POLÍTICAS ECONÓMICAS LIMITADAS

somoza271115

No hay dos crisis iguales. Una obviedad que no hace sino dificultar la labor de los economistas y denostarlos por incompetentes ante la población. La crisis económica y financiera en la que estamos inmersos desde hace más de siete años presenta singularidades, probablemente derivadas de su severidad, por su profundidad y extensión en el tiempo. Los tradicionales resortes de la política monetaria y fiscal están casi al límite, cuando la coyuntura económica actual, caracterizada a escala europea y mundial por una demanda insuficiente y en recaída en algunos de los principales países, haría necesaria nuevas medidas de impulso.

Y es que no se puede decir que de esta ya hemos salido. Al menos en España. Quizá si únicamente nos fijamos en las tasas de crecimiento económico, en el entorno del 3%, admitiríamos una expansión de la actividad, pero tasas de paro superiores al 21%, que son cuatro veces superiores a las de países como EEUU o Alemania, no deben permitir relajar la acción de política económica. Pero no solo el paro, la economía española presenta otros desequilibrios no resueltos. La deuda pública está a un paso de llegar al 100%, y mientras, las cuentas públicas siguen mostrando déficit año tras año superando las previsiones y los compromisos con nuestros socios europeos definidos en los Programas de Estabilidad. Por el momento nos salva el que los tipos de interés del euro se encuentren en mínimos históricos, lo que ha posibilitado que puntualmente se hayan producido tipos negativos en algunas referencias de letras y bonos. Pero esta singularidad de tipos de interés prácticamente igual a cero, derivada de la extraordinaria beligerancia de la política monetaria a la que se ha debido recurrir a escala europea no puede durar eternamente. En primer lugar, porque se trata de eso, de una anormalidad que además pierde su virtualidad con el paso del tiempo, pero también porque está evitando la recuperación de una parte del sector financiero (banca) y que puede poner en peligro a otra parte como las compañías de seguros que no pueden generar la rentabilidad suficiente para atender los compromisos. Cuando los tipos de interés suban, que subirán, la factura anual en términos de intereses que se deberá incluir en los presupuestos, detraerá recursos de cualesquiera políticas y programas de gasto que el Gobierno de turno desee llevar a cabo, convirtiéndose en la principal partida de gasto con excepción de los gastos de personal.

Si son escasas las posibilidades de ir más allá en políticas monetarias de corte expansivo, no son muchas más los grados de libertad de la política fiscal. Por el lado del gasto ya hemos comentado que la deuda está en un nivel muy elevado, y no es consuelo recordar que en la zona Euro países como Italia o Bélgica vienen manteniendo esta ratio muy por encima, o que la de Japón es de un 200%. Y por el lado de los ingresos, en mi opinión, tampoco es planteable una subida de los tipos impositivos (que están en niveles homologables a los de nuestros comparables, es decir, nuestros socios comunitarios) o la creación de nuevas figuras tributarias que tengan un verdadero impacto en las cuentas, como forma de reducir el déficit pero que tendría efectos contractivos para la economía. Es cierto que España aún tiene margen para mejorar una capacidad recaudatoria que, partiendo hace cuarenta años de un nivel ínfimo, no ha logrado en este período ponerse a nivel europeo. Distancia que además se ha ampliado en esta crisis de manera significativa debido a un sistema tributario con defectos estructurales de diseño. El Gobierno de Rajoy no ha acometido en estos años verdaderas reformas en esta línea, por lo que sigue siendo una asignatura pendiente.

Este comentario de Coyuntura Económica no ha salido muy optimista. Efectivamente, la gama de instrumentos que los manuales de política económica señalan para hacer frente a crisis económicas han sido más que exprimida en esta. Y cuando parecía que salíamos, nuevas incertidumbres (atonía de la demanda, crisis de los países emergentes, desaceleración en China, conflictos en Oriente Medio, …) sobrevuelan. El próximo Gobierno no lo va a tener fácil.