PORQUE LAS ENCUESTAS NO “CADUCAN” EL DÍA DESPUÉS DE LAS ELECCIONES

Desde que el PSOE llegó al Gobierno tras la moción de censura al PP, el CIS (Centro de Investigaciones Sociológicas) ha sido objeto de constantes e importantes críticas. Desde la perspectiva de los partidos políticos, la principal se ha centrado en la elección del Presidente, hasta el punto de que en diciembre de 2018 el PP puso en marcha el mecanismo para reprobarlo en el Congreso. La portavoz del Grupo Popular en esa institución afirmó que: “las encuestas del CIS ya no se las cree ni el propio Tezanos, a quien acusó de continuar con ‘la maquinaria propagandística’ a favor del PSOE ‘malmetiendo’ contra una institución que ha sido tan importante en los últimos años”. También afirmó que: “el CIS ha caído en una absoluta pérdida de credibilidad y adolece de patente falta de rigor científico”[1].

Entre los analistas, y en los medios de comunicación, aunque también han sido recurrentes las menciones al “CIS de Tezanos”, las críticas han estado más centradas en cuestiones relacionadas con la “cocina” de los datos. En concreto, se le ha criticado por dejar de “cocinar”, por decidir hacerlo o por ir cambiando la receta, cuando esa modificación está motivada precisamente por la búsqueda de ese rigor científico que los detractores parecían echar en falta. De hecho, tras la publicación de los resultados del “Macrobarómetro de marzo de 2019. Preelectoral Elecciones Generales de 2019”, se criticó que se emplearan más de 20 páginas en explicar la metodología utilizada para realizar las estimaciones. Sin embargo, no debemos olvidar que, en ciencia, cualquier estrategia metodológica es válida siempre que esté bien explicada, porque el objetivo es que el proceso sea reproducible por cualquiera interesado en hacerlo. Además, teniendo los datos disponibles (como es el caso), todo el que quiera puede hacer su propio análisis.

Las críticas al CIS y a su cocina no son nuevas. Pero no es el momento ni el lugar para hacer una revisión de la cantidad de noticias publicadas al respecto, así que me centraré en los resultados proporcionados por el “Macrobarómetro de marzo de 2019. Preelectoral Elecciones Generales 2019”. En él se estimó que el PSOE obtendría entre 123 y 138 escaños (ha obtenido 123), el PP entre 66 y 76 (ha obtenido 66), Ciudadanos obtendría entre 42 y 51 (ha obtenido 57), Unidas Podemos entre 33 y 41 (ha obtenido 42) y VOX entre 29 y 37 (con un resultado final de 24). Las principales diferencias se encuentran en la estimación de unos resultados algo peores para Ciudadanos de los que realmente se han producido, y el efecto contrario en relación a VOX. La conclusión fácil apuntaría a que ha habido una parte de las personas que pensaba votar a VOX antes de la campaña, que a la hora de la verdad parece haber optado por Ciudadanos. Tendremos que esperar a la encuesta postelectoral para tener una idea más precisa de lo que ha ocurrido.

En todo caso, la cuestión en la que me quiero centrar no es esta. Ya he señalado en otra ocasión que las encuestas sirven, por encima de cualquier otro objetivo, para analizar la realidad social[2]. Por eso, en lo que sigue quiero utilizar los datos del Macrobarómetro de marzo de 2019 para tratar de obtener algunas claves de la conducta electoral de la población española. Para ello voy a recurrir al análisis discriminante (AD), una técnica estadística que se orienta a identificar las características que mejor contribuyen a diferenciar entre dos o más grupos. Para identificar esas características, el AD obtiene una función, es decir, una combinación de las variables relevantes. Esa función puede utilizarse para volver a clasificar los mismos casos y, de este modo, permite poner a prueba la calidad del resultado obtenido.

Durante la larga pre-campaña electoral, también durante la campaña, se han hecho constantes referencias a las diferentes estrategias para afrontar los problemas de nuestro país como elementos que deberían tener en cuenta los votantes para decidir su voto. Por tanto, en el AD he incluido la preocupación de las personas encuestadas por los problemas sociales mencionados con más frecuencia. Relacionado con esta cuestión, he incluido la valoración tanto de la situación política general de España, como de la situación económica. También es lógico pensar que en la conducta electoral, es decir, en la decisión de ir a votar y de cómo hacerlo, influyen variables actitudinales. Por eso he incluido como variables explicativas el grado de interés por la política y la frecuencia con la que se habla de política con personas del entorno social próximo. También he incluido la valoración de la actuación política de los cuatro principales partidos políticos con representación parlamentaria (VOX todavía no la tenía), la valoración de los seis líderes políticos nacionales (Santiago Abascal, Pablo Casado, Alberto Garzón, Pablo Iglesias, Albert Rivera y Pedro Sánchez), el partido político por el que la persona encuestada siente más simpatía ante las elecciones de 2019, y el que considera más cercano a sus ideas (afinidad).

He definido diferentes grupos que, por tanto, han sido objeto de diferentes análisis. Cinco para tratar de explicar la intención de voto a cada uno de los partidos mayoritarios, otro para tatar de identificar las características que diferencian a los que ya tenían decidido a qué partido votar de los que se manifestaban indecisos, y un último para diferenciar entre los que tenían decidido que iban a ir a votar y los que aún no sabían si iban a hacerlo.

En la tabla 1 se muestran las variables que definen la intención de voto a los cinco partidos mayoritarios y la capacidad de clasificación de la función obtenida tras el análisis. Hay varias cuestiones interesantes que destacar. En primer lugar, se observa que la preocupación por los problemas del país no contribuye a diferenciar a unos votantes declarados de otros, con la excepción de la preocupación por la inmigración, que sí permite identificar a los votantes de VOX, aunque su influencia es muy escasa. Se observa también que el interés por la política solo contribuye a diferenciar a los votantes de VOX, que tienden a mostrarse poco interesados por ella. Son también estos los que se caracterizan por decir que hablan de política de manera habitual. Respecto a la valoración de la situación económica, solo contribuye a definir, de manera significativa aunque con escaso poder explicativo, a los votantes del PP, que tienden a caracterizarse por considerar que  es muy buena.

Empezando por el final, la capacidad de clasificar a los votantes declarados es notable (entre el 90,5% en el caso del PSOE y el 97,8% en el de VOX). En los cinco partidos se observa mejor capacidad para clasificar a los no votantes que a los votantes, algo que se puede atribuir a la diferencia de tamaño entre los dos grupos. Por eso también se clasifica peor a los votantes de los partidos con menor intención de voto. En todo caso, esto es especialmente patente en el caso de Unidas Podemos, lo que indicaría que faltan cuestiones relevantes para identificar a todos pero, especialmente, a este grupo de votantes.

La variable que mejor contribuye a definir a los votantes del PSOE es la simpatía en el contexto de las elecciones generales de 2019, algo que interpreto como una mayor identificación con el mensaje y el discurso planteado por el PSOE en la larga precampaña. En el caso de los otros cuatro partidos, la variable más relevante es la afinidad, que tiene más que ver con una identificación ideológica. Esto es especialmente notable en el caso de los partidos de la derecha, y más aún en el caso del PP y de Ciudadanos. También en estos partidos tiene más peso la valoración de su líder, especialmente en el caso de VOX. Se observa, entonces, una mayor identificación ideológica en el resto de partidos, especialmente en los de la derecha, y una mayor identificación con el mensaje ofrecido en el contexto de las elecciones generales en el caso del PSOE. A su vez, el PSOE es el único que tiene votantes declarados que manifiestan cierta simpatía por el discurso de los partidos de la derecha. También tiene significación la valoración de Alberto Garzón, lo que haría pensar en antiguos votantes de Izquierda Unida. Por lo demás, hay muy poca “permeabilidad” entre los votantes declarados de los dos partidos de izquierda.

La tabla 2 recoge los resultados obtenidos al tratar de diferenciar entre los que manifestaron tener decidido su voto y los que no, y entre los que tenían intención de ir a votar y los que no. En este caso la preocupación por los problemas de España sí contribuye a diferenciar entre los que tienen intención de ir a votar y los que no, y entre quienes tienen decidido a quién votar de quienes mantienen sus dudas, aunque en sentido contrario. En concreto, los que no tienen decidido a quien votar tienden a preocuparse por la educación y por la inestabilidad política. En cambio, son la preocupación por la sanidad, los problemas económicos y las pensiones los que preocupan a las personas que manifiestan su intención de ir a votar.

A su vez, se observa el mismo resultado que al analizar la intención de voto partido por partido. Es decir, en el caso del PSOE prima la simpatía (tanto para los que dicen tener su voto decidido como para los que manifiestan su intención de ir a votar). En el caso de los otros cuatro partidos, es la afinidad con el partido la que define a los del “sí” y la simpatía la que define a los del “no”. Por otro lado, y creo que esto es una cuestión clave, lo que caracteriza a los dos grupos del “no” es el escaso interés por la política (especialmente patente entre los que manifiestan que seguro o probablemente no irán a votar).

Por último, la función discriminante obtenida permite clasificar correctamente al 91,5% de las personas incluidas en el análisis sobre la intención de ir a votar, pero solo al 70% de los participantes cuando se trata de analizar si tienen (o no) decidido su voto.

A modo de conclusión, hay dos cuestiones que quiero destacar. En primer lugar, los resultados obtenidos parecen indicar que la victoria del PSOE en las elecciones del 28 de abril de 2019 se ha fundamentado en una mayor capacidad para conectar con buena parte de la población española. En este sentido, parece que los y las votantes se han sentido más atraídos por el discurso de moderación, inclusión y convivencia que ha caracterizado el mensaje del PSOE, que por el mensaje de crispación y confrontación que han ofrecido los tres partidos de derechas. En segundo lugar, las encuestas, como herramienta de análisis de la realidad social, no tienen fecha de caducidad.

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[1] “El PP da el primer paso para reprobar en el Congreso al Presidente del CIS”. Europa Press, 11 de diciembre de 2018.

[2] https://www.fundacionsistema.com/se-equivocan-las-encuestas/