerlos; o malvendiendo obras faraónicas como Terra Mítica o la Ciudad de la Luz, muy por debajo de su coste público.

¿A quién le va a mandar ahora Rajoy el mensaje de “sé fuerte”?

Es cierto que el PP ha vuelto a ser el primer partido en número de votos, algo que merece un estudio sociológico profundo de qué ha pasado durante estos años de gobierno del PP, cómo se han manipulado los valores culturales y éticos de la sociedad civil para seguir votando aún con el olor de podredumbre.

Sin embargo, no puede gobernar ni el partido ni la persona que lo representa, Mariano Rajoy, sin antes limpiar su propio partido. Si él está implicado, aunque sólo fuera por conocimiento, no puede seguir adelante hipotecando nuestra democracia; y si no lo está, debe antes asegurar a los españoles que su partido está libre de tramas y entramados corruptos con los que se ha venido financiando ilegalmente estos años, además de llenar los bolsillos de un montón de impresentables a costa del dinero de todos los españoles.

Si tirar de la manta del PP supone esquilmarlo de cargos públicos, como está pasando en la Comunidad Valenciana, que, al final, no quedará nadie que no esté imputado, acusado o culpable, pues hágase y vaya a una refundación.

Lo que está en juego con los casos de corrupción del PP no es solamente la vigencia del partido, sino la garantía del sistema democrático español. Terminar con la corrupción e iniciar un nuevo proceso político es también parte de esta actual transición política.