PACTOS Y TRANSVERSALIDADES

saracibar100216

La política española ha evolucionado conforme lo ha hecho también la sociedad española en sus valores políticos y en sus demandas a la institucionalidad política. Sin embargo, buena parte de los análisis públicos que se llevan a cabo hoy sobre la política española mantienen claves, criterios y perspectivas propios de etapas pasadas. Y buena parte también de los comportamientos prácticos en los actores políticos se corresponden con escenarios superados y periclitados.

Por ejemplo, los partidos políticos son hoy, en general y con excepciones relevantes, organizaciones más abiertas y con mayor democracia interna, porque así lo quiere la ciudadanía. En consecuencia, la vida interna de los partidos políticos es hoy, en general de nuevo, más dinámica, más controvertida y más transparente. No obstante, los análisis que escuchamos y leemos siguen considerando las dialécticas internas en los partidos en términos de crisis y debilidad. ¿Son débiles acaso los partidos británicos, franceses o estadounidenses que presumen de dialéctica interna notable y constante?

Los resultados de las elecciones generales del pasado 20 de diciembre han establecido un escenario absolutamente novedoso para la representación política de los españoles en el Congreso de los Diputados. La ciudadanía pudo elegir una representación tradicional, con mayorías bien definidas que, por tanto, dieran lugar a programas coherentes y gobiernos monocolores. Pero la ciudadanía optó por una representación más plural y fraccionada, sin mayorías definidas y, por tanto, los programas de gobierno deben acordarse entre propuestas diversas y los consejos de ministros ya no pueden ser de un solo color.

Por consiguiente, no se entiende la actitud de aquellos que pretenden aplicar criterios viejos sobre realidades nuevas, porque tal actitud no lleva a ninguna parte. Salvo que en realidad se esté pretendiendo devolver la responsabilidad a la ciudadanía en la confianza, un tanto aventurada, de que cambie de opinión y dibuje un escenario muy distinto al actual.

Los hechos son incontrovertibles. Ningún partido cuenta con mayoría suficiente para formar gobierno por sí solo. Ningún partido cuenta con mayoría suficiente para formar gobierno con un solo socio afín. No hay posibilidad de formar gobierno con un acuerdo solo de derechas o con un acuerdo solo de izquierdas. A partir de aquí se abren varias opciones, es cierto, pero todas ellas desde el pacto y la transversalidad.

Se puede pactar una transversalidad entre PP, PSOE y Ciudadanos, como plantea Rajoy. Aritméticamente es factible. Políticamente no es factible para los socialistas, porque los planteamientos del PSOE conducen a una rectificación radical de las políticas desarrolladas por el PP durante los cuatro últimos años, y porque desde el PSOE se entiende que el PP está afectado estructuralmente por un problema de corrupción que debe resolver al margen del poder.

A juicio del PSOE hay otro pacto transversal factible y viable: el pacto que aglutina a las fuerzas políticas con un mandato popular de cambio desde el 20 de diciembre. Estas fuerzas son el PSOE, Podemos, Ciudadanos, Compromís, Izquierda Unida, Partido Nacionalista Vasco y Coalición Canaria, al menos. Se trata de fuerzas distintas entre sí, unas de izquierdas y otras de centro derecha y nacionalistas. Pero el documento firmado entre PSOE y Ciudadanos con más de 200 medidas para un programa de gobierno reformista y progresista demuestra que hay base común en los objetivos para formar un Gobierno de interés general.

Podemos ha de asumir definitivamente que el mandato de sus votantes resulta incompatible con seguir manteniendo a Rajoy en el Gobierno. Que repetir las elecciones, aunque algunas encuestas les ofrezcan buenas expectativas, sería un error mayúsculo que pagarían en las urnas. Y que el único acuerdo posible para formar un gobierno de progreso pasa por el pacto y la transversalidad junto a PSOE y Ciudadanos. Lo demás no es realista. No se puede, por ejemplo, fundamentar un acuerdo de gobierno en el Estado español a partir de fuerzas políticas que tienen como objetivo explícito acabar con el Estado español vigente y “desconectar” de sus instituciones en año y medio.

La sociedad española ha cambiado, sí. La política española no puede seguir anclada en actitudes de un tiempo pasado, ni tan siquiera con caras nuevas. Los españoles no pueden esperar más. Hagámoslo ya, pues.