MANTRAS

Las organizaciones políticas suelen utilizar frases que a fuerza de ser repetidas se convierten en verdaderos mantras, que a veces sirven para disimular carencias y otras para orientarse o fijar ideas. Uno de los mantras más repetidos estos últimos tiempos esta formulado en negativo y lo usa una formación de nuevo cuño para convertir la diferenciación con otros partidos en guía de su acción política. La frase es “no actuar como los viejos partidos”; con lo cual, en lugar de aprovechar las experiencias ajenas para rechazarlas o asumirlas en función de su validez, dedican tiempo y esfuerzos en marcar territorio aun a costa de dar peores soluciones a problemas concretos.

De entrada, es un mal planteamiento considerar “a priori” que los partidos con más solera lo hacen mal, en lugar de admitir que tanto los antiguos como los nuevos hacen cosas bien y otras no. Porque en este terreno la frontera real no está entre lo viejo y lo nuevo sino entre la mala y la buena política. Basta asomarse a lo que ha ocurrido en España estos últimos años para comprobar que se han reproducido los mismos malos ejemplos existían en los tiempos del bipartidismo imperfecto. Aquí nadie reconoce los propios errores, la autocrítica es una palabra huera, menudea el insulto y el menosprecio a los demás, emerge la prepotencia en cuanto se puede, los intereses partidistas se colocan por delante de cualesquiera otros, y la propensión a las “purgas” y el ansia de poder forman parte del espectáculo cotidiano.

Un ejemplo próximo de mala política ha sido el referéndum promovido semanas atrás por el Ayuntamiento de Madrid. Formalmente se trataba de invitar a los ciudadanos a pronunciarse sobre varias iniciativas, entre ellas la remodelación de una plaza y la peatonalización de una calle. Realmente éstas y demás propuestas eran la justificación para lo que verdaderamente interesaba transmitir a los vecinos de la capital: que la plataforma Ahora Madrid era la campeona de la democracia participativa. Es decir, lo sustantivo era el referéndum y lo adjetivo o instrumental eran las preguntas. En suma, se ha buscado diferenciarse a costa de gastar bastante más de un millón de euros de dinero público. Y es necesario insistir en que este no es un buen camino porque se nos acaba de anunciar que la intención es perseverar en el mismo y gastar diez veces más.

Efectivamente, un  partido experimentado habría promovido la participación de un grupo de expertos en la materia para que propusieran las soluciones que, colectivamente, les parecieran las más adecuadas. Y a continuación decidir desde el órgano municipal correspondiente. Porque someter a los ciudadanos a una consulta con mil implicaciones sobre la ordenación urbanística, los desplazamientos de ejes de movilidad de personas y vehículos, con lagunas de información sobre con qué o  con quiénes se preveía ocupar los nuevos espacios libres, etc, etc, tiene más de populismo que de democracia. Mejor el 70 por 100 de la democracia representativa que el 7 por 100 de la otra. Por cierto, suena a broma calificar de “éxito rotundo” que casi el 93 por 100 de los convocados a las urnas pasaran de largo.

Para no pecar de oportunismo omito ejemplos de lo que podía haberse hecho con el dinero empleado en este ensayo. Pero recuerdo las amplias posibilidades que a nivel municipal están abiertas en materia de servicios sociales. Que en principio no deba rechazarse la idea de alguna consulta a la ciudadanía exige que sea muy meditada y realmente necesaria. Ninguna de estas dos condiciones se ha cumplido en este caso.

Más allá del juicio que nos merezca esta iniciativa está el mal síntoma que encierra ese afán por la diferenciación respecto de los demás. Esfuerzo que, por otra parte, resulta innecesario porque ya se encarga cada uno de remarcar las opiniones y propuestas políticas que, en conjunto, perfilan su propia identidad. Y cabe hacerlo en positivo. Pero es un mal síntoma, sobre todo, porque pensar y defender un futuro de progreso es pensar y defender el entendimiento entre la izquierda. No lo contrario. Este podría ser el mantra más adecuado para los tiempos que corren.