¿PEDRO SÁNCHEZ TIENE UNA ESTRATEGIA?

noguera240216

Los días que quedan hasta el debate de investidura serán desconcertantes. Mucho más que todo el proceso que hemos vivido de largas esperas, de escenografías, de celos y amores.

Da la impresión de que Pedro Sánchez y su equipo tienen una estrategia definida, pero ¿cuál? Porque los números no salen.

Es cierto que el reto que se ha autoimpuesto Sánchez es francamente complicado, ya lo advirtió todo el mundo desde el principio. No hay mayoría suficiente ni en la izquierda ni en la derecha para tener un Gobierno estable. Y las partes parecen irreconcibiliables, o al menos, así se encargan unos y otros de manifestar. Tal y como está ahora mismo la situación, no parece viable una investidura de Sánchez pues no hay diputados suficientes para permitirlo, pero, por otra parte, todos se empeñan en abjurar de unas nuevas elecciones. Estamos pues ante la cuadratura del círculo.

Algunas estrategias de estas semanas pasadas denotaban cuánto menos bisoñez.

Por ejemplo, no fue muy afortunada la imposición de Podemos y Pablo Iglesias de pedir la mitad del gobierno con nombres y apellidos. Eran los suyos, su grupo, sus amigos, los que habían resistido y llegado hasta allí, con los que comparte su núcleo íntimo. ¿No hay nadie más? ¿Dónde están los nombres de prestigio, las personas que pueden ser aceptadas independientemente de su adscripción a un partido, porque su adscripción ideológica y política pertenece al patrimonio de la izquierda?

En mi opinión, no fue muy acertado. Era un paso para convertirse en “casta” aquellos que tanto han bramado contra esta condición.

Creo que tampoco fue acertado con sus líneas rojas tan firmemente mediáticas que luego hay que matizar. ¿Dónde quedaron aquellas palabras de Iglesias manifestando qué bien se llevaba con Rivera? Las apariciones de Pablo Iglesias en ruedas de prensa marcando líneas rojas e imposiciones no han sido muy acertadas, porque Iglesias es, ante todo, un hombre combativo, de oposición, de resistencia, pero muestra un talante difícil como negociador. Y sus apariciones han generado más rechazo que proximidad.

Claro que la izquierda y la derecha tienen planteamientos diferentes y posiciones económicas y sociales distintas, pero parece que o Pablo Iglesias lo ha descubierto ahora (ya sabemos que no es así), o lo ocultó intencionadamente en la campaña para recoger votos de donde vinieran.

Tampoco he entendido muy bien la estrategia de Rivera y Ciudadanos insistiendo una y otra vez con el tema de la rehabilitación del PP. Pasaron del aislamiento por la corrupción y los ataques más duros en campaña a una bonhomía “ingenua” e incluso incomprensible para sus propios votantes que habían huído del hedor del PP. Ya sabemos que hay diferencia entre la cúpula y representantes del PP y su electorado, pero a su electorado le corresponde decir basta a la actitud de Rajoy.

¿Qué pretendía Rivera haciéndose el niño bueno y negociador con el PP? ¿Ganar su electorado? ¿Hacer de mediador? ¿Salvarle las barbas a Rajoy? Ni una sola condición ética, de regeneración, de asunción de responsabilidades políticas para hablar de negociación. En fin, al discípulo se le vieron las ganas de protagonismo cuando había quedado en el córner.

¿Y Rajoy? ¿Qué le queda ahora esgrimiendo los nombres de imputados que han sido rehabilitados? ¿De proteger a Rita Barberá con el argumento manido de que “yo no sé de qué se le acusa”?

Pretende seguir adelante, no propiciar renovación en su partido que pase por él, y aún cree que el fracaso de Sánchez será su éxito. Todo ello sin medir las consecuencias que la corrupción está generando en su partido, donde algunos territorios, como Valencia, se desangran pensando en una refundación.

Pero la incógnita la mantiene el PSOE y Pedro Sánchez.

¿Hacia dónde va y qué persigue? ¿Es posible pactar con Ciudadanos y con Podemos? En estos momentos es completamente imposible. ¿Cómo va a conseguir la cuadratura del círculo?

Hay muchas lecturas que se pueden hacer:

  • Que el PSOE quiere dejar aislado a Podemos y obligarle a votar abstención en la investidura porque si no se quedaría en la negación al igual que el PP, es decir, ocupando los extremos.
  • Que si Podemos al final no acepta la investidura y vamos a nuevas elecciones será culpa de Iglesias y no de Sánchez, pero ojo que es una estrategia arriesgada porque la militancia socialista (siempre más a la izquierda que la dirección del partido) puede pensar que el pacto con Ciudadanos ha sido una cesión a la derecha.
  • Que al final habrá un gobierno de minoría del PSOE con acuerdos puntuales, lo que ofrece una inestabilidad permanente.

De monento, se ha llegado hasta aquí. A puertas de una investidura y con tiempo por delante para seguir negociando.

Esta vez no hay analista político que pueda prevenir el resultado final, porque, además de las estrategias de cada partido, cuentan también, y mucho, las animadversiones, recelos, faltas de confianza, protagonismos y personajes secundarios que opinarán y decidirán sin haber estado en el meollo de las negociaciones.