¿MAL TIEMPO PARA VOTAR?

iglesias040516

“La comunicación fue breve. Habla el presidente de la mesa electoral número catorce, estoy muy preocupado, algo francamente extraño está sucediendo aquí, hasta este momento no ha aparecido ni un solo elector a votar, hace ya más de una hora que hemos abierto, y ni un alma, sí señor, claro, al temporal no hay medio de pararlo, lluvia, viento, inundaciones, sí señor, seguiremos pacientes y a pie firme, claro, para eso hemos venido, no necesita decírmelo. A partir de este punto el presidente no contribuyó al diálogo nada más que con unos cuantos asentimientos de cabeza, unas cuantas interjecciones sordas y tres o cuatro principios de frase que no llegó a terminar. Cuando colgó el auricular miró a los colegas de mesa, pero en realidad no los veía, era como si tuviera ante sí un paisaje compuesto de colegios electorales vacíos, de inmaculadas listas censales, con presidentes y secretarios a la espera, delegados de partidos mirándose con desconfianza unos a otros, haciendo las cuentas de quién gana y quién pierde con la situación, y a lo lejos algún vocal chorreando y premioso que regresa de la entrada e informa de que no viene nadie. Qué le han respondido del ministerio, preguntó el representante del pdm,  No saben qué pensar…

Esto es lo que les pasa a muchos ciudadanos hoy. Que no saben qué pensar. Y aunque está lejos de suceder lo que acontece en Ensayo sobre la lucidez, de José Saramago, el fragmento de esa obra con el que comienza este artículo sirve para reflejar el hartazgo de muchos ciudadanos con sus representantes. A los que ven incapaces de hacer algo tan sencillo como dialogar y acordar. A los que ven incapaces de tener como objetivo principal el aumento del bienestar de los ciudadanos. A los que ven incapaces de primar el interés general, sobre cualquier otro interés particular o partidista.

Un hartazgo que, ya en las anteriores elecciones generales del 20 de diciembre, hizo que un 48,8 por ciento de la población siguiera esa campaña electoral con poco o ningún interés, según el estudio postelectoral del CIS. Y después de lo sucedido estos meses, qué piensan que ocurrirá, ¿habrá más o menos interés por la campaña?

Un hartazgo que ha llevado a que un 73,9 por ciento de la población esté muy de acuerdo/de acuerdo con la frase “Esté quien esté en el poder, siempre busca sus intereses personales”. ¿Este pensamiento incentiva la participación o por el contrario la debilita, especialmente en determinadas clases sociales que son precisamente las que más necesitan de la política?

Un hartazgo que conduce a un 61,2 por ciento de los españoles a calificar la situación política como mala/ muy mala. Y a un 61 por ciento a calificar la situación económica de mala/ muy mala.

Un hartazgo que las encuestas traducen en más abstención en las próximas elecciones generales. Algunas, como el sondeo de Metroscopia, pronosticando una participación del 70 por ciento. Un 3,2 por ciento menos que en las elecciones del 20 de diciembre del año pasado. Y reflejando, además, que el aumento de la abstención, lejos de castigar a la formación política que más ha hecho porque se repitan las elecciones, es decir, el PP, le puede beneficiar al tener un electorado fiel.

A las 9:37 horas del martes 3 de mayo, el Rey firmó el decreto de convocatoria de nuevas elecciones para el día 26 de junio, tras finalizar el tiempo marcado por la Constitución para la elección de un Presidente del Gobierno sin que se haya producido. Esto supone que las nuevas Cortes se constituirán el 19 de julio. Y si todo va bien, es decir, si hay acuerdos que puedan convertirse en una mayoría numérica en el Congreso, tendremos Presidente del Gobierno y Gobierno para el mes de agosto como muy pronto. ¿Pronto?

Es cierto que el sistema ha funcionado. Es cierto que se necesitarán reformas para acortar plazos. Es cierto que los ciudadanos han sido convocados nuevamente a las urnas. Pero todo lo anterior, tiene que ir acompañado de la construcción de espacios de confianza entre los ciudadanos y sus representantes. De espacios de confianza entre los distintos representantes públicos para lograr acuerdos y construir un gobierno donde las personas sean el centro, sin que nadie tenga que traicionar sus posiciones.

Pero hay que comenzar ya. Y el primer ejercicio de la campaña, incluso el mejor para la democracia en España, sería tener claro que aquí, ahora, no valen reproches, no valen los cálculos para ver a quién viene mejor o peor esta situación. Que cada cual sea responsable de lo que ha hecho y de lo que no. Que cada cual presente con sencillez sus propuestas. Y que, al mismo tiempo, diga con quién dialogará, cómo y para qué. Así, los ciudadanos podrán elegir con más información, es decir, mejor.

Hay esperanza. Un 86,1 por ciento de los españoles está muy de acuerdo/de acuerdo con la frase “Votar contribuye a sostener la democracia”. Y un 67 por ciento está de acuerdo con que “A través del voto la gente como Ud. puede influir en lo que pasa en la política”, como señala el CIS. Por tanto, durante estos días y después, con los resultados en la mano, animemos a los ciudadanos y a sus representantes a construir una España mejor.

Las primeras palabras del libro Ensayo sobre la lucidez dicen “Mal tiempo para votar”.  El 26 de junio, el tiempo no será la excusa ni en la votación, ni en el resultado. Hagamos entre todos que sea un buen tiempo para votar.

 

*Los vetos cruzados han llevado a la situación insólita de bloqueo institucional, sin garantías de que no vuelvan a llegar a la misma situación tras las elecciones del 26-J.