PENSIONES: 2 A 0

granado170516

Una de las cuestiones que han pasado desapercibidas con el culebrón de la fallida investidura de un candidato alternativo a Mariano Rajoy a la Presidencia del Gobierno, y su consecuencia directa, la convocatoria de nuevas elecciones, ha sido la del desastre en la ejecución del Presupuesto de la Seguridad Social en estos cuatro años de legislatura, que hemos conocido con la liquidación del ejercicio de 2015 a finales de marzo.

En 2015 la Seguridad Social ha reconocido un déficit de 16.707,74 millones de euros. El Ministerio de Hacienda ya había hablado en términos de contabilidad nacional de un déficit del 1,71% del PIB, una cantidad mayor. El déficit, que fue de 487,27 millones € en 2011, fue creciendo exponencialmente a la vez que aparecía el uso del Fondo de Reserva y de los excedentes de las Mutuas. Uso del Fondo de Reserva que tampoco conoce la opinión pública en detalle, porque el Gobierno de Rajoy, en su insumisión al Parlamento, tampoco ha entregado este año el Informe de gestión del Fondo de Reserva, en el que debía reconocer disposiciones cercanas a los cincuenta mil millones de euros durante toda la legislatura (los socialistas incrementamos el Fondo todos los años). Para que nos entendamos, cada pensionista español habrá cobrado (por término medio) durante la pasada legislatura casi 6.000 € de las reservas que la Seguridad Social tenían en 2011 y de las plusvalías generadas por vender anticipadamente deuda comprada en su día a alto interés.

Este hecho desmiente algunas afirmaciones. Las de los responsables de Seguridad Social del Partido Popular, que con tanto desconocimiento como desvergüenza afirman que en 2011 los socialistas habían dejado a la Seguridad Social en quiebra. Pero también la de algunos asesores fantasiosos de Podemos, que afirman en sus estudios que las reformas de 2011 y 2013 han bajado las pensiones un 20%. Si esto fuera verdad, los estudios sobre desigualdad social no dirían que el grupo de mayores de 65 años es el único que ha sorteado la crisis, ni los pensionistas votarían con tanta rotundidad al partido en el Gobierno.

Por si esto no es suficientemente malo, el incremento del déficit se ha producido a pesar de la práctica congelación de las pensiones, de que el Gobierno asumiera la financiación al 100% de los complementos a mínimo de pensión, y de que para las cotizaciones es indiferente que se cree o destruya empleo.

Para que comprendamos la magnitud del problema, basta con comparar las liquidaciones del Presupuesto de 2011, el cuarto año de la crisis, con el de 2015, el del “comienzo” de la recuperación económica. En 2011 las transferencias corrientes del Estado al Presupuesto de la Seguridad Social (prestaciones no contributivas, cotizaciones de desempleados) fueron de 8.091,91 millones de euros, y el déficit fue de 487,27, lo que arroja un total de 8.579,18 millones de euros de dependencia de recursos externos. Las cotizaciones sociales fueron 105.311,66 millones de euros, lo que estable un ratio entre recursos internos y externos del 8,15%. En 2015 las cotizaciones sociales fueron 100.492,92 millones (sí, lo han leído bien, cinco mil millones menos en el año de la recuperación que en el cuarto año de crisis, con un crecimiento reducido). Las aportaciones del Estado fueron 13.090,35 millones de euros (el Estado abona el 100% de los complementos a mínimo de pensión) y el déficit de 16.707,74 millones de euros. El ratio entre recursos internos y externos fue en 2015 de 29,65%, es decir, 3,6 veces mayor.

El problema del déficit es simple: se ha convertido en estructural. La economía española con la reforma laboral de 2012 apostó por la devaluación competitiva de los salarios. La nueva competitividad no vendría de la innovación, sino de menores sueldos y mayores jornadas. Pero como ya dije en enero de 2012, es imposible no devaluar los salarios sin devaluar las pensiones a continuación. El Fondo de Reserva, a este ritmo de di-gestión dejará de existir en 2018. De ahí el título de esta colaboración, en 2 años estaremos a 0 en reservas. ¿En 2019, sin reservas, el Gobierno va a aportar 40.000 millones de euros a la Seguridad Social? ¿En qué país del mundo el Estado aporta al sistema de protección social el 3,8% del PIB, además de financiar al completo la sanidad y los servicios sociales con tributación general? En ninguno.

Los gastos en pensiones crecen lo mismo que crecían antes: la inflación más el 3%. Los ingresos no crecen lo mismo que el empleo, porque las nuevas bases y jornadas son menores. Y además, están bonificados por la propia Seguridad Social. Ahora serían necesarios siete nuevos cotizantes para financiar con sus cuotas dedicadas a pensiones cada nueva alta de jubilación. ¿Catorce millones de nuevos trabajadores para dos millones más de pensionistas?

Todo esto es sabido, pero las cosas por sabidas no son conocidas, y nadie tiene interés en anunciarlo. El PP, porque arruina su relato de brillantes gestores con una historia cercana al terror. Podemos, porque arruina su relato de horribles recortes generalizados y su consideración de que la gestión del Partido Popular y del PSOE son iguales, por no hablar del impacto que una secesión de las cotizaciones catalanas producirían en la actual situación del sistema. Ciudadanos porque dificulta sus promesas de nuevas mejoras o rebajas. Y me duele decirlo, pero los socialistas tampoco hablamos de Seguridad Social, con el complejo -algo irracional- de que congelar un año las pensiones que no cobraran complemento a mínimo es algo de qué avergonzarse, y de que subir las pensiones un 0,25% es algo de lo que hay que estar orgulloso.

En conclusión, si los jubilados están felices cobrando, ¿para qué disgustarles con reflexiones sobre que la gallina de los huevos de oro deja de poner en 2018? Si los partidos políticos quieren prometer rebajas en la cotización, mejores pensiones a las que fueron madres, o jubilaciones anticipadas, ¿por qué razón no doparnos con la última dosis de esperanza? Si nadie quiere discutir la bancarrota a la que un modelo económico de bajos salarios ha llevado a la Seguridad Social, todos felices. Y en la próxima campaña electoral, no se preocupen, no hablaremos de pensiones. Y después las reduciremos sin discutir por qué cotizaciones y no impuestos financian la formación laboral, si no debería existir una tarifa de accidentes de trabajo más simple y eficaz, si las reservas de las Mutuas no deberían incorporarse al Fondo de Reserva, si los jóvenes con años en el paro deben ser condenados a una pensión exigua por no permitírseles pagar cuotas a posteriori, y tantas otras medidas que podríamos adoptar para mejorar los maltrechos ingresos de la Seguridad Social.