NO TE PREGUNTES QUÉ VA A PASAR, SINO QUÉ QUIERES QUE PASE (2)

LA INFLUENCIA DE LOS ESCENARIOS TECNOLÓGICOS.

En las diferentes ideologías señaladas tiene un papel fundamental las previsiones sobre el papel de la Cuarta Revolución Científico-Tecnológica y sus consecuencias económicas, sobre lo que tampoco hay un acuerdo sustancial entre los distintos analistas especializados en estas materias, en lo que hace referencia a sus consecuencias socioeconómicas.

Desde el punto de vista del cambio tecnológico de la Tercera Revolución Científico-Técnica (tecnologías de la información y de la comunicación) se asume que se han producido unas ganancias de productividad (por los ordenadores e Internet, fundamentalmente) que están estancadas en la actualidad, y una modificación en las pautas de comportamiento social que, aunque muy sustanciales, no pueden compararse con las que se produjeron, respectivamente, con la Segunda Revolución Científico-Técnica (electricidad, motor de combustión y petróleo). Y en lo que se refiere a las consecuencias esperables para la Cuarta (internet de las cosas, robótica, inteligencia artificial,…) su impacto transversal sobre la economía y la calidad de vida presenta posicionamientos muy divergentes, que van desde los que dudan de su trascendencia significativa en términos de productividad y de mejora de las condiciones de vida, hasta los que estiman éstas de forma muy favorable o, por el contrario, muy desfavorable.

Los optimistas proponen Escenarios en los que el cambio tecnológico previsible en los próximos años supondrá un salto cualitativo en la productividad global e incluso en la forma de organización social, afectando de manera revolucionaria a las relaciones sociales y a las condiciones de vida. La asunción de que la última generación de ordenadores y robots harán una parte mayor del trabajo, liberando a la sociedad de esta carga, y de que la tecnología digital será cada vez más barata, llevando a costes marginales de producción casi nulos, promueve que autores como Jeremy Rifkin aventuren que el internet de la energía, el internet de las comunicaciones y el internet de la logística están convergiendo en el internet de las cosas (IdC), con costes de producción marginales casi nulos, que unidos a la tradición de los “comunes” –procomún colaborativo-, puede llevar a una nueva forma de organización social, que sustituirá en todo o en parte al capitalismo. La premisa fundamental de estos Escenarios es la de que el beneficio de los nuevos cambios repercutirá sobre toda la sociedad y no sólo sobre los poseedores de los robots o los controladores de las redes, porque la colaboración entre los individuos (software libre, producción manufacturera en casa a través del internet de las cosas, etc.) suplantará a la competencia y nos acercará a mercados colaborativos con costes marginales muy reducidos, con un Estado garantizando las condiciones homogéneas de funcionamiento de los mismos para todos.

Atendiendo a las mismas tendencias tecnológicas, pero con una visión muy distinta de sus consecuencias, los Escenarios pesimistas se centran en el hecho de que esta Cuarta Revolución Científico-Técnica va a incrementar la sustitución de empleo en el sector industrial aún en mayor medida de lo que lo ha hecho la Tercera (Kodak, por ejemplo, en 1998 tenía 170.000 empleados y vendía el 85% de todo el papel fotográfico del mundo; en sólo unos pocos años, su negocio se hundió y cayó en la bancarrota) y que, además, va a generar que muchos empleos en el sector servicios (sanidad, educación o administración) incluso de alto nivel, sean sustituidos por trabajo digital (educación “online” máquinas sustituyendo a traductores, investigadores, diseñadores, analistas de datos,…) avanzándose hacia un desacoplamiento entre productividad y crecimiento del PIB y beneficio de las empresas propietarias de los robots, o controladoras de la inteligencia artificial, por una parte, y estabilidad y número de empleos y salarios, por otra. Su previsión coincide con la de los Escenarios optimistas en el hecho de que los ritmos de sustitución de la mano de obra por tecnología (vigente durante los últimos doscientos años) con el auge de la tecnología de la información y de la inteligencia artificial, se está acelerando, y en que ahora no sólo afecta a la clase obrera manual (como ha hecho durante la segunda mitad del siglo XX, debilitándola y deteriorando sus condiciones salariales) sino que también está afectando y afectará en mucha mayor medida a la clase media y a la nueva pequeña burguesía, que son el auténtico soporte del estilo de vida neocapitalista y neoliberal globalizado, y de la base cultural indispensable de la sociedad de consumo capitalista actual.

Frente a la visión optimista, los Escenarios propuestos por la mayoría de los que se aproximan a esta visión –desde el Foro Económico Mundial hasta aproximaciones de marxistas tradicionales- se centran en una menor oferta de trabajo, peores condiciones del mismo (la sustitución del trabajo fijo por autónomos o particulares ha llevado a que Uber, que es solo una herramienta de software y no posee ni un solo coche, sea hoy la mayor empresa de taxis del mundo, generando la rebelión de estos; o que Airbnb sea la mayor empresa hotelera del mundo, aunque no posee un solo edificio, generando la protesta de todo el sector hotelero) y a una apropiación crecientemente concentrada de los beneficios en una oligarquía con poder creciente.

Y ello ya sea en la versión más suave del Foro Económico Mundial, para el que la Cuarta Revolución Industrial está transformando las sociedades, las economías, y las formas de hacer negocios, con la peculiaridad de que la innovación –que históricamente ha creado nuevos tipos de trabajos que sustituían a los obsoletos- en la actualidad no lo está haciendo de la misma manera, colaborando, de hecho a la pérdida de cohesión social y de legitimidad de los políticos ante la fuerte incidencia disruptiva del cambio tecnológico que se está produciendo. Las previsiones de estos Escenarios asumen que los mecanismos tradicionales de crecimiento no pueden mejorar las condiciones de funcionamiento porque:

el número de nuevos empleos -o de nuevos sectores de trabajo- no van a poder compensar las altísimas pérdidas de empleo debidas al nuevo progreso tecnológico donde, por ejemplo, la creación de empleo por la inteligencia artificial será minúscula, especialmente una vez que los robots comiencen a diseñar y construir otros robots, eliminando el trabajo de un amplísimo grupo de profesionales; pese a la expansión demográfica previsible hasta 2050, no cabe esperar una expansión de los mercados suficiente para ampliar la demanda de productos/servicios exigentes de la creación de nuevos empleos, ya que en el sector servicios –que será el ahora más afectado por esta nueva Revolución- los mercados laborales estarán globalmente unificados por las tecnologías de la información, lo que posibilitará una mayor competencia a escala global entre solicitantes de empleo cualificados (el desarrollo de la deslocalización de servicios informáticos a India, por ejemplo, o la enseñanza a distancia, por internet, son buenos ejemplos de estos procesos) y la conversión de estos empleos en “autónomos” competidores entre sí para proporcionar los correspondientes servicios se va a producir en condiciones de trabajo crecientemente desfavorables; tampoco el esperado nuevo auge en el Escenario BAU de la economía financiero-especulativa como sector económico va a poder presentar un balance de empleos positivo, porque la informatización ya está haciendo innecesarios a los trabajadores en gran parte de ese sector financiero; el uso de la educación y de la cualificación profesional que se ha mantenido en los últimos decenios de crisis como amortiguador del desempleo, ha terminado en una inflación de títulos y cualificaciones que no se ven correspondidos con las condiciones de los trabajos a los que después se accede, lo que va a ir dificultando progresivamente esta salida como colchón del desempleo.

En este marco, para la versión más radicalmente pesimista, no hay manera de que la sociedad pueda evitar que el capitalismo cause un desplazamiento acelerado de la mano de obra y el consiguiente aumento de las desigualdades económicas y sociales, lo que les lleva a predecir Escenarios revolucionarios, bien mediante una revolución social violenta que acabará con el capitalismo, o bien mediante una revolución institucional pacífica -realizada bajo un nuevo liderazgo político socialdemócrata o socialista- que imponga altos impuestos a las rentas y patrimonios más elevados, impulse empleos públicos, disminuya las horas de trabajo radicalmente, y establezca una renta básica universal garantizada para todos. No obstante, consideran que esta última línea de evolución no es sencilla ni probable, ya que la sustitución del empleo en el sector privado por empleo en el sector público es difícilmente viable por la crisis fiscal de los Estados; y la imposición de fuertes impuestos a la renta y al patrimonio contaría con la radical oposición de los poderes económicos. Por ello, defienden que la Cuarta Revolución Científico-Técnica colaborará a que los Escenarios más probables, ante el incremento del descontento social, la agudización de las contradicciones y el establecimiento de situaciones inestables serán: o bien la señalada revolución violenta, o bien la imposición desde el “establishment” de soluciones políticas autoritarias.

LA INFLUENCIA DE LOS CONFLICTOS GEOESTRATÉGICOS EN ESCENARIOS DISRUPTIVOS.

Los riesgos asociados a una posible guerra nuclear o a consecuencias mucho más graves de las esperadas por crisis ambientales, con grandes cataclismos ecológicos por la entrada en funcionamiento de “tipping points” que hagan mucho más rápidas y catastróficas las consecuencias socioeconómicas del calentamiento global, generando grandes flujos migratorios que conduzcan a conflictos bélicos de alta intensidad, son también Escenarios presentes en distintos autores para la próxima década, en el marco de un conjunto de riesgos geopolíticos asociados a los diversos conflictos ya presentes en el Planeta.

De ellos, los más intensos a nivel mundial se están produciendo en Oriente Medio, en particular en Siria, Israel, Iraq y sus países limítrofes. En ellos la intensidad de los riesgos es extrema si lo comparamos con la media mundial; y no existe un Escenario que prevea la desaparición de esta área del mundo como zona de extrema tensión a largo plazo.

El conflicto crónico con Corea del Norte por su permanente política de expansión de capacidad nuclear como mecanismo de defensa, constituye en la actualidad un importante foco de conflicto que se une a la interminable guerra de Afganistán y su incidencia en la desestabilización de los países limítrofes, y muy particularmente de Pakistán. O a las tensiones en el Mar de China que constituyen un importante foco de conflicto con China en el Sudeste Asiático, que aunque de menor intensidad en la actualidad, puede convertirse en un cisne negro ante los comportamientos del nuevo Presidente de EEUU y el porcentaje de cargueros mundiales que cruzan el estrecho de Malaca; lo que no hace improbable algún accidente no deseado que involucre a China y EEUU en un conflicto de proporciones indefinidas.

En varios de los países del Norte de África se supera también el riesgo promedio mundial (Libia, Túnez, Egipto) a la vez que aumenta la tensión en Argelia y Marruecos, o se propagan los conflictos entre chiíes y sunníes en el Golfo Pérsico. No obstante, la evolución previsible en estos ámbitos es mucho menos desfavorable que la que corresponde a los primeros, pese a que el radicalismo islámico intenta desestabilizar una región donde no sólo los niveles de conflicto, sino también de desencanto social permanecen elevados.

En la Europa del Este y en el Cáucaso los niveles de conflicto también son elevados y podrían llegar a establecer Escenarios de alto riesgo si la situación aumenta las diferencias de intereses entre Rusia y EEUU-UE. En concreto, en el Cáucaso se mantienen conflictos históricos -como los de Armenia y Azerbaiyán por Nagorno Karabaj- y está en ascenso el potencial desestabilizador yihadista.

En todos estos conflictos, adicionalmente, hay que destacar el papel creciente del fuerte incremento de la polarización social, del extremismo religioso y del nacionalismo, junto a la transición hacia un orden mundial más multipolar que está poniendo en tensión los sistemas de cooperación global. La pérdida de peso y el incremento de la ineficiencia de los acuerdos o redes de instituciones mundiales o regionales (por ejemplo, la ONU, el FMI, la OTAN, etc.), asociados a la pérdida de confianza en las mismas, aumenta el vacío de poder mundial y la prevención de soluciones efectivas a los retos mundiales; a la vez que dificulta encontrar soluciones pacíficas a los intereses en conflicto y exacerba los riesgos de Escenarios de violencia con muy elevada gravedad de sus consecuencias potenciales.

Gravedad que viene incrementada por la fuerte expansión de las armas de destrucción masiva (nucleares, químicas, biológicas y el desarrollo de materiales y tecnologías radiológicos) a las que, adicionalmente, estos conflictos interestatales están incorporando un nuevo campo de intervención bélica en el ámbito de la ciberseguridad. Ámbito que puede generar caídas críticas en la infraestructura de los sistemas de información (internet, satélites de comunicación, etc.) que pueden producir muy graves consecuencias en los sistemas de producción, en los servicios o en las comunicaciones o seguridad personal. El uso de estas armas y herramientas por parte del terrorismo internacional no se descarta, como tampoco está fuera de riesgo los Escenarios de uso de la expansión de enfermedades infecciosas con estos objetivos.

ALGUNAS CONCLUSIONES FINALES SOBRE CÓMO PUEDEN INFLUIR ESTOS POSIBLES Y DIVERSOS ESCENARIOS GLOBALES SOBRE ESPAÑA.

Desde el punto de vista socioeconómico va a ser imposible mantenerse al margen de los problemas asociados a los Escenarios que finalmente resulten de la evolución del Modelo de sociedad de consumo capitalista imperante  -previsiblemente continuista de los Escenarios BAU a corto y medio plazo- salvo que alguno de los “cisnes negros” o la exacerbación de la presión migratoria derivada de conflictos militares o de las consecuencias del Calentamiento global o de alguno de los riesgos ambientales disruptivos previstos den lugar a la aparición bien de los Escenarios revolucionarios, bien al vuelco democrático hacia un liderazgo político alternativo o –esperemos que no- hacia una alternativa autoritaria o fascista.

Obviamente en qué países y con qué intensidad se dieran estos cambios exigiría que la respuesta y el tratamiento de estos tipos de Escenarios resultantes se produjera en el marco de la Unión Europea, al igual que deben considerarse en este marco, aunque generando también soluciones propias, los problemas asociados a ataques cibernéticos económicos o terroristas, la enorme incertidumbre y volatilidad macroeconómica y los elevados riesgos geopolíticos esperables.

Con respecto a los riesgos ambientales, es evidente que al margen de las necesarias políticas ambientales de mitigación y adaptación al cambio climático, a las crisis hídricas, y al colapso de los ecosistemas y de la biodiversidad, sobre las que tan poco y mal están actuando los Gobiernos del PP, es imprescindible una nueva política que prevenga los efectos más negativos de estos riesgos sobre las costas –y por lo tanto el turismo- el balance hídrico, el sector primario y los ecosistemas, aprovechando al máximo la puesta en valor e internalización de sus servicios. El realizar una planificación que incremente la resiliencia territorial del país, entendida como la capacidad de adaptación de la sociedad, o de los ecosistemas, a los riesgos, catástrofes y situaciones desfavorables que soportan o pueden soportar- debería ser una política prioritaria en la que colaboraran todos las fuerzas progresistas, promoviendo, en línea con lo establecido por Naciones Unidas en la Cumbre para el Desarrollo Sostenible, celebrada en septiembre de 2015, una Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible en España.

Pero no se puede olvidar que los Escenarios más desfavorables contemplados devienen de la contradicción entre una sociedad de consumo capitalista y unos recursos del planeta que hacen inviable la generalización de esa sociedad de consumo a una población global fuertemente creciente, bajo un sistema socioeconómico que hace de la competencia, de la especulación y de la riqueza individual, las pautas básicas de su funcionamiento. Los Escenarios económicos, sociales y geoestratégicos más desfavorables son inherentes a las contradicciones entre competencia/cooperación, beneficio individual/beneficio social, o concentración de la riqueza/igualdad de oportunidades. Y que los Escenarios alternativos que permiten utilizar las potencialidades de la Cuarta Revolución Industrial en beneficio del conjunto de la sociedad exigen superar las pautas de la sociedad capitalista bajo nuevos principios basados en la solidaridad, en la concertación y cooperación, y en el respeto a los equilibrios básicos ambientales del planeta. Las nuevas tecnologías lo permiten cada vez más si se cambian las pautas de poder y de decisión social. El no hacerlo nos lleva hacia un futuro no precisamente agradable, aunque hay que ser conscientes que los cambios de comportamiento de los ciudadanos no se va a producir por posibles riesgos futuros, sino cuando sientan en su propia piel los efectos indeseables de las consecuencias de la actual dinámica social. Cosa que, por otra parte ya está sucediendo no sólo en los aspectos socioeconómicos, sino también en los ambientales y sus efectos sobre su salud, y en los ligados a la radicalización de los efectos del calentamiento global.