LUCES Y SOMBRAS EN TORNO A LOS DEBATES SOBRE VENEZUELA EN LA CAMPAÑA ELECTORAL ESPAÑOLA

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Algunos se sorprenden, protestan y se rasgan las vestiduras debido a la atención que se está prestando a lo que sucede en Venezuela en la pre-campaña electoral española. Y descalifican de manera agria a los líderes españoles que acuden a aquel, hasta hace poco, próspero y floreciente país, para intentar ayudar a remediar una situación verdaderamente catastrófica en el plano económico y explosiva en el campo político.

¿Tan difícil es entender por qué se está hablando en España de Venezuela? Aparte de la existencia de muchos lazos personales de antiguos emigrantes españoles y de no pocos vínculos económicos más recientes, la explicación es bastante obvia. Es decir, se presta atención a lo que ocurre en Venezuela por la sencilla razón de que determinados líderes políticos españoles tienen en Venezuela y el chavismo su modelo ideológico de referencia y –parece ser─ su fuente primordial de financiación.

Algunos de estos líderes fueron durante años asesores e impulsores del modelo chavista, y durante sus estancias en Venezuela se alojaban en el propio palacio presidencial de Miraflores. Desde luego, existen abundantes pruebas gráficas y documentales de todo esto. Algo que los principales dirigentes de Podemos tenían a mucha gala hasta hace bien poco. Incluso hoy en día justifican todas las excentricidades del Presidente Maduro y argumentan a su favor cuando, habiendo quedado en minoría, se niega a realizar el referéndum revocatorio que los líderes de Podemos han venido exhibiendo –muy ufanos─ como una de las grandes conquistas de la democracia bolivariana.

Se entiende, pues, que cuando el modelo bolivariano hace aguas por todos los lados, cuando la mayoría de los venezolanos lo rechazan abiertamente, cuando el desabastecimiento llega a los productos alimenticios y sanitarios más elementales y cuando el clima político y la seguridad personal se deteriora hasta niveles inimaginables, los líderes de Podemos se pongan sumamente nerviosos y no sepan qué decir ni qué responder. Por eso, de acuerdo a los cánones de la propaganda totalitaria, reaccionan con “maniobras de distracción” que son de manual, descalificando a quienes intentan ayudar desde España, sobre todo a Felipe González y a Albert Rivera, al tiempo que se apuntan a las argumentaciones extremas de Maduro, calificando a los líderes de la oposición encarcelados, y a los alcaldes electos sometidos a prisión domiciliaria y aislada, de “golpistas”, mientras el propio Maduro continúa tejiendo sus propios hilos militaristas para intentar mantenerse en el poder en contra de la voluntad y de los votos explícitos de la gran mayoría de los venezolanos.

La verdad es que no deja de ser preocupante que los grandes voceros del modelo bolivariano en España miren para otro lado cuando todo esto sucede, contando con la complacencia de determinados periodistas y medios de comunicación social a los que parece que lo mismo les da una cosa que otra en términos de legalidad democrática, solvencia económica y funcionamiento del Estado de Derecho. ¿Qué ha sido de las tan cacareadas virtudes de la Constitución Bolivariana de Venezuela? ¿Es así cómo se respetan los principios básicos de la democracia y del Estado de Derecho? ¿Es eso lo que sucedería en España si los dirigentes actuales de Podemos lograran mayorías electorales suficientes como para imponer su modelo constitucional? ¿Es por eso, precisamente, por lo que están en contra de la actual Constitución española?

Sinceramente, lo que algunos no logramos entender es la aureola de papanatismo mediático y de comprensión “buenista” con la que se acoge en determinados ámbitos todo lo que rodea al actual grupo dirigente de Podemos, es decir, al núcleo duro de los antiguos asesores, y camaradas muy queridos, de Chávez y Maduro.

Y tampoco se entiende por qué se intenta imponer silencio en torno a sus fuentes de financiación originarias, y no tan originarias. Por ejemplo, el 6 de diciembre de 2014 El País y varios medios de comunicación social españoles dieron cuenta de una noticia que, de ser cierta, tendría que haber tenido algunas consecuencias prácticas, incluso por parte del Gobierno español. Según dicha noticia, que se supone que El País procuraría verificar antes de publicarla, el embajador de Venezuela en España, Mario Gea, había presentado un Informe en una reunión de los diputados chavistas del Partido Socialista Unificado de Venezuela (PSUV), celebrada en la Asamblea Nacional, en el que se llamaba a movilizar contactos internacionales para intentar justificar el estado de cosas en Venezuela, incluyendo la encarcelación de varios líderes opositores.

El informe que, curiosamente, se titulaba “Caso Rajoy: contexto general y acciones a tomar”, advertía sobre la oportunidad de intentar que la “agudización de contradicciones en el seno de la sociedad española favoreciese el crecimiento de la izquierda española”, resaltando, entonces, el crecimiento de IU y de Podemos en las elecciones europeas. En esa perspectiva, se señalaba que si en España no se había producido todavía un estallido social era, sobre todo, por la “ausencia de una alternativa política”, añadiendo, punto y seguido, las posibilidades de Podemos que, según las encuestas, el embajador calculaba que estaba entonces en un 28,3% de intención de voto. De ahí que en dicho Informe se sostuviera que, si se lograba que Podemos llegara a la Moncloa ellos tendrían una magnífica plataforma para la difusión en toda Europa de los logros del modelo venezolano. Lo cual tendría que ser acompañado de esfuerzos para debilitar a la OTAN en Europa, en aras de un modelo autónomo de defensa europeo y, en particular, permitiría la erosión de la Alianza del Pacífico, fortaleciendo la alianza ALBA. Y en todo esto se pensaba que España, con Podemos en la Moncloa, podría ser un aliado fuerte –y vehicular─ de la Venezuela chavista en la Unión Europea.

De ser cierta esta noticia –un caso verdaderamente insólito de intromisión de un país autocrático, y con crecientes ribetes de implicación militar, en una democracia seria como España─ se entendería no solo la obsesión histriónica de Maduro y los chavistas con Mariano Rajoy, Felipe González y ahora Albert Rivera, sino también determinados movimientos de ayuda económica que, obviamente, no se explican solo por la cara bonita de Monedero, Iglesias Turrión y algunos otros.

¿Hay constancia de que dichas ayudas millonarias han llegado a los protolíderes actuales de Podemos? Hasta la fecha lo que se conoce es la publicación en algunos medios de comunicación de determinados documentos acreditativos de pagos y, sobre todo, las declaraciones del que fuera Ministro de Finanzas de Hugo Chávez –ahora exiliado─ Rafael Isea, que ha revelado que fueron realizados pagos –firmados por él─ por un importe de casi siete millones de dólares al Centro de Estudios Políticos y Sociales (CEPS), auténtico embrión de Podemos, con la finalidad de ayudar a “extender el movimiento bolivariano en España”. Cantidad no despreciable y, desde luego, superior a la que se va a gastar el PSOE en la campaña de las elecciones del 26 de junio. Cantidad a la que, según las informaciones publicadas en diversos medios, habría que añadir otros 3,7 millones de euros por supuestos trabajos de asesoramiento a los gobiernos de Chávez y Maduro, junto a otras cantidades importantes presuntamente abonadas por Irán, y algunas otras aportaciones ulteriores de Venezuela, de las que no se han aportado pruebas fehacientes.

Y ¿qué dicen de todo esto los que forman el actual núcleo dirigente de Podemos? Simplemente responden de acuerdo a los parámetros de la propaganda totalitaria, descalificando e insultando a los que difunden tales informaciones, motando de “golpistas” y “fascistas” a los que hablan de ellas. Pero, eso sí, sin repudiar ni por un momento a Maduro, ni a sus políticas involucionistas y autocráticas, y sin reconocer los múltiples problemas económicos que están destrozando Venezuela y, a diferente escala y con distinto sentido, a Grecia.

¿Por qué resulta extraño, pues, hablar de tales cosas en plena campaña y no de lo que sucede en España, como sostienen Iglesias Turrión y los suyos? Pues, por la sencilla razón de que somos muchos los que no queremos que España siga la senda de los grandes patrocinadores y camaradas de Podemos. Lo cual significa que la explicación sobre la atención prestada a Venezuela estriba en que esas son las referencias políticas de Iglesias Turrión y los suyos. Y si estos quieren que no se hable de tales cosas en la actual campaña electoral, solo lo lograrán renunciando neta y abiertamente a tales modelos políticos, y no insultando o intentando tapar la boca a los que no piensan como ellos, ni se avienen sumisamente a entrar por el aro de sus propósitos.

Y todo esto es algo en lo que debieran pensar muy seriamente los que votaron por Podemos el 20 de diciembre, y que, por muy indignados que estén, después de ver fehacientemente la arrogancia e intransigencia con la que han actuado en los últimos meses, ahora ya no tienen ninguna disculpa si votan por aquellos que vienen de donde vienen y toman como modelo regímenes políticos que se encuentran en las antípodas del sentido común, la eficacia económica y la coherencia democrática. Desde luego, ahora, si les votan, después no podrán decir “yo no sabía”.