¿PORQUÉ NOS EMPEÑAMOS EN DISEÑAR LA DERECHA DESDE LA IZQUIERDA?

La victoria de Pablo Casado en el congreso del Partido Popular ha sido recibida como una vuelta a la derecha del partido conservador. Como si, hasta ahora, hubiera estado en otro sitio.

Es verdad que la reclamación de Casado de ser heredero de Aznar no suena a centrismo, a pesar de aquel interminable viaje al centro que anunció durante años el antiguo presidente de ese partido. También es verdad que el paso por el gobierno atempera los propósitos, y Sáenz de Santamaría, su competidora, había pasado por él, lo que la ha hecho parecer más “centrada”. Además, no era lógico que prometiera que iba a hacer lo que no había hecho como Vicepresidenta del Gobierno. Y, por eso, Casado ha parecido ser más de derechas.

Pero, hay que recordar, lo que pretendía Pablo Casado en este envite no era buscarse el apoyo del electorado español, si no el de la parte más conservadora de ese electorado, es decir el de aquellas personas que se han afiliado al partido de la derecha española y, entre ellas, las más comprometidas, sus compromisarios. Y, para ganarse los votos de esas tres mil y pico personas que elegían al presidente del PP había que decir, exactamente, lo que ha dicho. Creo que, hasta aquí, todo es normal e, incluso, esperable que cuando Pablo Casado, y el PP, tengan “que salir a la calle” moderen su discurso para arañar votos a su izquierda, es decir, al centro. O no.

Porque el Partido Popular es el partido mayoritario de la derecha española y el heredero de los partidos que la han representado hasta ahora desde hace doscientos años, por citar solo un momento constitucional de nuestra historia. Y, en todo este tiempo, esos partidos, y el PP, han representado los valores más conservadores del espectro ideológico. Por eso los hemos definido como “de derechas”. No es ni bueno, ni malo. Es, simplemente, coherente el que los políticos españoles más conservadores se agruparan en torno a los ideales que juzgaran más convenientes y se presentaran con ellos a convencer al resto de sus compatriotas, algunas veces, o a imponerlos por la fuerza, en otras. Pero siempre han sido ellos los que definían esos ideales.

Sin embargo, desde la izquierda no han faltado nunca quienes, con un “no es eso, no es eso”, han pretendido moldear la derecha española a su criterio. Por ejemplo, ahora. Es fácil leer en estos días algunas críticas a que la derecha que representa Casado no es una “derecha moderna” y que sus ideas sobre “la vida y la familia” representan una vuelta al pasado más que una visión de futuro, además de que no ha hecho autocrítica ni de la corrupción que ha deprimido a ese partido, ni de su política económica, claramente discriminatoria socialmente en sus resultados.

Habría que decir, en descargo de Pablo Casado, que, por lo menos, ha sido coherente. Con esas ideas ha logrado conectar, a la vista está, con la mayoría de su partido, que es de lo que se trataba. Pedro Sánchez, cuando tuvo que hacer lo propio en el PSOE, lo hizo con ideas absolutamente enfrentadas con aquellas, lo que también es coherente.

Lo que no es lógico es que desde fuera del PP, y mucho menos desde la izquierda, se les diga lo que tienen que hacer para ser una izquierda moderna porque, más moderno (tiene 37 años) y más de derechas que Pablo Casado no es fácil ser.

Así pues, bienvenido el nuevo PP y larga vida a su defensa de la vida y la familia, a su jacobinismo radical, a su reunificación de la derecha, sin complejos y sin descalificaciones expresas ni de su pasado de corrupción ni del franquismo. Nos veremos en las urnas. Lo cual es una ventaja frente a otros momentos de nuestra historia.

Sin embargo, no parece que desde los órganos de dirección de otros partidos de la derecha española se detecten signos de entusiasmo después de este congreso reunificador del PP porque puede haber un cierto éxodo de sus militantes hacia este “nuevo” partido. Ciudadanos ya le ha saludado con una salva de descalificaciones (por cierto, más duras que las procedentes de la izquierda) aunque de Vox no se tienen noticias, posiblemente porque estén cerrando su sede.