NO HABRÁ TERCERAS ELECCIONES

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No habrá terceras elecciones, o al menos, así lo afirman todos los candidatos que se presentan.

Pero los sondeos indican que las cosas no serán fáciles después de las elecciones. Entre otras cosas, porque no parece que vaya a cambiar nada respecto a la situación actual.

En principio, da la impresión de que, escaño arriba o escaño abajo, los partidos se quedarán con una representación similar a la actual, con lo que ninguno de los dos bloques que se presuponen tendría mayoría de gobierno.

En estas elecciones sólo hay una novedad: la coalición Unidos Podemos. Se presentaron por separado en las elecciones anteriores porque a Podemos no le convencía señalarse demasiado con la gente de IU, y preferían “asaltar los cielos” en solitario. Si entonces se hubiera hecho la coalición, nos hubiéramos ahorrado este tiempo muerto.

Salvo esa coalición, nada más parece haberse modificado. Aunque, en realidad, no es así, porque hay pequeñas cuestiones casi imperceptibles que emborronan el panorama.

En primer lugar, que las heridas realizadas estos meses todavía escuecen. Y si no, basta observar el cara a cara entre Rivera e Iglesias para ver que ya se habían dicho demasiadas cosas gruesas como para que se olvidaran fácilmente. Lo mismo ocurre con las acusaciones de Iglesias al PSOE, que dificultan la credibilidad de la mano tendida, que ahora exhibe el líder de Podemos.

En segundo lugar, que ya no hay políticos nuevos en el panorama electoral. Se perdió la magia del primer encuentro. Iglesias y Rivera han perdido la ingenuidad durante estos meses. ¿Es bueno o malo? Sencillamente, los sitúa a todos en el mismo plano. El mencionado debate de Salvados entre Iglesias y Rivera resultó hasta bochornoso, un absurdo monólogo de dos que no están dispuestos a hablarse. ¡Pues no parece que hayamos avanzado en positivo!

En tercer lugar, el nuevo papel que Podemos quiere jugar en estas elecciones: ser el único que se mida con Rajoy. Si pensamos que eso puede significar un gobierno progresista entre Podemos y el PSOE, resultaría una solución; pero, la otra opción significa que Iglesias se quede como el jefe de la oposición, lo que resultaría frustrante social e históricamente porque se habría perdido la gran oportunidad de gobernar desde la izquierda.

En cuarto lugar, la revitalización de Rajoy. Parece increíble, con la que está cayendo, como se dice habitualmente, que el PP siga manteniendo su suelo electoral, y eso que aún no se ha tocado fondo en Comunidades como la valenciana, donde no paran de salir casos de corrupción e irregularidades por doquier. Pero Rajoy, que se ha mantenido oculto y agazapado, sin mostrar ninguna valentía a la hora de formar gobierno, revive a base de una estrategia tan simple como “resistir sin hacer nada”.

En quinto lugar, el futuro del PSOE. No lo tiene nada fácil. El acoso y la presión a la que se somete a Pedro Sánchez resultan increíbles. No es él el único responsable de todo lo que le ocurre al Partido Socialista desde hace tiempo; pero su objetivo electoral ha de ser mantener los mismos escaños que tuvo, cuando además es el único partido al que el resto le disputa el espacio electoral. Resulta paradójico pensar que tanto Ciudadanos (buscando el centro político y la moderación) como Podemos (situándose ahora en la socialdemocracia) entienden que el espacio electoral más codiciado, el que da la victoria, se ubica seguramente en el espectro que representa el PSOE: una izquierda moderada, lejos del PP y de Rajoy, pero sin extremismos ni radicalismos que asusten al conjunto social.

En cambio, el PSOE, que tiene entre sus bienes el espacio electoral codiciado, parece dilapidarlo sin poder retenerlo entre sus votos.

En sexto lugar, Ciudadanos y Albert Rivera. ¿Por qué no se han convertido en la marca alternativa al PP? Todos aquellos votantes de derechas que no se sientan conformes con la corrupción del PP, con sus malas prácticas, con votar con la nariz tapada, tienen hoy una alternativa. En cambio, no es así. Por alguna razón, Ciudadanos no ha descendido al electorado autonómico y municipal. No se extiende mucho más allá de Albert Rivera. Parece que no hay mucho más conocido que su líder (e Inés Arrimada, que ella sí está creándose su espacio en Cataluña), y cuando se conoce Ciudadanos en el panorama más próximo genera desconfianza.

Le ocurre a la inversa que el PP. Mientras éste tiene un suelo estable y un líder flojo, Ciudadanos tiene un suelo flojo y un líder carismático.

Y, en séptimo lugar, el votante. Estos meses no parece que hayan ayudado mucho a aclarar el panorama político. Los votantes fieles de cada formación seguirán siendo y, seguramente, repetirán su voto emitido en las pasadas elecciones sin ninguna duda. Pero los que hicieron cambios, nada indica que su voto les haya generado satisfacción, tampoco lo contrario. Sin olvidar el todavía más de 30% de indecisos.

Seis meses después de las pasadas elecciones generales, hay un tercio de españoles que están indecisos respecto a su voto. ¿Para qué ha servido esta espera: para asentar criterios o para emborronar las percepciones políticas?

No habrá tercera vuelta, argumentan unos y otros.

Esperemos que así sea. Pero, las decisiones postelectorales no serán fáciles, si las encuestas aciertan en sus pronósticos. Porque las combinaciones siguen sin ser estables.