OBRADOR: “POR EL BIEN DE TODOS, PRIMERO LOS POBRES”

Y sucedió. Andrés Manuel López Obrador será Presidente de México. Aunque la victoria era esperada, la contundencia de los resultados no deja lugar a dudas. Con el 94 por ciento de votos escrutados, López Obrador logra un 53 por ciento de votos, 24,1 millones de sufragios; Ricardo Anaya, del PAN, un 22,5 por ciento, 10,2 millones de votos; y José Antonio Meade, del PRI, un 16, 4 por ciento, 7,4 millones de votos.

Estos resultados, muestran la voluntad de cambio del pueblo mexicano. No solo colocando a López Obrador como el presidente con mayor respaldo de la historia de México, sino dando a su formación MORENA el gobierno de Ciudad de México y varios Estados.

Ante semejante cambio político en México, ¿podrán transformar el caudal de esperanzas, que este resultado trae, en políticas concretas que aumenten el bienestar y la convivencia en una sociedad tan polarizada? La respuesta, con más deseos que certezas, es sí. Habrá muchas resistencias y dificultades, pero México entra en una nueva etapa política, social y económica que puede servir de ejemplo a muchos países del mundo.

La noche electoral ya comenzó ese trabajo el recién elegido presidente. Con una puesta en escena sobria: una bandera de México y de Morena, a cada lado de un atril trasparente, y una pantalla gigante de fondo con la bandera mexicana y la frase en mayúsculas “GRACIAS MÉXICO. NO LES VOY A FALLAR”, dirigió un discurso a su país, antes de ir al Zócalo, donde comenzó con el conocido “este es un día histórico”, pero del que me atrevo a destacar algunas cuestiones:

  • Se inicia la cuarta transformación de la vida pública: “Una mayoría importante de ciudadanos ha decidido iniciar la cuarta transformación de la vida pública de México. Agradezco a todos los que votaron por nosotros y nos han dado su confianza para encabezar este proceso de cambio verdadero”.
  • Reconciliación y auténtica democracia: “Llamo a todos los mexicanos a la reconciliación y a poner por encima de los intereses personales, por legítimos que sean, el interés general. Como afirmó Vicente Guerrero: “La patria es primero”. El nuevo proyecto de nación buscará establecer una auténtica democracia. No apostamos a construir una dictadura abierta ni encubierta. Los cambios serán profundos, pero se darán con apego al orden legal establecido. Habrá libertad empresarial; libertad de expresión, de asociación y de creencias; se garantizarán todas las libertades individuales y sociales, así como los derechos ciudadanos y políticos consagrados en nuestra Constitución”.
  • Calma a los actores económicos nacionales e internacionales: “En materia económica, se respetará la autonomía del Banco de México; el nuevo gobierno mantendrá disciplina financiera y fiscal; se reconocerán los compromisos contraídos con empresas y bancos nacionales y extranjeros… No actuaremos de manera arbitraria ni habrá confiscación o expropiación de bienes”.
  • Desterrar la corrupción: “La transformación que llevaremos a cabo consistirá, básicamente, en desterrar la corrupción de nuestro país… La corrupción no es un fenómeno cultural sino el resultado de un régimen político en decadencia. Estamos absolutamente seguros de que este mal es la causa principal de la desigualdad social y económica y de la violencia que padecemos. En consecuencia, erradicar la corrupción y la impunidad será la misión principal del nuevo gobierno…Todo lo ahorrado por el combate a la corrupción y por abolir los privilegios, se destinará a impulsar el desarrollo del país”.
  • El Estado representará a todos los mexicanos. “El Estado dejará de ser un comité al servicio de una minoría y representará a todos los mexicanos: a ricos y pobres; a pobladores del campo y de la ciudad; a migrantes, a creyentes y no creyentes, a seres humanos de todas las corrientes de pensamiento y de todas las preferencias sexuales. Escucharemos a todos, atenderemos a todos, respetaremos a todos, pero daremos preferencia a los más humildes y olvidados; en especial, a los pueblos indígenas de México. Por el bien de todos, primero los pobres”.
  • Cambio en la estrategia de seguridad: “Cambiará la estrategia fallida de combate a la inseguridad y a la violencia. Más que el uso de la fuerza, atenderemos las causas que originan la inseguridad y la violencia. Estoy convencido de que la forma más eficaz y más humana de enfrentar estos males exige, necesariamente, del combate a la desigualdad y a la pobreza. La paz y la tranquilidad son frutos de la justicia…Me reuniré todos los días, desde muy temprano, con los miembros del gabinete de Seguridad Pública; es decir, habrá mando único, coordinación, perseverancia y profesionalismo”.
  • EEUU: “Con el gobierno de Estados Unidos de América buscaremos una relación de amistad y de cooperación para el desarrollo, siempre fincada en el respeto mutuo y en la defensa de nuestros paisanos migrantes que viven y trabajan honradamente en ese país”.
  • Gobernar con rectitud: “Voy a gobernar con rectitud y justicia. No les fallaré porque mantengo ideales y principios que es lo que estimo más importante en mi vida. Pero, también, confieso que tengo una ambición legítima: quiero pasar a la historia como un buen Presidente de México. Deseo con toda mi alma poner en alto la grandeza de nuestra patria, ayudar a construir una sociedad mejor y conseguir la dicha y la felicidad de todos los mexicanos”.

Un discurso de esperanza, de cambio y de futuro. Un proyecto de transformación de país, que va más allá de México, y da fuerzas a muchas personas en otras latitudes. Esperemos que dentro de unos años, los logros del gobierno de Obrador lleven a decir: “Sí se pudo”, como el nuevo presidente señaló en el Zócalo, refiriéndose a la victoria electoral.

¡Viva México!