NI SI NI NO NI TODO LO CONTRARIO

Situémonos en la posición del ciudadano común, en lo que los norteamericanos llaman Ordinary People (gente corriente). Esos cuya mayor preocupación es sacar adelante a la familia, los estudios de sus hijos, conservar o encontrar empleo, médico que atienda la salud, incluso tener fecha cierta para su operación, y que los servicios públicos funcionen, y que la Guardia Civil le atienda en carretera y cuide de que el malo que roba vaya a la cárcel. Gente que desde hace unos años había empezado a tener “orgullo racional” de ser español. Españolitos a las que ninguna España debe helar el corazón, “buena gente que viven, laboran, pasan y sueñan y en un día como tantos, descansan bajo la tierra”.

Gente que, como la mayoría de los ciudadanos, a la Política le dedican como mucho un 20% de sus preocupaciones. Esos que han llegado a no entender nada, la nada en su absoluto, de lo que ha sucedido y está sucediendo. La “gente corriente” no ha salido de su asombro pues, incapacidades aparte, poco ha preocupado e importado a los políticos hacer pedagogía de la situación. Cualquier político profesional debe saber el texto que fundamenta la política: “La Republica” de Platón en la que se concibe el Estado como un fin moral, una búsqueda de la justicia que tiene su base en la educación, siendo esta más importante incluso que la forma de gobierno.

Tal vez la política sea ahora otra cosa, y el que no entienda peor para él. Aunque a la gente normal les gustaría entender planteamientos racionales, comprobar la lógica de los discursos y las actuaciones, saber por qué no se dijo lo que estaba ya pactado y ahora se esgrime por otros, y si unos sabían que se estaba pactando y no les gustaba cual fue la razón de no decirlo.  Han faltado explicaciones, un mutismo preocupante entre los que están obligados a hablar, no apelar a discusiones reglamentarias como en las comunidades de vecinos, una ausencia preocupante de ideas y proyectos. El que los teóricos del no pasen a ser de lo contrario con la misma soltura. Y muchos programas de televisión, tuits de “debates de altura” con “gran profundidad” serenos y responsables. Tres minutos en la tribuna, 30 segundos en la tele, 140 caracteres en el teléfono, y la reunión a puerta cerrada la podrá leer en la edición del martes. Es una caricatura de en lo que se ha convertido la política. Hay quien piensa que puede haber con esto una ilusión cívica hacia los problemas colectivos.

El 27 de junio publiqué en esta revista un artículo que titulaba “Ahora empieza el tiempo de la política y el PSOE será el árbitro”. Hablaba de los tiempos de la política, la importancia de la claridad de los posicionamientos de cara a los ciudadanos y la posibilidad de abstención del PSOE a cambio de una política de reformas, de un liderazgo de oposición serio, regenerador y coherente.

La frustración que tengo no es por la falta de reconocimiento de adivino, es la misma que la de los ciudadanos que votaron al Partido Socialista y la de los que no lo votaron pero sí confiaban en la política democrática, esa que acerca a representantes y representados, aquellos hacen lo que deben según su criterio y convicciones, pero siempre dando cuenta puntual a los segundos de lo que han hecho y sus motivos.

La política parece ser que hace mucho que no tiene un tiempo y el PSOE no se ha conformado con ser arbitro y ha querido jugar, no sabiendo leer el partido y queriendo todos jugar de delanteros al mismo tiempo.

Ahora para reconstruir la izquierda y para conseguir frenar que la derecha vaya ganando cada vez más terreno en la construcción de su modelo de sociedad exclusivo y excluyente requiere: tenacidad, capacidad política, generación de ideas, esfuerzo, generosidad, inteligencia, integración, lógica, habilidad comunicativa y sentido común. En este momento es difícil saber quién o quiénes están dotados de estos atributos para afrontar esta tarea. En todo caso ni en favorecer el Gobierno del PP, ni en bloquearlo, ni en encontrar uno alternativo parece estar la solución a la crisis de la izquierda. Los muchos millones de votos se sabe a dónde se han ido y fácilmente podemos decir la(s) razón(es) de su marcha -para muestra el botón de los últimos meses- .Lo difícil es encontrar la fórmula magistral para su vuelta y a otros alquimistas que sean más políticos a antiguas usanzas y estén más cerca de la gente corriente, que es eso, corriente pero no tonta.