NI CONTIGO, NI SIN TI…

tezanos090316

Muchos españoles empiezan a sentirse un poco hartos del baile de propuestas, amagos y razonamientos que emplean algunos líderes políticos para intentar justificar –incluso agresivamente─ su poca disposición a negociar –y transar─ para la formación de un gobierno capaz de recoger y asumir el espíritu de las urnas tal como se manifestó el 20 de diciembre.

Desde luego, no es fácil explicar la coincidencia en el voto que se ha producido entre los dos extremos del arco parlamentario (PP-Podemos) en las sesiones parlamentarias del 2 y 4 de marzo. ¡Juntos contra Pedro Sánchez y contra el único intento serio y creíble de confluencia!

El problema no consiste solo en que algunos estén promoviendo –aparentemente─ el discurso de las dos Españas irreconciliables, y el consiguiente bloqueo de cualquier tipo de pacto de entendimiento capaz de tender puentes, sino que lo más grave es que están intentando aparentar que los responsables –o culpables─ de que no haya acuerdo son precisamente aquellos que han presentado en el Parlamento una propuesta programática de consenso y de encuentro entre partidos que han sido capaces de anteponer el interés general y formular un conjunto de 200 medidas, que son especialmente positivas para sectores muy sensibles de la sociedad española.

Lo sorprendente es que ante una propuesta programática de tanto interés, solo hayan sabido responder con una mezcla de expresiones de odio y descalificación y con gracietas que ni están justificadas ni vienen a cuento. Pero no se han molestado en señalar de manera concreta en qué discrepan, o qué otras medidas específicas (asumibles) piensan que habría que incluir en el programa de gobierno para que pudiera contarse con su apoyo.

Cualquier experto en tácticas y estrategias de negociación dirá que estamos ante un caso palmario de boicot deliberado a cualquier tipo de acuerdo. ¿Por qué no se quiere el entendimiento? ¿Acaso piensan que una repetición de las elecciones podría beneficiarles? ¿Por qué su único propósito es la bipolarización política y la estrategia cainita de “cuanto peor tanto mejor”? ¿Debido a odios atávicos a todo lo que supone y representa la socialdemocracia moderna? ¿O simplemente estamos ante un caso singular de falta de la más mínima inteligencia política práctica?

Lo más curioso es que, ante el escenario postdebate, algunos continúen negándose en redondo a sentarse ─¡ni siquiera sentarse!─ con quienes ya han dado muestras de sensatez, voluntad de diálogo y capacidad de altruismo negociador, mostrándose dispuestos a ceder y a pensar en términos del interés general.

Desde una óptica inteligente y transparente, cualquier líder de izquierdas tendría que valorar como un logro positivo que un partido de centro como Ciudadanos esté dispuesto a llegar a acuerdos con un partido de izquierda moderada como el PSOE, poniendo su firma y su respaldo a un acuerdo que objetivamente es bueno y viable, y que, además, está sujeto a nuevos posibles apoyos y mejoras.

El desdén con el que Mariano Rajoy se ha tomado la posibilidad de reunirse conjuntamente con Pedro Sánchez y Albert Rivera, a partir de su acuerdo-base, solo es superado por la reacción de Iglesias Turrión, negándose a sentarse, ni siquiera, con Albert Rivera y los negociadores de Ciudadanos. ¿Alguna vez se ha visto mayor arrogancia excluyente por parte de quien solo cuenta (hoy por hoy) con el respaldo del 20% de los votos agregados?

La manera en la que se intenta defender y justificar ante la opinión pública posiciones tan excluyentes y poco realistas es una auténtica afrenta a la inteligencia de los españoles.

Cuando el diputado Iglesias Turrión afirma que no se reunirá con los diputados y negociadores de Ciudadanos ─sin comprender que es imprescindible entenderse con ellos en aras de la gobernabilidad de España─, porque no son de izquierdas, revela que más que estar en la política está en el frentismo puro y duro. Y, como quiera que sus asesores le dicen que eso es muy radical –y poco realista, añado yo─ entonces adereza sus argumentaciones con las más pintorescas gracietas y frivolidades.

A su vez, cuando se le explica que el PSOE ya tiene un acuerdo –positivo─ con Ciudadanos y que el sentido más elemental de la lealtad política exige trabajar desde el punto de consenso ya alcanzado, la respuesta no deja de ser ilustrativa. ¡Qué nos importan los pactos! –dicen. ¿Es que Pedro Sánchez no va a poder ir solo a ningún sitio? –sostienen sin mayores remilgos. Lo cual es un exponente muy claro del valor que dan a los pactos algunos líderes y partidos. ¿Con esa mentalidad quién se puede fiar de ellos? ¿Así valoran la lealtad a los acuerdos?

El ejercicio práctico de paciencia y de voluntad política positiva que está desplegando Pedro Sánchez es posiblemente una de las mejores pruebas de su talante de hombre de Estado, del que los ciudadanos se pueden fiar. Algo que están captando perfectamente muchos de los que votaron el 20 de diciembre, sobre todo algunos de los que votaron a Podemos, esperando ejemplaridad, aires nuevos y voluntad firme de defensa de los intereses de los sectores más necesitados de la sociedad, y que ahora se están encontrando con mucho ruido, mucho circo, mucho rencor y poca sustancia política. En definitiva, demasiadas viejas mañas y poca capacidad de innovación y regeneración.