PARA EL REGRESO, ARENAS MOVEDIZAS

El nuevo curso se anticipa agitado. Se da por descontado en los escenarios de crisis, en los que, por supuesto, ni siquiera puede hablarse de pausa estival (Siria, Venezuela, Yemen, Libia, Turquía, Corea del Norte, Iraq, Palestina, Afganistán, etc.). Pero el panorama se antoja también inquietante en otros lugares por lo general considerados estables, como Europa y, singularmente Estados Unidos.

EL DESGOBIERNO DE TRUMP

En los mencionados escenarios internacionales incide de manera especialmente negativa el descontrol cada día más evidente en la única superpotencia mundial. Washington ha pasado a ser, en sí mismo, un factor de preocupación y no un elemento de estabilidad.

La deriva caótica del mandato de Trump debilita también la gobernabilidad interna del país. Las relaciones entre el Capitolio y la Casa Blanca son cada día más disfuncionales: ahí están la ácida polémica sobre la ley sanitaria o las sanciones del Congreso a Rusia frente a los deseos del Presidente de una normalización con el Kremlin (ensayada en el escenario sirio).

Trump desconfía de quienes él mismo ha nombrado, como acredita el desencuentro casi obsceno con el Fiscal General (y Ministro de Justicia) o el destemplado despido del portavoz presidencial (al que nadie echará de menos).

Circulan ahora rumores sobre la dimisión del Secretario de Estado, Rex Tillerson. La diplomacia norteamericana se encuentra bajo asedio. Cientos de puestos sin cubrir. Políticas básicas pendientes de definir. Recortes de fondos sin precedentes. Desconcierto general. Descontento masivo. Y lo que faltaba: nula sintonía con el Presidente. Lo único que funciona es aquello en lo que él no mete mano.

Resulta sintomático que, entre los continuos debates que genera el actual desgobierno en Washington, se haya colado también el de auto perdón. Es decir, el perdón de Trump a sí mismo, en caso de que se confirmaran faltas, delitos o crímenes (según calificación) del inquilino mayor que impulsaran el impeachment. A falta de precedentes y de prescripciones constitucionales claras, el debate jurídico está servido.

Como ya han señalado algunos analistas, aunque finalmente Trump no pudiera ser destituido por falta de pruebas en la trama rusa, o por cualquier otra razón relacionada con sus prácticas ilegales como candidato, no debe descartarse otra vía para desalojarlo de la Casa Blanca: la incompetencia probada. Esta última imputación más complicada de acreditar en términos jurídicos, pero muy transparente en su dimensión política y mediática.

A la vuelta del receso estival, empezará la campaña de las legislativas de mitad de mandato (noviembre de 2018). Es más que probable que los republicanos quieran marcar distancias con un ejecutivo que desacredita y mancha. Pero su división más profunda de las dos últimas décadas es un factor adicional de debilidad.

El estrepitoso fracaso continuado de acabar con la reforma sanitaria de Obama es un ejemplo cruel de la duplicidad del Great Old Party (GOP). El revanchismo de sus líderes legislativos se ha estrellado con la sensatez o simplemente el pragmatismo de algunos de sus colegas más moderados, y sobre todo de los gobernadores que atisban, sin grandes dificultades, el enorme daño que provocará el desmantelamiento de un ya de por sí modesto sistema de protección sanitaria.

MAY: LA PESADILLA DEL BREXIT              

El Brexit será otro asunto que, tras el receso, tomará fuerza imparable será el Brexit. Aunque se ignora en qué dirección. En Europa se tiene la sensación de que Londres no negocia con seriedad. O porque no sabe lo que quiere o porque no puede, debido a las contradicciones internas, a la debilidad política o al agarrotamiento que produce un futuro muy plagado de incertidumbres. El caso es que el gobierno británico no enseña papeles no presenta propuestas. Se limita a perder un tiempo del que, paradójicamente, carece.

El acuerdo poselectoral con los unionistas del Ulster, que la Premier May creyó suficiente para salvar los muebles del desastroso resultado del 8 de junio, se ha revelado muy alicorto. Las aguas bajan muy turbias en el Partido Conservador. Se habla de luchas internas y de candidatos para dar el golpe de gracia a una jefa de gobierno que ha resultado menos competente de lo que parecía. La sombra del ocaso de Thatcher planea sobre Downing Street.

Esta crisis interna en el campo euroescéptico alienta a quienes reclaman otra consulta, pero esta vez sin mentiras, sin propaganda engañosa. Del Brexit means Brexit se puede pasar al Brexit not anymore.

MACRON: SE ACABA LA LUNA DE MIEL

Tampoco es que el otoño se anuncie muy prometedor en aquellos lugares o para aquellos dirigentes que han concluido el presente curso político como vencedores natos. Son los casos del flamante Presidente de Francia, Emmanuel Macron, o la Canciller de Alemania, Ángela Merkel.

Macron ha tenido su primera crisis con la sorprendente (por inhabitual) dimisión del Jefe del Estado Mayor, debido a desavenencias por los recortes presupuestarios. El episodio no debe tener mayores consecuencias en sí mismo. Pero anticipa las dificultades que el nuevo gobierno puede encontrarse a la hora de alinear sus optimistas discursos con las exigencias de la realidad.

Una inesperada, abrumadora (y quizá irreal) mayoría parlamentaria no es garantía suficiente de gobernabilidad, por cómodo que le resulte al Ejecutivo. Las frustraciones sociales persisten. El trámite rápido de la nueva contrarreforma laboral será un elemento de malestar cuyo alcance está por ver. El tiempo de los discursos ha expirado. También el de los gestos, cerrado con el estrambótico e innecesario show compartido con el contaminante Trump. La rentreé marcará el ingreso del joven presidente francés en la usura imparable de gobernar.

MERKEL: VIENTOS FAVORABLES, PERO…

En el caso de la Canciller Merkel, no habrá apenas vacaciones, técnicamente hablando. Se someterá al juicio de las urnas el 24 de septiembre. Las últimas encuestas le predicen una victoria numérica incontestable (unos 15 puntos de ventaja). La rectificación de las políticas migratorias ha frenado a los nacionalistas xenófobos de Alternativa por Alemania (AfD) y ha propiciado la recuperación democristiana (CDU/CSU). El auge de los socialdemócratas (SPD) parece haber tocado techo, al caducar el efecto novedoso del candidato Shulz.

La repetición de la gross coalition parece descartada. Los liberales, de vuelta en el Bundestag, podrían proporcionarle la estabilidad que ella persigue y alejar el fantasma de una mayoría tripartita alternativa (SPD, Grünen, Die Linke). Pero en las semanas restantes puede haber alteraciones o sorpresas. De ahí la proverbial cautela de la Mutti (Madre) Merkel.