¿PLAN JUNCKER 2.0?

¿PLAN JUNCKER 2.0?

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En su discurso del 14 de septiembre de 2016 ante el pleno del Parlamento Europeo reunido en Estrasburgo, el presidente de la Comisión propuso entre otras cosas doblar la cuantía del Plan de Inversiones para Europa hasta alcanzar los 630.000 millones de euros para el 2022.

Esta propuesta supone, en cierto modo, reconocer que el conocido como Plan Juncker no está teniendo un impacto macroeconómico apreciable a la hora de reactivar la economía europea y reducir el alto paro.

Lo que Jean Claude Juncker tiene que explicar es de dónde sacará al dinero para aumentar la dotación del Fondo Europeo para las Inversiones Estratégicas (FEIE) tal y como ha prometido en el marco del debate sobre el Estado de la Unión, salvo que se proponga hacer un segundo ejercicio de ingeniería financiera con el magro presupuesto de la Unión, lo que carecería de toda credibilidad.

En cambio, la Comisión tendría que posicionarse a favor de incrementar el Marco Financiero Plurianual, que en 2013 luminarias como Cameron y Merkel acordaron reducir por primera vez en la historia de la Unión, de modo que se dispongan de recursos adicionales para financiar la asistencia a los refugiados, la bioeconomía, la investigación y el desarrollo, redes intra-europeas de energía y transportes, y la política exterior de la Unión, es decir, los bienes públicos regionales de los que se benefician el conjunto de los ciudadanos europeos.

Si como es habitual, los Estados miembros se niegan a aumentar sus contribuciones al presupuesto comunitario, la Comisión y el Parlamento deben asumir la petición ciudadana del New Deal for Europe[1], la cual lleva años reclamando un plan de inversiones creíble, es decir dotado de recursos adicionales que provendrían del impuesto a las transacciones financieras internacionales, el impuesto sobre el carbono, y la emisión de deuda pública europea. También se podría recurrir a los beneficios del Banco Central Europeo.

Lo que no es de recibo es volver a detraer recursos del presupuesto comunitario, particularmente de partidas de inversión tan fundamentales como Horizonte 2020 y la Connecting Europe Facility, como se hizo en la primera versión del FEIE.

Es más, se podría contemplar el lanzamiento de una cuenta europea de ahorro, con un interés mínimo garantizado, y cuyo capital, gestionado por el Banco Europeo de Inversiones, se destinaría exclusivamente a financiar inversiones en energías renovables y desarrollo sostenible, a imagen y semejanza de la livret de développement durable francesa.

En todo caso, es fundamental dotar de dinero adicional al Plan de Inversiones para Europa si se quiere que sea un instrumento útil para impulsar el crecimiento económico sostenible y la creación de puestos de trabajo de calidad.

[1] Véase http://www.newdeal4europe.eu/en/