POR UNA AGENDA POLÍTICA ÚTIL

simancas270716

La agenda política en democracia distribuye sus tiempos y sus esfuerzos en torno a dos grandes tareas: el reparto del poder y la atención a los retos colectivos. Ambas labores son imprescindibles y no puede concebirse la una sin la otra. No cabe atender a la resolución de los problemas en el espacio público compartido sin dilucidar democráticamente quiénes han de tomar las decisiones. Y no cabe tratar las cuestiones del poder sin atender al para qué se dispone el poder en manos de unos u otros.

La calidad de una democracia madura depende en buena medida de cuánto tiempo y cuánto esfuerzo dedica la política a una y otra agenda, la del poder y la del bienestar. Y la sensación general en nuestro país hoy es la de que se dedica demasiado tiempo y esfuerzo a los asuntos del poder, mientras se demoran en demasía las soluciones a los problemas pendientes en la sociedad española. Políticos de gobierno, políticos de oposición, analistas, periodistas y tertulianos aparecen constantemente enfrascados en las intrigas del poder, al tiempo que se desatiende la agenda más útil para el bienestar de la ciudadanía.

Ciertamente, la inevitable agenda del poder nos tiene tan embebidos de actualidad desde el pasado mes de diciembre que casi nadie se ha parado a hacer un análisis en perspectiva. Recordemos que a partir de la crisis económica y política desencadenada en 2008 se produjo un consenso muy generalizado entre analistas y tertulianos a favor de acabar con lo que se llamó el “bipartidismo”, fraccionar la representación política de la ciudadanía y abrir paso a aquello que entonces se denominaba la “nueva política”.

El balance provisional que puede hacerse ocho años después no resulta muy halagüeño. Todos los costes que ya se barruntaban entonces en términos de inestabilidad política se han confirmado con creces. Pero, sin embargo, los supuestos beneficios de aquella inflexión están aún por ver: el paso del bipartidismo al “cuatripartidismo” no ha mejorado el entendimiento entre los actores políticos del país, sino que lo ha deteriorado aún más; el fraccionamiento de la representación ciudadana se ha traducido demasiadas veces en intransigencia y bloqueo; y la esperanza de la nueva política se ha convertido en la frustración del populismo y la teatralización permanente y estéril.

Toda vez que la agenda del poder no acaba de despejarse adecuadamente, merece la pena, al menos, compartir el tiempo y el esfuerzo de la comunidad política en la atención a la otra agenda, la de las soluciones. Este es el sentido de la decisión adoptada por los diputados socialistas al registrar varias iniciativas de interés social, en pleno fragor del debate en torno a la eventual investidura de un presidente de Gobierno. Los temas a atender en esta agenda política útil han de ser, al menos, los siguientes:

  • Establecer las bases para un nuevo modelo de desarrollo, que busque prosperidad y competitividad en factores tales como el conocimiento, la formación, la investigación y la innovación, antes que en la devaluación de derechos sociales y condiciones laborales. Se trata, en definitiva, de competir en calidad y no en precio.
  • Desarrollar unas políticas de empleo valientes y efectivas en un doble objetivo: la apuesta por las políticas activas de empleo que proporcionen herramientas solventes a los colectivos más vulnerables para acceder al mercado laboral; y recuperar los derechos perdidos en el mundo del trabajo mediante un nuevo Estatuto de los Trabajadores.
  • Apostar decididamente por reducir las crecientes brechas de desigualdad social; rescatando de la pobreza mediante un ingreso mínimo vital a quienes cayeron en la exclusión social; elevando el salario mínimo; desarrollando las estrategias legales pendientes frente a la dependencia; ofreciendo segundas oportunidades ante el drama de los desahucios; y atajando en la realidad lo que la legalidad ya predica ante las discriminaciones que sufren las mujeres.
  • Alcanzar un pacto social y político en torno al futuro de la educación española, que derogue la LOMCE y proporcione a las generaciones presentes y futuras una formación de calidad con equidad, inclusiva y democrática.
  • Garantizar el futuro de nuestro sistema público de pensiones, actualizando el Pacto de Toledo y asegurando unos ingresos suficientes para atender la demanda legítima e imprescindible de unas prestaciones dignas.
  • Acometer una agenda valiente para la regeneración democrática de nuestro país, reformando la Constitución, modernizando nuestras instituciones, abriendo el sistema político a una participación más activa y permanente de la ciudadanía, y haciendo frente a la corrupción con medidas eficaces de prevención y de control.
  • Y, finalmente, comprometiendo a la sociedad española y a sus instituciones con el proyecto que más esperanza arroja sobre nuestro futuro: el proyecto de la integración europea. Mientras la globalización nos ofrece las mejores promesas de desarrollo y las mayores amenazas de autodestrucción, a un mismo tiempo, solo la suma de los sueños, de las voluntades y de los esfuerzos de todos los europeos puede ofrecernos un futuro en el que las luces de la razón y el progreso se impongan sobre las sombras del fanatismo y el atraso.