MÁS ATAQUES A LA CREACIÓN Y LA CULTURA

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Mientras siguen las dificultades para obtener Gobierno, la sociedad española sigue sufriendo las medidas draconianas de Rajoy, quien, después de haber despreciado a toda la oposición, haberse creado enemigos a diestro y siniestro, se pasa el día añorando un “Gobierno estable y sólido”, como si la mano férrea de su mayoría absoluta no hubiera sido “estable y sólida”. A veces, hemos de tener cuidado con las cosas que deseamos: ya tuvo España Gobiernos sólidos en otras épocas que no aportaron justamente ni libertad ni paz ni justicia.

La última medida que me causa estupor e indignación es la aplicación de la Reforma de Pensiones, que entró en vigor en 2013 y que prohibe compatibilizar la pensión con los derechos de autor.

Nuestro país sigue inmerso en una crisis económica que no sabe cómo resolver. Los últimos datos nos alertan de que España es el país de la UE donde más crece la desigualdad: 20 personas tienen la misma riqueza que el 30% de la población; una población que ve cómo disminuye su seguridad laboral y personal, su esperanza en el futuro, y su autonomía de proyecto de vida. Esta crisis económica tiene unas hondas raíces morales. La desigualdad no puede encogernos de hombros como si fuera parte inevitable del sistema. Mientras ello ocurre, seguimos descubriendo todos los días, uno tras otro sin parar, las estafas y la corrupción que han anidado en cualquier rincón de nuestro quehacer económico-administrativo.

Hay que cambiar la cultura y los modos, los valores sociales, las prioridades, el paradigma económico, y apostar firmemente por la creación y el conocimiento como bases sólidas de una sociedad que aspire a ser más solidaria, justa y cohesionada. Sin embargo, resulta difícil ser optimista cuando se toman medidas legislativas que van en dirección contraria. Durante estos últimos años, hemos visto que los recortes más drásticos, los mayores desprecios, los impuestos más abusivos como el IVA cultural, se han dirigido de manera empecinada contra el colectivo de creadores y artistas culturales.

Ahora, llegan los efectos de esta una nueva medida: la incompatibilidad de la pensión con los derechos de autor. Resulta inconcebible que un autor, creador o científico no pueda seguir desarrollando su actividad intelectual y creativa en todo el período de su vida.

Las medidas aplicadas actualmente atentan contra los derechos individuales, así como contra la difusión de la Cultura y la Ciencia como bienes sociales de interés general. Además, vemos cómo se persigue, se fiscaliza, se multa y se acusa de estafadores a personas de la categoría de José Manuel Caballero Bonald, Antonio Gamoneda, Eduardo Mendoza o Javier Reverte por haber recibido premios tan prestigiosos como el Cervantes o cobrar los derechos de autor de sus extraordinarias obras y trabajos.

Cuando se le exige a un autor (cultural o científico) que, una vez jubilado, opte por su pensión (debidamente cotizada) o las prestaciones por conferencias, premios o derechos de autor de libros se está incurriendo en una clara injusticia legislativa. En primer lugar, los derechos de autor corresponden a obras realizadas con anterioridad a la edad de jubilación; en segundo lugar, a nadie se le devuelven sus cotizaciones para la prestación de la pensión, usurpando por tanto el Estado unas cotizaciones que pertenecen al autor; en tercer lugar, las actividades realizadas son perfectamente legales y están declaradas ante Hacienda pagando la correspondiente retención; en cuarto lugar, se merma la capacidad intelectual y creativa, anulando la dimensión individual más importante de la persona, sobre la que se ha acumulado los conocimientos y estudios de toda una vida, esquilmando al conjunto de la sociedad la posibilidad de seguir disfrutando del conocimiento y talento de personas sobradamente preparadas.

A lo mejor, el ciudadano piensa que esta “incompatibilidad” se da en cantidades elevadas como las que han cobrado algunos individuos con sus tarjetas black, sus comisiones o sus pensiones millonarias. Pero estamos hablando de que la incompatibilidad de cobrar una pensión e ingresar por una actividad creativa/cultural existe cuando se supera el salario mínimo interprofesional, es decir, 9000 euros anuales o 750 euros al mes, con la suma de los cursos, artículos, conferencias y derechos de autor que su obra le genera.

Una medida que sólo se nos ocurre aplicar en España, porque vamos “sobrados” de creación y talento, tanto que a los jóvenes excelentes los “exportamos” y a los jubilados prestigiosos “los silenciamos”.

Cualquier jubilado tiene derecho a compatibilizar su pensión con los ahorros, los intereses bancarios, los alquileres de pisos, jugar en la bolsa, pertenecer a entidades económicas, y un largo etcétera. Pero no es compatible con escribir, enseñar, y divulgar conocimiento y creación.

Con estas medidas se le mandan a la sociedad dos mensajes muy negativos: que las personas cuando adquieren la edad de jubilación no son útiles socialmente, y que la Cultura y la Ciencia no son fines en los que invertir individual y socialmente.

Sobre todo, se penaliza “la sabiduría”, esa virtud intelectual que debe ser útil a los demás y que se adquiere a través del conocimiento y la experiencia. ¿Para qué necesitamos “sabios” en España?