PAUTAS PARA CONVENCERSE DE QUE ES UN NUEVO TIEMPO. MOMENTO PARA UNA BUENA OPOSICIÓN

En el tiempo transcurrido entre las elecciones de diciembre y junio, y posteriormente entre estas y el cambio del liderazgo forzado en el Partido Socialista, todo se convirtió en presiones de distinta naturaleza y con distintas direcciones de que España necesitaba un gobierno ya. Les remito a los múltiples artículos publicados en este digital por mí mismo y por otros compañeros dando cuenta de ellas. Estas presiones tenían un sólo sentido, que se facilitara el Gobierno del PP y de Rajoy. Hoy aquellos que presionaban serían deshonestos intelectualmente si no reconocieran que el gobierno investido y su Presidente son totalmente censurables, aunque los ciudadanos en las encuestas sigan manifestando su apoyo. Ahora bien, una cosa es la censura y otra la alternativa ofrecida, aunque dudo que pueda existir algo peor que un gobierno acosado judicialmente por la corrupción.  Los ciudadanos lo perciben y manifiestan, creciendo su preocupación en 12 puntos en un mes. Si unimos a la corrupción lo sucedido con la sentencia del Tribunal Constitucional sobre la amnistía fiscal, “el apaño del Banco Popular”, poner la radio cada mañana supone un sobresalto: “se pagan plazas hospitalarias que no existen”, “Gallardón, el ex Ministro de Justicia, Presidente de la CAM y Alcalde de Madrid gasta 11 millones en proyectos falsos”. El corrupto se considera impune y salvable por amigos o las urnas, lo cual hace imposible que se corrija.

Motivos sobrados, por tanto, hay.

El número montado en la Asamblea de Madrid, por censurados y censuradores, demostró que la política puede ser cada día aún más soez. Madrid con una buena oposición será el talón de Aquiles de los populares, pero no vendrá de la mano de Podemos. Aún así perseveran en el error,  Iglesias daña la democracia, termina convirtiendo la política, por su sobreactuación de comediante renacentista, en función teatral, esto le hace perder la razón, asumiendo a la perfección el papel de “gracioso o donaire” como si la sesión parlamentaria fuera un entremés de Lope de Rueda. Lo que me preocupa no es que Podemos va a pasar a la historia con más tristeza que pena. Me preocupa que sus electores se sientan frustrados y costará recuperarlos para la democracia y para las políticas de progreso. Si Iglesias diluye lo que creó, por personalismo irrefrenable agudo, es irrelevante; que cinco millones de ciudadanos se desafecten políticamente, no. Su NO al candidato del PSOE fue su adiós a cualquier opción de pacto serio mientras Iglesias esté, fue el momento que debió de dejar de preocupar Podemos a los socialistas. Sus electores serán tan recuperables como de bueno trabajo de oposición sea.

Es por ello que hoy lo que España necesita, en primer lugar, es una oposición para que con un trabajo serio se pueda convertir lo antes posible en una alternativa de gobierno.

La cuestión está, en este contexto, con quién, cómo y para cuándo se construye esta alternativa.

El Partido Socialista ha sufrido un aldabonazo en su interior como para tomarse la cosa muy en serio. Ahora no debe equivocarse en, por defender el huertecito de alguno, perder gran cantidad de tierra fértil en la que sembrar. Convencerse de que es un nuevo tiempo no es cuestión que lo piense uno o media docena que lo rodee, es algo con lo que, sincera y seriamente, tienen que estar comprometidos la mayoría, y no tener como actitud quedarse esperando a ver pasar el cadáver del enemigo o pincharle las ruedas para conseguir que se salga en la próxima curva.

Lo he dicho en otras ocasiones y no me cansaré de repetirlo: la socialdemocracia no está en crisis, lo que está es cómo se ejecuta la política; la elipse que se recorre para justificar como política socialdemócrata lo que no lo es; las actitudes y talantes que se exhiben y que no se compadecen con la cultura política socialista, con sus valores.

A parte de la responsabilidad, en este momento hay que pedir más. Exigir una verdadera actitud regeneradora y apartar del entorno partidario a aquellos que han hecho creer a muchos ciudadanos con trapisondas clientelares que “todos son iguales”. Un nuevo tiempo merece esta higienización en las zonas de rozamiento con la sociedad.

En el Congreso Socialista saldrá un buen documento político y programático, sin duda, pero lo malo es que irá a un estante y esperará a que el polvo se deposite en sus páginas (o en el pen). Es el momento de que los socialistas vuelvan a la calle, tranquilos, no a manifestarse domingo a domingo como hace el PP cuando no gobierna, ya sea por el aborto, la educación, el matrimonio gay o Gibraltar español (como hacia el SEU), el motivo da lo mismo, el caso es que se proyecte el malestar. Tampoco es ocupar la calle rodeando las instituciones gritando fuera y cobrando dentro o haciendo “escraches” en casa de Montoro para que dimita.

Los socialistas tienen que salir a las calles a hablar con los ciudadanos, las personas, los hombres y mujeres de la España plural, esto no es retórica. El socialismo no es un movimiento de gente, es de trabajadores, consumidores, profesionales, jóvenes, mujeres, pensionistas, ecologistas… Con los ciudadanos se habla donde cada uno está, en los colegios profesionales, sindicatos, asociaciones, ONGs, en todos aquellos lugares donde están; pero hay que ir a buscarlos. Es lo que los partidos de izquierda llamaban en los setenta trabajar con los movimientos sociales, ahora para implicarlos, no para controlarlos. Hablar con ellos, contar con ellos, eso es importante. Es la cuestión. Los ciudadanos quieren realmente saber qué está pasando aquí, en Europa y en el Mundo, pues lo que tienen es, por este orden, hartazgo, desazón y un cúmulo de incertidumbres.

Los ciudadanos quieren saber qué hacer y cómo con el tema catalán y el resto de la organización territorial, necesitan saber qué es la Declaración de Granada de la que se habla y qué hacer con el envite del Gobierno de la Generalitat, qué quiere hacer el PSOE y qué hacer todos. Cómo conjugar Unidad y Pluralidad, reformar la Constitución ¿cómo y con quién? En neto, los españoles quieren que les ayuden a convencerse de una solución.

Igualmente les preocupa Europa en la que creyeron fervorosamente, a la que agradecen que propiciara el desarrollo español. Fue un tren al que se subieron de la mano de los socialistas. Ahora no saben si Europa se está rompiendo o ya lo está. Eso genera miedo, pues se une a ello un fenómeno en el cual ven que nadie tiene la solución, y está atacando el corazón europeo, el yihadismo. Es constatable que para nuestros socios contamos poco. Más precisos, perdimos el liderazgo compartido que en tiempo tuvimos y ahora somos meros ejecutores de sus decisiones. Los españoles piensan que merecemos más, queremos y debemos estar en la solución europea, la que sea. Son respuestas que no solo preocupan a los empresarios, es una preocupación ciudadana, pero que las ven de lejos porque la política está “a sus cositas”.

Los jóvenes, los trabajadores, los emprendedores están angustiados por un desarrollo tecnológico que va más rápido de lo que es posible entender. Todo son aquí incógnitas y cuando se anuncia que está llegando una cuarta revolución industrial que va afectar al trabajo, a las relaciones laborales, a la distribución de la renta, somos incapaces de imaginar, pero que va a llegar es dato cierto y está afectando ya. Lo ven y lo sufren los parados, los jóvenes y sus familias.

Y, por último, aquello que se ha convertido en la “marca España”: la corrupción. Lastrando economía, convivencia y dignidad ciudadana. Ello obliga a, más que conocer qué se va a hacer,  comprometer a los ciudadanos y a toda entidad cívica y a los muchos, mayoría, de empresarios honestos a ayudar a pasar el algodón limpiador.

Es una agenda tan complicada, tan inmensa como ilusionante, es recuperar la política, y esa ilusión es la que tiene que trabajarse con los ciudadanos hasta demostrarles que votar al Partido Popular es de todas las opciones posibles la peor y sí existe una que es la mejor. Mejor pues puede cambiar las cosas.

No es cuestión de radicalismo, no es de ser más de izquierdas o ser 100% de nada. Es el trabajo constante, coherente y dirigido a conseguir la confianza de aquellos que pueden llevarte de la oposición al gobierno. Volver a la persistencia del Candidato Víctor para conseguir el disputado voto del Señor Cayo en la aldea perdida. Trabajar con los medios de comunicación pero no para los medios de comunicación que tienen sus propias dinámicas.

El Parlamento, visto lo visto, en esta legislatura puede servir para dos cuestiones, muy importantes pero no suficientes para hacer ver a los ciudadanos que el cambio va en otra dirección. La primera para dejar constancia que el Partido Popular se ha convertido en un perjuicio para España y los españoles y la segunda para ser capaces de liderar iniciativas transformadoras ganando al gobierno, sumando fuerzas de la oposición. El tiempo no nos puede dejar anclados. Rajoy ha demostrado con sus ausencias en la moción de censura que el Parlamento le gusta verlo por la tele.

Es de esperar que aquellos que, con tanta vehemencia, presionaron para tener un gobierno débil y manchado, ahora tengan la misma ilusión para que se construya una oposición fuerte que pronto esté en condiciones de ser gobierno por el bien de España.

Es cuestión de ayudar a que madure la fruta en lugar de mover el árbol para que caiga.