MICROGENESIS POST ELECTORAL

Hay una duda que se plantea a la hora de votar. Una, sobre todas las demás, que es tan obvia como determinante. Es lo que puede condicionar, en muchos ciudadanos,  la decisión de ir a votar y en qué sentido. La duda: ¿Después qué? ¿El bloqueo podremos dejarlo atrás?

Si como reflejan la mayoría de las encuestas, el resultado va a ser muy parecido al de abril ¿estaríamos ante el móvil perpetuo? ¡Evidentemente no! Si así fuera, una generación política quedaría amortizada. Bastante ha sido ya el desgaste que han sufrido. Lo más importante, y aún es imperceptible, es el deterioro del propio sistema democrático que se está produciendo. La cuestión es preguntarse que, ante esa hipótesis bastante plausible, quién tendría que modificar sus actitudes y sus planteamientos.

No podemos engañarnos a nosotros mismos ni contribuir al juego de que siempre los malos son los otros. Todos, absolutamente todos los partidos políticos, tienen que considerar que no alcanzar un gobierno, a la mayor brevedad posible, es un acto de irresponsabilidad que nuestro sistema de convivencia colectiva no puede permitirse.

Es previsible que el Partido Socialista sea la fuerza más votada, no parece que con el número de escaños suficiente como para poder sacar por sí solo la investidura. A partir de ese punto es cuando entra en juego poner el sentido patriótico por delante, la responsabilidad cívica, o como quiera que lo queramos denominar.

El debate no dejó ninguna luz respecto a cómo se va a formar un gobierno. Romper el bloqueo para formar gobierno es la esencia del voto del día 10. Luego vendrá otra asignatura:  estabilizar la gobernabilidad, pero sin investir presidente lo demás es aún anticipado pensar en ello.

 Veamos el escenario en el que se desarrolla todo.

El PSOE parece que va ser el partido más votado, con lo cual en torno a él gira la solución. Rivera es una incógnita permanente, si su descalabro es tan estrepitoso como pronostican las encuestas, no le quedaría otra que apoyar con sus votos a la formación de un gobierno socialista. Sin contrapartidas de inicio y pensando en cimentar la estabilidad gubernamental. Es la única apuesta si Rivera no quiere terminar en política con el patetismo de Rosa Díez. Seguir contando para el futuro en la política española requiere sacrificio y renunciar a tener la posesión de la verdad. Espero que Lucas, su perro electoral, le aconseje no hacer más chorradas.

Ahora bien, aún así, no parece que la suma pueda ser bastante. Hace falta algo más. Ahí es donde se abren distintos caminos, más complejos de transitar. Para hacerlo se requiere un ejercicio de valentía y esperar que con el tiempo se valore el esfuerzo, pues nada se hace gratis.

Primera opción: Abstención del PP. Es quizás la posibilidad que más satisfaría al establishment y también al sentido común, ante una probable recesión económica en el horizonte.  Sin embargo, los populares tienen demasiado fresca la herida de la moción de censura. Y también por tradición, ya le negaron el pan y la sal al pérfido Zapatero cuando este pidió que le tendieran la mano para hacer frente a la crisis financiera del 2008. Dejaron que el fango subiera de nivel y esperaron a recoger los réditos electorales. Lo hicieron saboreando la hiel en sus bocas y doblegándose a los planteamientos más insolidarios que venían de Europa. No hay mucho que esperar de esta vía pues de producirse es como para no conciliar el sueño, cada paso en la gobernabilidad tendría una mina explosiva en el camino. ¡Al tiempo!

Estaría bien pensar que no tiene por qué ser así, pero la historia no demuestra otra cosa. Como diría León Felipe… “más si mis ojos están sucios los vuestros están ciegos”. Rajoy fue impasible y Casado no ha nacido para romper el hielo. Lo único que podría llevar a doblegar al PP sería la presión de los poderes económicos, pero si no fue en septiembre no va a ser ahora.

La otra es volver a retomar el camino del socio preferente pero, la distancia entre Pedro y Pablo va más allá de lo ideológico, programático o estratégico. Cada cual tiene sus razones, quizás todas entendibles, pero obras son amores y no buenas razones. La abstención de UP, ya no digo el voto de apoyo, también parece remoto. Ahora bien, el voto negativo no es perseverar en el error, es suicidarse como Larra, por despecho.

Solución: Negociar un acuerdo por fases, con un contenido programático concreto. Fórmula para vencer resistencias y ganar confianza mientras se camina. ¿Esto es gobierno de coalición? no. Es reconstruir los puentes volados. Ni nuevo, ni no dicho ya.

Saber para qué se vota es el elemento esencial que lleve el domingo a la urna, no creer que todo es imposible.

El sábado es un día clave, que puede dar al traste con este país, si los otrora progresistas de ERC deciden salir a la calle a bloquear la democracia, por acción o por omisión, y eso lleva a electores del resto de España a pensar que la solución a la violencia es responder con violencia. ERC tendría que ser parte de la solución del problema de Cataluña y ser conscientes de que el crecimiento de la extrema derecha es un preámbulo a la vuelta de un pasado oscuro.

En definitiva, estamos ante la necesidad de que todos hagan un ejercicio de microgénesis. A saber, llevar a cabo un profundo cambio en la conducta como consecuencia de un proceso de aprendizaje. Es una cuestión psicológica.  España no necesita psicopatías, sino liderazgo y un gobierno estable.