PENURIAS E INCERTIDUMBRES DE LA INFANCIA EN UN MUNDO DESIGUAL

No es hasta el siglo XX cuando la infancia es reconocida como un período de la vida con sus particularidades y necesidades específicas, el niño como persona, con derecho a su identidad personal, a la dignidad y a la libertad. Fue hace 57 años, el 20 de noviembre de 1959, cuando en La Declaración de los Derechos del Niño, proclamada por la Asamblea General de Naciones Unidas en su resolución 1386-XIV, se alude por primera vez a los derechos de los niños. No fue de cumplimiento obligatorio para los Estados hasta 1989, cuando La Convención sobre los Derechos del Niño es adoptada por la Asamblea General de la ONU y abierta a la firma y ratificación por parte de los Estados. Los principios que la rigen obedecen a los criterios de participación, en el sentido de que los niños pueden y deben expresar sus opiniones en los temas que les involucren; supervivencia y desarrollo, de forma que los Estados adopten medidas para preservar sus vidas y velen por su calidad con la finalidad de garantizarles un desarrollo armónico en el plano físico, espiritual, psicológico, moral y social; interés superior del niño, de tal suerte que las instituciones públicas o privadas, autoridades, tribunales o cualquier otra entidad que tome decisiones respecto a los mismos, deben considerar las que les ofrezcan el máximo bienestar y, por último, el principio de no discriminación, de forma que no sean perjudicados por motivos de raza, credo, color, género, idioma, casta, nacimiento…

A finales del año 2016, a pesar de los avances a escala internacional en la protección de menores, en la reducción de la mortalidad infantil y en el aumento a 129 países de los niños y niñas que asisten a la escuela primaria, las circunstancias vitales de los niños en el mundo son asimétricas. No todos viven en entornos sosegados y en paz, ni hacen lo propio de esta etapa de la vida: aprender, jugar, divertirse, crecer, soñar… De hecho los más pobres tienen el doble de probabilidades que los más ricos de fallecer antes de los cinco años y de padecer desnutrición crónica. Sirva de ejemplo que un pequeño de Sierra Leona tiene 30 veces más de posibilidades de morirse que uno británico. El acceso a la educación es también muy dispar, no en vano unos 124 millones no están escolarizados, ni finalizan su educación. En particular, 65 millones de jóvenes no concluyen sus estudios del primer ciclo de secundaria, 59 millones no cursan primaria (en su mayor parte en el África Subsahariana) y 75 millones ve interrumpida su educación por emergencias y crisis humanitarias (es el caso de los 17 millones de refugiados o desplazados internos de países como Siria, Yemen, Irak, República Democrática del Congo, Somalia…). Dos datos alarmantes sobre la situación de los pequeños en el mundo son, en primer lugar, que según la Europol 10.000 niños refugiados no acompañados en paradero desconocido y, en segundo lugar, que existen 300.000 niños y niñas soldados (fundamentalmente localizados en  la República Democrática del Congo, Afganistán, Myanmar, República Centro africana, Sudán del Sur, Somalia y Yemen…)

El informe El Estado mundial de la infancia en 2016 de Unicef alerta sobre que en el año 2030 de seguir las tendencias en desigualdad, 69 millones de niños morirán antes de cumplir los cinco años, especialmente en el África subsahariana (República Democrática del Congo, Angola, Nigeria…) y en Asia meridional (India y Pakistán), 167 millones vivirán en la pobreza, 750 millones de niñas se verán en la obligación de casarse y habrá más de 60 millones de niños no escolarizados.

España se encuentra a la cabeza de los países de la Unión Europea en pobreza infantil, hemos pasado de una tasa de riesgo de pobreza del 30% en 2014 al 34,4% en 2015 (2,9 millones de menores de 18 años), resultando los peor parados los nacidos en familias extranjeras (60,3%). Son niños que no pueden comer tres veces a la semana ni carne, ni pollo, ni pescado, tampoco vivir en sus casas con una temperatura adecuada. Sus padres tienen problemas para pagar los alquileres de sus viviendas, no afrontan gastos imprevistos, no tienen teléfono, ni ordenador, ni televisión a color y no salen de vacaciones ni una semana al año.

Otro indicador para visualizar como se desenvuelve una parte de los infantes en nuestro país es a través de la tasa de abandono escolar, que ascendió en 2015 al 20%, a distancia del 11% de la media europea. Un hecho que obedece, entre otros factores, a los recortes en educación y en protección social a los niños y las familias a los que hemos asistido en nuestro país (5.000 millones de euros menos anuales en educación respecto al año 2009 y 2.700 millones de euros menos anuales en protección social a la infancia si se compara con 2009).

España dedica un 3,7% del PIB a los centros educativos, a diferencia de lo que sucede en otros países europeos que invierten un 4,8%, hecho que explica, en buena medida, que estemos a la cabeza en abandono escolar. Por otro lado, la inversión pública en protección a la infancia se sitúa en el 1,3% del PIB, muy alejado de la media de los países comunitarios que alcanza el 2,4%, habiéndose traducido en que entre los años 2014 y 2015 el número de niños en pobreza extrema aumentó en 80.000.

Y, junto a lo anterior, en el año 2015 el número de grandes fortunas en el mundo aumentó un 4,9% y alcanzó a 15,4 millones de personas, localizadas mayoritariamente en los Estados Unidos (4,458 millones de grandes patrimonios), en Japón (2,720 millones de millonarios), en Alemania (1,199 millones) y en China (1,934 millones). En paralelo, el número de millonarios españoles creció del año 2008 al 2015 en un 50%, más que en ningún otro país europeo. Se materializó para el año 2015 en 193.000 personas que declararon disponer de un patrimonio superioral millón de dólares.

Decía Platón que “la peor forma de injusticia es la justicia simulada” y esa es la impresión que a mí me da cuando se analiza con datos el estado de millones de niños en el mundo, que por no tener no tienen nada, son objeto de las más infames tropelías, y a pesar de los avances que han tenido lugar a lo largo de la historia, en materia de derechos de la infancia, se valen en la más rotunda de las incertidumbres y penurias. Y mientras tanto el mundo gira y gira…