OPERACIÓN AHORA SÍ QUE SÍ

Hace 25 años la compañía RENFE adjudicó a una entidad bancaria, ARGENTARIA, la ejecución de la OPERACIÓN CHAMARTÍN. Hoy, RENFE es ADIF, ARGENTARIA es BBVA y la OPERACIÓN CHAMARTÍN es DISTRITO CASTELLANA NORTE. Pueden haber cambiado los nombres pero no el fondo de la cuestión: allí no se ha movido nada y el entorno de la Estación de Chamartín sigue como el primer día.

Y no será por declaraciones grandilocuentes de los responsables. El Ministro de Fomento acaba de decir que la operación no está parada y que, ahora sí que sí, está a punto de lanzarse. Es posible, pero ese “ahora sí que sí” ha sido entonado anteriormente por los seis Ministros (y Ministras) de Fomento que le han precedido, por cinco Presidentes (y Presidentas) de la Comunidad de Madrid, cinco Alcaldes (y Alcaldesas) de Madrid y siete Presidentes de RENFE/ADIF con tan idéntico como nulo resultado.

Entre 2016 y 2017 el Ayuntamiento de Madrid, administración competente en el urbanismo de la ciudad, definió las bases de lo que había que hacer allí e, incluso, llegó a un acuerdo con el BBVA para su desarrollo. Sin embargo, en ese acuerdo se fijaban unos plazos de los que el primero y más sencillo de ellos ya se ha incumplido. ¿No es hora de preguntarse qué está pasando? Porque la tal operación lleva parada desde 1993 y no hay signos, salvo las declaraciones periódicas de los múltiples responsables que no han sobrevivido a la misma, de que esa obra pueda pasar de las musas al teatro.

Hasta mayo de 2016, el Ayuntamiento de Madrid no había tomado la iniciativa en el asunto y se había limitado a facilitar lo que hiciera el BBVA, mediante las modificaciones normativas necesarias y la tramitación de cuanto documento les llegaba, aunque, es constatable, no les gustara. Pero, al menos desde esa fecha, no puede achacarse responsabilidad municipal a la parálisis promotora del BBVA y habría que buscar en otra dirección.

Por ejemplo, en el señalamiento de los objetivos a cubrir por la Operación. Desde el primer momento de la misma, estos objetivos han sido fundamentalmente económicos ya, que se trataba de conseguir una cifra determinada de aprovechamiento urbanístico que, convertida en dinero, diera para financiar a RENFE y dar unos buenos beneficios al BBVA. Los objetivos urbanísticos eran mera cosmética encargada a sucesivos, y brillantes, urbanistas que maquillaban el asunto.

Ahora, cuando en 2016 el Ayuntamiento fijó su posición, basada en urbanismo y no en contabilidad, las cuentas dejaron de salirle al BBVA, quien inició una ofensiva mediático-política contra Carmena dando paso después a una negociación que ha cristalizado en el acuerdo secreto de 2017. Pero, como los secretos entre mucha gente duran poco, nos hemos enterado de las dificultades que tiene el BBVA para repartir sus cargas urbanísticas entre el resto de los propietarios. Y esto, nuevamente la codicia, es lo que puede estar retrasando ahora el nuevo ahora sí que sí.

De lo anterior deriva un segundo problema y es el ámbito territorial de la actuación. Con objeto de ampliar la cifra de ingresos, en 1996 RENFE duplicó irregularmente la superficie de suelo en la concesión pero, para que el ámbito urbanístico no pareciera hecho ad hominem, hubo que incorporar a otros propietarios de suelo que, aunque minoritarios, no han dejado de ser molestos. La sentencia judicial del TSJ de Madrid en 2013 así lo demuestra. Debería de volver a estudiarse este tema del ámbito, para ver si dan con otro más manejable.

Y luego está el asunto de cómo han acometido la operación durante, nada menos que veinticinco años. Es decir, encargando a una empresa del BBVA que lo haga. Dado que hace ya mucho que un sabio dijo aquello de que haciendo las mismas cosas no hay que esperar resultados distintos, podría ser el momento de cambiar de variable, aunque no sé si, en este caso, estamos hablando de una variable o de lo único inmutable en el caso: que el BBVA, frente a tirios y troyanos, termine ganando dinero con la Operación Chamartín.

Seguramente no será por estas cosas y será por otras pero, en todo caso, y como digo antes, algo tiene que pasar para que Madrid se haya desarrollado en otras partes de su geografía menos en esta. De verdad, deberían hacérselo ver.

Y, mientras tanto, cada cierto tiempo aparecerá un dirigente de alguna administración central, autonómica o municipal que, como caído de un guindo, anunciará el despegue definitivo del evento con un Ahora sí que sí.