OTRO MODELO DE INNOVACIÓN: CÓMO INNOVA NUESTRO GEMELO DE ASIA

España tiene un país gemelo en el Sudeste Asiático. Ocupa parte de una península y lo pueblan cerca de 50 millones de almas. En un pasado no muy remoto sufrió una guerra civil a la que siguió una larga dictadura que finalmente fue superada con una transición a la democracia. No hace muchas décadas era un país atrasado y rural pero en las últimas ha logrado un crecimiento económico potente hasta conseguir un elevado índice de desarrollo humano. ¿No les recuerda un poco a la historia de nuestro propio país?

La existencia de dos países de tamaño similar es muy interesante porque nos permite contrastar el efecto que han tenido o tendrán distintas políticas y estructuras económicas en sujetos parecidos. Sería osado afirmar que esto nos permite soslayar una de las carencias de las ciencias sociales: la dificultad de realizar experimentos controlados sobre los sujetos, sean estos individuos, colectivos o países. Pese a todo el científico social puede extraer conclusiones interesantes del análisis comparado. Es evidente que este tipo de análisis tiene limitaciones porque existen múltiples variables independientes que no podemos controlar. En cualquier caso, pese a las enormes diferencias culturales e históricas, la experiencia de Corea del Sur es muy ilustrativa para su gemelo europeo.

Lo que nos ocupa en este caso es comprobar el poder transformador de la inversión en I+D. Éste es probablemente el principal factor que explica que el PIB por habitante de Corea acaba de superar el nuestro, su mercado laboral roza el pleno empleo, su crecimiento económico es robusto y su balanza comercial muestra una solidez envidiable. ¿Podemos extraer lecciones de este ‘sorpasso’ coreano aplicables a España?

Un primer factor que explica el progreso coreano es su apuesta por la investigación. Es evidente que Corea del Sur ha apostado de forma más decidida y eficaz por la innovación. Corea gasta en I+D tres veces y patenta 6 veces más que España. Además el porcentaje de gasto ejecutado o financiado por las empresas es mayor lo cual podría sugerir que en el país asiático la “I” de Investigación es más bien “i” de innovación; es decir podría afirmarse que está muy orientada a transferir resultados y a convertirlos en productos que demandan los mercados. No solo investigan más sino que además convierten los resultados en productos demandados por el resto del mundo.

Para muchos el secreto del éxito residiría en el modelo empresarial del país asiático. El desarrollo industrial de los años 60 y 70 recuerda al del desarrollismo franquista de la misma época pero el modelo coreano presentó algunas peculiaridades propias. Durante la dictadura de Park Chung-hee el gobierno coreano favoreció la creación y desarrollo de grandes conglomerados industriales, los llamados ‘chaebol’, como Hyundai o Samsung. En sus inicios estos conglomerados importaban la tecnología que necesitaban del extranjero, de forma similar a como las empresas españolas se limitan a utilizar tecnología foránea. Sin embargo, tras el retorno a la democracia, los caminos del tejido industrial de ambos países parecen diverger. A partir de los años 80 los chaebol empezaron a aplicar un sistema de innovación que los ha convertido en multinacionales que venden sus productos en todo el mundo. Esta estrategia se persiguió con más ahínco tras la crisis económica asiática de 1997.

Aunque hay empresas españolas que han demostrado una gran capacidad creativa y que se han convertido en multinacionales, produce una cierta desazón constatar que la oferta de éstas parece centrarse en productos con una capacidad tecnológica media o baja. Si miramos a las empresas españolas, es indudable que algunas han demostrado una gran creatividad y se han convertido en multinacionales. España cuenta con multinacionales sobre todo en sectores como la banca, la construcción, la ingeniería, la aviación o la moda. Contamos con una de las mayores empresas de telecomunicaciones con un importante presupuesto de I+D, Telefónica. Tenemos también empresas que ocupan posiciones de liderazgo en ferrocarriles, aviación y energías renovables. Por otra parte, la producción científica se incrementó durante los primeros 10 años del siglo, sobre gracias a la inversión pública. Nuestro país alcanzó en determinadas áreas relacionadas con salud y biología volúmenes de producción científica que podía haber aprovechado nuestra industria farmacéutica y biotecnológica. Sin embargo, hemos de reconocer que el gasto privado en I+D español es todavía bajo y que la transferencia de tecnología del sector público al privado es escasa. Las esferas empresarial y científica aun interactúan poco.

Por eso no podemos dejar de mirar con sana envidia el desarrollo empresarial coreano. Sus empresas de referencia son firmas como Samsung o LG, cuyos teléfonos móviles de pantalla táctil y televisores de pantalla plana han ido copando cada vez mayores cuotas de mercado, o Hyundai y KIA que comercializan automóviles a nivel global. En contraste, nuestra industria automovilística se limita en gran parte a la fabricación de componentes y hace años que nuestras marcas fueron compradas por multinacionales y por tanto las actividades de diseño e ingeniería se realizan mayoritariamente fuera del país.

Según el Prof. Martin Hemmert, de la Korea University Business School, las empresas coreanas han desarrollado una cultura de gestión de la innovación que favorece una visión a largo plazo y una eficaz integración de los procesos de I+D. Según Hemmert, las firmas coreanas integran tempranamente el diseño de productos en la I+D. Éstas han desarrollado una cultura de gestión que favorece una visión a largo plazo. Además, la gestión de proyectos trata de solapar las actividades para que se desarrollen en paralelo acelerando el ritmo de generación de nuevos productos. Asimismo fomentan el diálogo entre departamentos funcionales de la empresa para asegurar una adecuada integración de distintos departamentos en la gestión de los proyectos. La gestión de recursos humanos, de forma parecida a la empresa japonesa, ha favorecido tradicionalmente relaciones laborales a largo plazo y ha basado la compensación en la antigüedad y la promoción interna (Hemmert, 2008). Sin embargo, tras la crisis asiática de 1997, las empresas coreanas empezaron a aplicar prácticas de empleo más flexibles y han comenzado a aplicar incentivos y retribuciones basadas en el desempeño. De esta manera la empresa coreana se ha mostrado dispuesta a asumir estrategias de innovación más arriesgadas que las de sus pares japoneses.

Una característica es que el liderazgo de las empresas en la ejecución de la I+D ha provocado un sesgo hacia la electrónica, los semiconductores, la ofimática y los automóviles. Las empresas innovan en aquellos campos que conocen en un esfuerzo gradual y acumulativo.

Cabe citar por último como factor crítico de éxito un sistema educativo excelente. En los informes PISA Corea del Sur aparece sistemáticamente posicionado en los primeros puestos de rendimiento escolar.

Tampoco podemos ignorar los enormes costes que impone el modelo coreano sobre la sociedad. Conocido es que el sistema educativo es excesivamente exigente y los niños están sometidos a una presión que los expone a largas jornadas, impide que desarrollen actividades lúdicas tan necesarias para un correcto desarrollo emocional y ha sido causa de numerosos suicidios juveniles, primer motivo de muerte entre los chicos de 15 a 24 años de edad. También son cuestionables las largas jornadas laborales que sufren los coreanos, donde se practica el presencialismo improductivo, algo por otra parte también conocido en estas tierras.

No se puede obviar que el modelo empresarial de integración horizontal implica una enorme concentración de poder en estos conglomerados que facilita prácticas anticompetitivas. Sin embargo, es preciso reconocer que esa enorme centralización de recursos en los chaebol también facilita que estas empresas puedan acceder a la clase de capital paciente requerido para que una empresa invierta en proyectos innovadores que, por su propia naturaleza, están sometidos a un elevado riesgo de fracaso tecnológico y comercial y que por tanto cuesta mucho financiar.

 

Hemmert, M. (2008). Hemmert, M. Innovation Management of Japanese and Korean Firms: A Comparative Analysis. Asia Pacific Business Review., Vol. 14, No. 3, 293–314, July 2008.