NO TE PREGUNTES QUÉ VA A PASAR, SINO QUÉ QUIERES QUE PASE. Primera parte

Tras 43 años dedicado profesionalmente a la planificación y, consecuentemente, a la construcción de Escenarios territoriales, he logrado mantener la costumbre de dedicar el verano y las navidades a periodos de relectura y reorganización de las previsiones sobre el futuro próximo y lejano, intentando ordenar las alternativas que se establecen respecto a los horizontes posibles en este país, en la UE y en el mundo. Horizontes territoriales que están cada vez más interrelacionados y se muestran más complejos en un mundo en crisis social abierta, con una dinámica de cambio acelerada, y con tradicionales focos de tensión que se renuevan y retroalimentan periódicamente.

La primera constatación del análisis de los Escenarios y tendencias presentes es que ni siquiera hay acuerdo en las distintas aproximaciones a la problemática global en el diagnóstico (cuál es la situación, sobre todo en el mundo socioeconómico) ni, consecuentemente, en sus causas; ni mucho menos lo hay en las tendencias posibles entre los distintos paradigmas que se presuponen científicos.

La segunda constatación es que en muchas ocasiones las distintas ideologías defensoras de los intereses de los que las sustentan utilizan, manipulan e interrelacionan algunos de los citados paradigmas, para adecuarlos a los nuevos mensajes de una sociedad en la que la “posverdad” nos conduce a manipulaciones gravemente preocupantes.

En tercer lugar se constata que incluso en los que se consideran posibles problemas más significativos -por su posible desequilibrio y generación de graves conflictos globales- como son los ligados a las materias primas, con particular incidencia en la energía, y en el calentamiento global, o la problemática asociada al endeudamiento o a las desigualdades sociales- encontramos posicionamientos contradictorios y divergentes. Desde los que niegan su relevancia, propugnando que son distorsiones temporales que los mercados y los intereses contradictorios presentes equilibrarán, hasta los que hablan del inminente colapso socioeconómico y del riesgo de desaparición de la especie humana sobre el planeta.

En todos los casos, sin embargo, hay un cierto reconocimiento común de que el futuro depende fundamentalmente del comportamiento y reacciones de las personas ante los dilemas que el porvenir les vaya planteando. Comportamiento que a lo largo de la historia en muchas ocasiones ni ha sido homogéneo ni ha sido racional; lo que nos lleva a un principio fundamental de la construcción de Escenarios, como es el principio de incertidumbre aplicable a las líneas posibles –y hasta contradictorias- deducibles de los Escenarios alternativos al que se suele conocer como BAU (business as usual).

BAU tendencial que asume que todo seguirá con las mismas pautas implícitas en la dinámica actual –se construye como extrapolación de tendencias registradas hasta la actualidad- sin tener en cuenta posibles cambios estructurales en las condiciones básicas que han condicionado la evolución hasta ahora, ni acontecimientos extraordinarios no previsibles (“tipping points” o cisnes negros). Ni tampoco tiene en cuenta, en un mundo crecientemente globalizado e interconectado, la capacidad de introducir disonancias en las estructuras previas el comportamiento en sociedades antes marginalmente interrelacionadas (caso de China, India o Corea del Norte, por ejemplo) que pueden aumentar su importancia en la dinámica global, por no hablar de la posible incidencia y cambios estructurales potenciales de la Cuarta Revolución Científico-Técnica en marcha; o de procesos catastróficos incontrolables –aunque afortunadamente de muy baja probabilidad- como el impacto de un asteroide sobre la tierra o un accidente que ponga en marcha un proceso nuclear autodestructivo.

Partiendo de estas consideraciones se ha realizado una síntesis de los principales Escenarios económicos, ambientales, tecnológicos y geoestratégicos puestos sobre el tapete a lo largo de 2017, para terminar con unas necesariamente breves conclusiones sobre la necesidad de cambios en las políticas a desarrollar en España.

LA INFLUENCIA DE LOS ESCENARIOS ECONÓMICOS.

En el marco de Escenarios basados en el BAU sobre la macroeconomía global, trimestralmente los organismos internacionales, bancos y distintos tipos de instituciones más o menos científicas nos regalan predicciones a corto plazo (normalmente para un máximo de dos años) asociadas a los resultados de la aplicación de modelos más o menos complejos que se han demostrado absolutamente incompetentes para la previsión de crisis significativas, y cuya calibración respecto a la historia y a las consecuencias de las distintas políticas que recomiendan estos organismos –FMI, OCDE, Banco Mundial,…- dejan mucho que desear a tenor de sus efectos reales (desigualdades, prolongación y exacerbación de las crisis,…).

En todo caso, hay supuestos y tesis diferenciadas en lo que puede ser la evolución económica global de los próximos tres, cinco o veinte años. El supuesto básico de los optimistas es el de que buenas previsiones ayudan a su auto-cumplimiento y que las crisis, siguiendo la tesis “schumpeteriana”, son procesos de destrucción creativa, que lo que implican es un reforzamiento de la economía global para el siguiente ciclo. Por lo tanto, el mundo rico (EE UU, la eurozona, Japón, Singapur,…) no tiene nada que temer porque internamente la sociedad capitalista de consumo tiene los mecanismos autorreguladores –a veces con la imprescindible ayuda de los estados, que se da por descontado que va a tratar de consolidar siempre el sistema- que se van adaptando a cada situación, y que aseguran el mantenimiento indefinido de la sociedad de consumo capitalista. Además, la asunción por las economías emergentes más dinámicas del mismo modelo de desarrollo basado en esa sociedad capitalista de consumo, asegura la estabilidad compensada del sistema en la globalidad del planeta. Por lo tanto, nada que temer; y la bolsa, cuya evolución junto a la del PIB son los garantes históricos de esa buena evolución, puede seguir siendo el refugio rentable de los ahorros de las clases medias y de la élite económica mundial.

Curiosamente, en esta filosofía tan cercana en su ideología al neoliberalismo, las instituciones tienen un papel relevante que jugar. La Administración y las instituciones, que en esta ideología deberían jugar un papel marginal, dejando el funcionamiento económico a las reglas del mercado, sin embargo se mantiene que en las crisis deben actuar asegurando la continuidad del modelo, aunque sólo hasta que dicha continuidad esté garantizada. No se trata ni de reforzar el papel de las instituciones ni del Estado de derecho frente al poder económico de las multinacionales y del sistema financiero-especulativo, cada vez más concentrado y con capacidad de mediatizar la evolución política, sino de mediatizarlos temporalmente como herramientas en la recuperación de la economía. Y la actual salida renqueante -con más que menos problemas- de la crisis del 2008, en opinión de los defensores de esta ideología, demuestra que el sistema funciona.

En el reciente simposio anual de Jackson Hole se destacaba que el comportamiento de los bancos centrales, con sus políticas monetaristas, es el que ha propiciado una salida parcial de la crisis; pero no la ha superado ni ha disipado los riesgos de nuevos frentes que impliquen una vuelta atrás en la misma o, incluso, su agravamiento con efectos impredecibles. El expansionismo monetario (quantitative easing) se considera que ha sido necesario, pero que ha llevado a la asunción de riesgos importantes a muchos inversores y, en todo caso, es una política monetaria insuficiente para resolver todos los problemas de sostenibilidad del modelo económico. Las modestas nuevas regulaciones del sistema financiero desde la crisis de 2008 han hecho a éste más seguro, pero también son claramente insuficientes para garantizar la ausencia de riesgo en el mismo. Y ha aparecido una clara preocupación por las políticas proteccionistas del nuevo Presidente de EEUU, que amenazan al comercio internacional y al papel de las exportaciones en la recuperación de la crisis, lo que se uniría a la insuficiencia de políticas de estímulo a la demanda, de tipo fiscal o a través de políticas significativas de inversión pública típicamente keynesianas.

Por otro lado, no todo es positivo en la relativa recuperación económica en términos de crecimiento de PIB y del empleo, ya que ambas se están produciendo con grandes dosis de desigualdad, precarización del empleo, peores salarios y puesta en cuestión del futuro para los jóvenes, junto a un creciente abandono de políticas ambientales protectoras de la sostenibilidad a largo plazo. Y con una preocupante estabilización en la productividad de los factores, que rompe su tendencia histórica al crecimiento sostenido. Entre 1995 y 2011 la productividad global por hora trabajada se incrementó en un 70%, con un crecimiento medio anual relativamente constante; desde ese año se ha prácticamente estabilizado, con sectores como el de la construcción –que representa del orden del 13% de la producción mundial- que registra importantes caídas en muchos países. Problemas todos ellos que ponen en cuestión el éxito de la continuidad de este Escenario BAU.

La segunda gran línea de Escenarios, que podríamos denominar de ideología socialdemócrata, da una importancia cualitativamente diferente al Estado y a las instituciones, que deberían, en su opinión, encuadrarse en marcos normativos que mejoren el funcionamiento de la economía global y la calidad de la democracia. En esta ideología, el progreso social está asociado tanto a la dotación y uso de los factores productivos tradicionales -capital, trabajo y tecnología- como a los marcos normativos y las instituciones que dotan al mercado de la seguridad jurídica que requiere; y que son los que potencian y facilitan un uso eficiente de esos factores productivos para el bienestar social, destacando al respecto el papel que han jugado lo que se ha venido a denominar “instituciones ademocráticas” (bancos centrales, agencias de calificación de riesgos, reguladores y supervisores…) en el objetivo de evitar que la crisis financiera y la recesión planetaria hayan derivado en crisis política y de seguridad, como ocurrió tras la Gran Depresión y las dos guerras mundiales que la siguieron. Sin embargo, aunque esta evolución se ha evitado desde la perspectiva de la crisis económica global, economistas de esta ideología (Krugman, Summers, Stiglitz,…) especulan con el riesgo de Escenarios de estancamiento secular o crecimiento anémico, con inflación baja o deflación, reproduciendo lo que ha sido la década perdida de Japón, como consecuencia –principalmente, aunque no solo- de unas desigualdades que están propiciando una demanda crónicamente deprimida, escasas oportunidades de inversión productiva no especulativa, y un exceso de ahorro que se desvía hacia la economía especulativa no productiva, generando burbujas de activos (mercado de valores y bonos en Occidente, mercados inmobiliarios en países emergentes, etc.).

Defienden que más democracia y una mayor concienciación ciudadana de los problemas llevaría a estos a votar por una opción política socialdemócrata, defensora de la sociedad del bienestar compatible con el modelo de sociedad de consumo capitalista; y que ésta sería la vía para un Escenario democráticamente más satisfactorio, que embridaría los intereses y comportamientos de multinacionales y grandes empresas que están poniendo en cuestión la sostenibilidad de esa sociedad del bienestar. Pero ven dificultades crecientes para que se produzca este Escenario, tanto por el desmantelamiento de las organizaciones de los trabajadores, como por el empobrecimiento de una clase media que influida por la “posverdades” y por el poder de control de los medios de comunicación difusores de las mismas, tiene tendencia a apoyar al populismo autoritario. La conclusión es la de presentar Escenarios muy cercanos al BAU de la ideología neoliberal o, en el peor de los casos, la generalización de Escenarios autoritarios o aproximaciones cercanas a las del tercer grupo que se considera a continuación.

El tercer grupo de Escenarios estudiados en el periodo vacacional viene asociado a estudios de economistas y sociólogos (Streek, Wallerstein, Sotelo, Naim, Collins, Derluguian, Calhoun, …) que destacan que la dinámica global de los últimos cuarenta años ha venido fuertemente ligada a graves crisis periódicas del sistema capitalista, destacando la “estagflación” -estancamiento más inflación- de la década de 1970, la explosión de la deuda pública en la de 1980, y el rápido aumento del endeudamiento privado durante la década siguiente, que dio lugar al colapso de los mercados financieros en 2008. Enfatizan, en general, las contradicciones internas y las posibles perturbaciones externas que amenazan la estabilidad del capitalismo, con Escenarios basados en una pluralidad de regímenes político-económicos, más o menos capitalistas, con los correspondientes problemas y peligros para el bienestar de los ciudadanos, de ausencia de coordinación y con creciente competencia entre países y agentes económicos (proteccionismo, debilitamiento de la protección social,…). E incluso no descartan un gran colapso de los mercados capitalistas que genere graves efectos económicos globales y pueda llegar a poner en cuestión las instituciones políticas y sociales vigentes (autoritarismo, fascismo…).

Hay que recordar que la idea de que la catástrofe financiera de 2008 significaba el comienzo del fin del capitalismo no es nueva; se mantenía también en el verano de ese año por personajes como Nicolas Sarkozy, Presidente de Francia, o por Hank Paulson, Secretario del Tesoro de Estados Unidos y uno de los grandes magnates de Wall Street. En los G8 y G20 de esos años de inicio de la crisis se mantenía que había que establecer modificaciones sustanciales en muchos campos del modelo de desarrollo de la sociedad capitalista de consumo, y particularmente en el campo de la economía financiera-especulativa que, en general se han quedado en sus inicios y con intenciones de vuelta atrás en el caso de EEUU.

En este marco, no queda claro para los autores inscribibles en la línea de crisis irreversible del capitalismo cuales son los Escenarios más probables, aunque sí existe una idea dominante de que, hoy por hoy, no hay una alternativa global al capitalismo, una vez desautorizados en sus resultados y en su visión regímenes como los vigentes en la antigua URSS o en China, aunque una cierta visión dentro de estos analistas conduce a Escenarios autoritarios (de ideología no comunista) no muy lejanos de los impuestos por el capitalismo de estado chino.

Hay un reconocimiento de que todos los sistemas vigentes en la actualidad y previsibles para los Escenarios futuros, son una combinación de mercado y Estado, ya que las economías que podrían llegar a considerarse con dominio de ideologías comunistas, como Corea del Norte, China o Cuba, tienen áreas donde funciona el mercado; y las economías más librecambistas, como la estadounidense o Singapur, incluye sectores donde el Estado es el actor dominante. El capitalismo puede estar en crisis pero no lo están muchas de las empresas privadas y multinacionales que funcionan en el conjunto del planeta, algunas de las cuales –fundamentalmente las ligadas a las nuevas tecnologías- gozan de ritmos de crecimiento en sus ventas y sus beneficios nunca alcanzados.

En los Escenarios de transición asociados a estas aproximaciones predomina una profunda indeterminación, ya que consideran que la grave crisis del capitalismo y de la sociedad capitalista puede considerarse como una indicación de que el capitalismo actual probablemente ha entrado en un periodo en el que las teorías económicas y sociológicas tradicionales han perdido gran parte de su capacidad predictiva.

Un Escenario para algunas de estas aproximaciones (fundamentalmente W. Streek) se asocia a la reflexión sobre lo que vendrá después del capitalismo y de su crisis final que, en su opinión, es un periodo prolongado de entropía social y desorden, con fuerte incertidumbre e indeterminación sobre sus potenciales consecuencias. Y ello porque la sucesión de crisis padecidas ha llevado a descartar que sea viable en las circunstancias y tendencias actuales una recuperación de la fe en el capitalismo como sistema justo capaz de ofrecer igualdad de oportunidades para el progreso individual. El Escenario resultante mantiene el sistema sobre la base de la resignación colectiva ante la falta de alternativa, asumiendo como inevitables algunas de sus tendencias básicas, como son:

  • El debilitamiento del crecimiento económico, que intensifica el conflicto distributivo y la creciente desigualdad social en la renta y en la riqueza. Un crecimiento lento del PIB, combinado con altos niveles de deuda y con el mantenimiento del crecimiento demográfico desigual entre los países desarrollados y el resto del mundo, lleva a una potenciación de los riesgos de aparición de crisis financieras y genera, a su vez, un aumento de las desigualdades sociales propiciatorias de inestabilidad social y de fuertes movimientos de protesta.
  • La fuerte posibilidad de otra grave crisis que lleve a un colapso económico, ante una gestión cada vez más difícil de las variables macroeconómicas como consecuencia, entre otros aspectos, del alto endeudamiento global y de la inflación de la oferta monetaria propiciadora de nuevas burbujas especulativas en las principales economías o regiones. En este marco, el fortalecimiento del dólar (a finales de agosto el euro sigue tendiendo al alza acercándose a los 1,2 $/€, lo que podría suponer un freno para la estabilidad de la eurozona) y la caída de la demanda global pueden dar lugar a crisis en la deuda pública y a crisis de liquidez de graves consecuencias sobre la sostenibilidad económica global.
  • Cambios especulativos bruscos o sostenidos en los precios energéticos y de las materias primas que pueden tener incidencias significativas en la estabilidad de las economías y consumidores altamente dependientes desde el punto de vista energético.
  • La intensificación del dominio de las multinacionales y de la economía financiero-especulativa sobre la sociedad, con pérdida de capacidad democrática de gobierno y deterioro progresivo de la sociedad del bienestar, con la erosión de las infraestructuras públicas y de las prestaciones sociales, asociadas a la mercantilización y privatización de los servicios; y con la aceptación de la corrupción como proceso inevitable en la gestión socioeconómica. Pero esa corrupción acentúa la distribución desigual de los beneficios del crecimiento económico y da lugar a un fuerte incremento de posiciones “anti-establishment”, contra el modelo económico capitalista, que llevan a que el simple crecimiento del PIB no se vea como suficiente para corregir la creciente desafección social y haga más inevitable la puesta en cuestión del capitalismo.
  • La menor capacidad de respuesta de los gobiernos y de los sindicatos y sociedad civil para limitar la mercantilización y deterioro de las condiciones de trabajo, el deterioro ambiental y el control de la masa monetaria global.

La pregunta es si este Escenario de resignación y mantenimiento del BAU, coincidiendo con lo señalado para el escenario propugnado desde la ideología conservadora, es sostenible o terminará en el hartazgo de la mayoría y derivará hacia los Escenarios revolucionarios, autoritarios o de liderazgo social transformador del modelo de desarrollo.

LA INFLUENCIA DE LOS ESCENARIOS AMBIENTALES.

Si consideramos la perspectiva ambiental, en estas páginas ya se ha hecho reiterada referencia a los riesgos de los Escenarios derivados del Calentamiento Global –y el Cambio climático asociado al mismo- que está ya incrementando la frecuencia e incidencia de fenómenos climáticos extremos -con efectos progresivamente más graves tanto sobre las costas y áreas de inundación como sobre la problemática hídrica –sequías, contaminación hídrica, sobreexplotación de acuíferos, etc.- y su incidencia en los ecosistemas y en la biodiversidad territorial. Y también en la infra-producción agroalimentaria de amplias zonas forzando migraciones de supervivencia de la población que residen en las mismas.

2016 fue el año más caliente desde 1880. El récord anterior lo tenía el 2015. Y antes el 2014. Los diez años más calientes de la historia han ocurrido después de 1998. 2017 ha sido especialmente caluroso en los países mediterráneos, con records en temperatura y en “olas de calor” registradas. Así, se ha hecho normal que, cada año, la temperatura promedio de la superficie del planeta sea la más alta hasta ahora. De hecho, esta normalización del cambio climático ha llegado hasta el punto de que la desaparición de enormes superficies de hielo polar no causa mayor conmoción en la opinión pública. Aunque empiezan a interiorizarse noticias como que el reciente huracán Harvey haya sido definido por la agencia meteorológica de EE UU como un fenómeno totalmente nuevo, con precipitaciones insospechadas por metro cuadrado, inundando gravemente Houston, que es la cuarta ciudad de EEUU. Y la misma excepcionalidad y relevancia se encuentra en los monzones registrados en este año 2017, o en las precipitaciones puntuales y catastróficas registradas en Canadá, Irlanda, etc.

Uno de los efectos más importantes de los Escenarios climáticos previsibles es el de que al superarse los periodos de retorno para los que están diseñadas muchas infraestructuras en precipitaciones, temporales, sequías u olas de calor, éstas se ven fuertemente deterioradas e incapaces de cumplir adecuadamente las funciones para las que fueron diseñadas, cuando no destruidas y tenidas que ser repuestas a costes mucho más elevados.

Y a estos Escenarios climáticos hay necesariamente que unir la creciente incidencia local interrelacionada con el Calentamiento global de los fenómenos de degradación ambiental por el deterioro de la calidad del aire, el suelo y el agua, derivados de las concentraciones ambientales de contaminantes, y de otras actividades y procesos impactantes; o el sobrepaso de la biocapacidad del planeta por la creciente huella ecológica de una sociedad de consumo capitalista que afecta a una población creciente, lo que proporciona a los Escenarios asociados a los riesgos ambientales una posición preeminente, tanto por ellos mismos, como por su fuerte relación con los potenciales conflictos sociales y con las migraciones asociados a su producción.

Y sobre la posibilidad de Escenarios optimistas en la evolución de estos fenómenos ambientales, también está vigente lo recogido en esta Sección en numerosas ocasiones respecto a su inviabilidad en el marco de los Escenarios reseñados en la anterior evolución socioeconómica. Sería imprescindible un cambio radical de Modelo a nivel global hoy por hoy absolutamente improbable y, tras el posicionamiento del nuevo Presidente de EEUU, absolutamente inviable. No se puede olvidar que Donald Trump, negando la evidencia científica, ha dicho que el cambio climático es un fraude del Gobierno chino para perjudicar a su país y se ha desatendido del cumplimiento de los Acuerdos de París de diciembre de 2015.

Las políticas ambientales ligadas a políticas socioeconómicas que nos conduzcan a Escenarios sostenibles sólo serán factibles cuando se construyan sobre las percepciones, necesidades vitales y concienciación social de los habitantes actuales del planeta, y no sobre la preocupación por un futuro que siempre va a tener un margen de incertidumbre y una resistencia a su implantación creciente con los esfuerzos que requiera la modificación del Escenario BAU.

Cuántas catástrofes deberá sufrir la humanidad antes de que se opte por políticas radicales de transformación del modelo de sociedad de consumo capitalista y se cambien así los negativos Escenarios ambientales hacia los que nos dirigimos es algo difícil de precisar, porque no se puede olvidar que desde los defensores del BAU se siguen manteniendo “posverdades” asociadas a que existen soluciones tecnológicas capaces de solventar los escenarios de calentamiento global y de insostenibilidad ambiental mayoritariamente definidos por los científicos.