NO SON DÍAS AZULES PARA ESPAÑA

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Nadie sabe cuándo empezó, pero las crisis que estamos viviendo desde hace casi una década, han provocado que todo vaya desmoronándose rápida e inexorablemente. De maneras diversas, las estructuras construidas tras la dictadura, primero han sido cuestionadas por un número cada vez mayor de ciudadanos. Y después, han ido dividiendo a unos españoles que antes se mantenían unidos en una idea de España, donde la libertad, el bienestar y progreso para todos los españoles eran la idea que vertebraba nuestra sociedad. Una idea de España, donde la movilidad social era, porque ya no lo es, una seña de identidad, junto con un fuerte sentimiento de solidaridad, pertenencia, y respeto.

Muchas cosas han cambiado. Y el frentismo, las trincheras, el levantar barreras, ya sean visibles o invisibles, se ha instalado en una sociedad cada vez más dividida y cainita, donde la utilización de un lenguaje belicista es cada día más cotidiano para descalificar al que no opina como tú quieres, o no hace lo que tú pretendes. Esta realidad va minando la vida de la gente y la vida social, va inoculando un frentismo vital que de no corregirse ahondará en un desmoronamiento social, y un desplazamiento de la tan necesaria solidaridad y el diálogo para llegar a nuevos acuerdos sin demonizar a nadie.

Puede que todavía haya personas que piensen que no es para tanto. Pero frente a esta sociedad de ganadores y perdedores, frente a esta sociedad de consumidores o no consumidores, frente a esta sociedad de conmigo o contra mí ya sea por el equipo al que perteneces, las opiniones políticas que tienes o tu orientación sexual, hay una alternativa. Una sociedad que se respete y que respete. Una sociedad unida en su diversidad. que trabaje por un futuro de modernidad, progreso y bienestar para todos. Una sociedad con nobleza de ánimo. Una sociedad que se rebele, que abandone la indiferencia y el silencio, y que condene actitudes irreconocibles, que sin embargo cada día son más frecuentes. Y si alguien se pregunta ¿Irreconocibles con qué? Con los derechos humanos.

Es verdad que se suele centrar la erosión en la política, cuando se constata que un 87,1% de los españoles califican la situación política como mala o muy mala. Cuando estamos con un Gobierno en funciones desde el 20 de diciembre del año pasado y después de dos elecciones. Pero el desmoronamiento moral ha llegado a los cimientos de nuestra sociedad.

Cómo calificar el mensaje de esa supuesta antitaurina, deseando que se muera un niño de ocho años con un tumor maligno que afecta a sus huesos porque quiere ser torero. Hay que abandonar el silencio y rebelarse, repudiar este tipo de comportamientos y actuar desde las normas que nos hemos dado. Si nos quedamos en el mensaje (“Que qué opino? Yo no voy a ser políticamente correcta. Que va. Que se muera, que se muera ya. Un niño enfermo que quiere curarse para matar a herbívoros inocentes y sanos que también quieren vivir. Anda yaaaaa! Adrián, vas a morir”) puede ser de una descerebrada, pero lo que es un hecho es que encierra intolerancia y odio. Y la intolerancia y el odio hay que combatirlo y señalarlos para erradicarlos. Al tiempo que se ponen socialmente en valor comportamientos positivos, como los de este niño, que con su grave enfermedad, y junto a los toreros y organizadores, han conseguido recaudar dinero para la Fundación de Oncohematología Infantil.

Cómo calificar el constante hostigamiento a Gerard Piqué, cuyo último episodio de persecución le ha llevado a anunciar que dejará la selección española tras el Mundial de Rusia. Hay que abandonar el silencio y rebelarse, repudiando este tipo de comportamientos hacia una persona por opinar de una determinada manera, o por ir a una manifestación política que no te gusta. Aquí nuevamente se produce una contradicción, entre los que dicen que los ciudadanos tienen que dar su opinión, y unos futbolistas a los que se acusa de vivir en una burbuja; y esos mismos que cuando un futbolista da su opinión y no les gusta lo que ha dicho, pues nada, a ponerlo en la diana.

Cómo calificar el ataque a una carpa y la agresión a varias personas por difundir que se iba a instalar una pantalla gigante en Barcelona para ver los partidos de la selección española de futbol en la Eurocopa.

Cómo calificar que niños, de 12 y 13 años, del poblado chabolista del El Gallinero, se levantaran para ir al colegio, esperaran que viniera su autobús escolar y éste no pasara durante más de una semana, lo que les impedía ir al colegio.

Cómo calificar al empresario recientemente detenido que tenía a un trabajador con un contrato falso y con jornadas laborales de doce horas por un sueldo de 500 euros mensuales y sin días de descanso.

Los cambios no son los causantes del desmoronamiento que vivimos. El fenómeno de erosión que vive España ya se ha producido en otros países y en otros momentos. Por tanto, aunque no es nuevo, los ciudadanos tenemos que ser conscientes individual y colectivamente de lo que está sucediendo, tenemos que abandonar la resignación y desde la acción cotidiana en nuestras vidas estar preparados y preparar las respuestas adecuadas para salir de esta situación de división social, política, económica, cultural y moral. Unas respuestas que no llegarán con cantos de sirenas, sino desde la consecución de un nuevo contrato social, donde todos los ciudadanos se sientan implicados y afectados positivamente.

Y todo ello con transparencia, porque la transparencia genera confianza, es decir, esperanza.