PODEMOS ENTRA EN LAS PRIMARIAS DEL PSOE

En el nacimiento de Podemos, este partido trazó una frontera infranqueable entre ellos y el resto, englobado ese resto en la denominación de casta. Era la casta un conglomerado político donde convivía la derecha, la izquierda, los diversos nacionalistas y cualquiera que se dedicara a la política en España siempre que no lo hiciera dentro de un círculo ciudadano de obediencia a su líder. En esa primera fase, la ortodoxia política podemita estaba muy clara: era legítima la política solo si la hacían ellos.

Luego, aparentemente, esa frontera empezó a abrirse. En un segundo momento, empezaron a acoger a otros grupos aledaños. Ya no solo era necesario pertenecer a un círculo sino que la pertenencia a una marea, o similar, era tambien un salvoconducto de legitimidad, siempre que reconocieran el funcionamiento de un centralismo, democrático eso sí, que certificara esa legitimidad. Para distinguir esa diferencia había, más allá de las denominaciones regionales, que tintarse de color morado para no ser casta.

Vino a continuación un momento en el que, en algunos ayuntamientos, al no ponerse de acuerdo los partidos de la casta, permitieron que gobernara ese nuevo conglomerado unificado con el color morado. Fue entonces cuando se dieron cuenta de que si, en toda España, querían disfrutar de una característica tan genuina de la casta como es la de tocar poder, no les bastaba con sus solos votos e iniciaron, por necesidades electorales, un periodo de mayor apertura. El cálculo era muy fácil de hacer ya que su proporción en el Congreso de los Diputados no permitía que una falta de entendimiento de los demás partidos, como había pasado en los Ayuntamientos, les permitiera gobernar.

Hay dos hitos de este momento. El primero, la investidura de Pedro Sánchez como Presidente de Gobierno. Iglesias Turrión, en un gesto que él mismo calificó como histórico, ofreció sus votos en el Congreso para sumarlos a los del PSOE. Era, efectivamente, heterodoxo con los principios de Podemos el que esta formación se abriera a colaborar con un partido de los que componían la casta. Y, nada menos, que el de la cal viva como está registrado para la historia en el Diario de Sesiones del Congreso de los Diputados. Histórico, realmente. Pero había una condición: el PSOE, obviamente, no era de fiar. Y, por si no era obvio, el mismo Iglesias Turrión lo dijo en su ofrecimiento. Por eso, el PSOE debía legitimarse para llegar al poder con los votos de Podemos. ¿Cómo? Llevando a Iglesias Turrión como Vicepresidente y a los varios compañeros-fondo de foto con los que apareció, como ministros. O eso, o Pedro Sánchez perdería la oportunidad de su vida (sic). Y Pedro Sánchez, en un gesto de dignidad, la perdió.

Hay otro aspecto de este momento que prueba el carácter de legitimador que se arroga Podemos. Se trata del veto que puso, en esas circunstancias, a Ciudadanos, formación con la que el PSOE acababa de firmar un acuerdo que no podía romper. Podemos, en un gesto histórico, podía aceptar su apertura al PSOE, si este le retribuía con algunas carteras ministeriales, pero no a Ciudadanos. ¿Qué le aportaba este partido? Nada, ni siquiera votos porque, aritméticamente, eran innecesarios.

El otro hito de esta apertura fue la incorporación de Izquierda Unida, antiguo componente de la casta, al ticket electoral de junio de 2016. Tambien fueron electorales los motivos de esta apertura, ya que se trataba de sumar, en una ingenua aritmética, los votos de ambas formaciones en las anteriores elecciones para forzar en su favor el reparto de restos de la Ley D’Hont. En este caso, el precio para el partido amnistiado fue la disolución de un partido histórico en un grupo de reciente creación, la decoloración del rojo al morado y la subordinación de sus escasos miembros a los designios del líder indiscutible.

Ahora, deben pensar en Podemos, una vez ocupada la totalidad del espacio a la izquierda del PSOE solo le separan dos escalones hasta el poder: el PSOE y el PP. De momento, a Ciudadanos lo consideran más un adversario en los caladeros de la nueva política que un posible aliado, sobre todo por la insuficiencia de su peso electoral: aportarían menos que la pérdida de prestigio que supondría un acuerdo con ellos. Aunque, con Podemos no hay nada imposible. Pensar en abrirse al PP es, no solo electoralmente impresentable sino, perjudicial para Podemos: un imposible acuerdo con el PP les dejaría sin el núcleo del mal a combatir y, sobre todo, del adversario natural del PSOE y quien debe ocupar a este partido la mayor dedicación de sus esfuerzos.

Porque el verdadero adversario de Podemos es el partido que ha almacenado, hasta ahora, el mayor número de votos del que se está nutriendo, y quiere seguir haciéndolo, desde su creación hace ahora tres años. Es el PSOE el próximo objetivo de la actividad política de Podemos, bien para vencerlo, bien para asociarse con él. Esa disyuntiva ha debido ser la línea de separación del reciente conflicto entre Iglesias Turrión y Errejón Galván. Ya sabemos quién ha ganado, de momento, aunque puede que su estrategia sea utilizar esas dos vías, alternativa o simultáneamente.

Pero es que en el PSOE tambien parece haber diferencias respecto a su relación con Podemos y esas diferencias se pueden estar poniendo de manifiesto, bien es verdad que de manera difusa, en el actual proceso de primarias. Esa ambigüedad deriva, por una parte, de que el probable rechazo a Podemos de los militantes del PSOE convive con el hecho de que varios de sus dirigentes que gobiernan en algunas comunidades autónomas lo hacen por el voto, o la abstención de esa formación en su investidura. Lo que no impide que esos dirigentes regionales estén, ahora, apoyando a Susana Díaz la candidata que, no debiendo nada a Podemos, se encuentra encabezando la oposición a cualquier acuerdo con este grupo político.

En el otro extremo de ese gradiente de alejamiento-cercanía a Podemos, se encuentra Pedro Sánchez. No es que el líder socialista, que pudo ser Presidente del Gobierno y no lo fue porque Podemos lo evitó, sea un entusiasta del color morado, que no creo. Pero es el candidato que, con más claridad, ha mostrado su disposición al acuerdo con otras fuerzas políticas y hay quien piensa que, morado y con asas, no hay mucho donde elegir en el panorama político español.

Y, ahora viene la tesis de este artículo después de tan larga introducción: ¿qué ha hecho Podemos?. Pues algo tan sutil como nos tiene acostumbrados: incluir a Felipe González entre las siluetas que adornan su ingenioso tramabús, formando parte de la mafia que representan, en la valla circulante de Podemos, el resto de personajes todos ellos relacionados con el PP y/o procesos penales abiertos por los tribunales de justicia españoles.

Pero, ¿qué ha hecho Felipe González para merecer tal honor?. Ni ha estado imputado en ninguna causa, ni pertenece al PP, ni se le reconoce afinidad con ninguno de los otros compañeros de tramabús. Ni siquiera el hecho de ser socialista le distingue para ser incorporado a ese elenco. Si Podemos quería un socialista corrupto, desgraciadamente tenia alguno para elegir. Alguno de ellos resucitado del olvido por una reciente película sobre Paesa.

Pero, ninguno de esos otros socialistas que Podemos hubiera incorporado a su trama para hacerla parecer transversal tiene la característica de haber apoyado públicamente a Susana Díaz. Y, además, con un carácter ciertamente icónico. Felipe González es ya una referencia histórica del socialismo español, aunque en estos momentos, por su posicionamiento en un proceso que está resultando traumático, esté, él tambien, sometido a escrutinio.

¿Es esta una forma de intervención de Podemos en las primarias del PSOE? A mí no me cabe ninguna duda. Esa costumbre de expedir patentes de legitimidad que ha exhibido Podemos hasta ahora, se hace aquí a sensu contrario. Felipe mafioso es equivalente a Susana Díaz, su apadrinada, indigna, ergo su principal adversario, Pedro Sánchez, se encuentra, si no con el punto positivo del apoyo explícito de Iglesias Turrión, lo que hubiera sido grosero incluso para los estándares de Podemos, sí sin el punto negativo de su insulto. Obviamente, Pedro Sánchez no ha entrado en este juego y ya ha respondido elegantemente en la primera entrevista televisiva en la que ha tenido la posibilidad de hacerlo, deplorando la utilización que, de la figura de Felipe González, hace Podemos.

Me atrevería a pensar que esta incorporación de Felipe González al tramabús es, precisamente, el motivo por el que Podemos ha puesto en circulación tan sutil dispositivo de propaganda. Lo que ocurre es que, como saben, yo tengo una gran opinión sobre el ingenio de esta gente.