LUCES Y SOMBRAS DE LA MOCIÓN DE CENSURA

Siempre resulta difícil hacer análisis sin caer en tópicos o posiciones prefijadas, y así puede entenderse también este artículo. Se puede pensar que una crítica viene ya condicionada por posiciones partidistas previas. Intentaré no caer en tópicos y comentar las luces y sombras de esta moción de censura.

Partiré de la necesidad de realizar una moción de censura al Gobierno del PP. La situación que vive España donde el partido de gobierno está sentado en el banquillo no es una normalidad, y no existe ningún otro país que pueda asemejarse a esta situación política.

Ahora bien, Podemos tenía un papel complicado, porque él mismo se había puesto la soga al cuello, al lanzarse a la moción de censura en una estrategia de intentar sacar cabeza electoral en el momento de debilidad del PSOE. El daño que ha hecho entre el electorado socialista es más del que imagina. Aunque ellos solo miren su entorno, el futuro dirige los pasos al entendimiento, por eso, cuanto más obstáculos, peor. Ya lo ha dicho todo el mundo: el momento no era propicio. El militante que le ha dado la victoria a Pedro Sánchez es el más proclive a pactar con Podemos, pero no hacía falta echar sal en las heridas, en el momento de mayor sangrado del PSOE.

Creo que Podemos tampoco ha valorado la respuesta activa y participativa. Unas primarias que alcanzaron el 80% de una militancia de 180.000 personas es todo un éxito. Porque votar en primarias significa estar inscrito, pagar cuota y presentarse ante la urna; nada parecido al procedimiento de votación electrónica y sin afiliación. Es decir, la militancia del PSOE sabe expresarse con contundencia cuando quiere algo. Y no tuvo en cuenta la posibilidad de que Pedro Sánchez ganara, por eso, la estrategia con mala intención de Podemos se quedó anticuada la noche de las primarias.

Quizás, fue entonces cuando Podemos se apresuró a rebajar la tensión diciendo que, si el PSOE presentaba la moción, ellos la retiraban. Pero la precipitación de una estrategia de suma cero ya estaba hecha. Ha hecho bien Pablo Iglesias en rebajar el tono, tender la mano y pedir perdón; pero hace falta algo de tiempo. Porque lo que ha propiciado Podemos durante este tiempo es: desconfianza. Una amplia desconfianza, no solo entre el PSOE, sino también entre el electorado progresista.

Vuelvo a repetir: que la estrategia no invalida la necesidad de la moción de censura. Pero malograr los pocos recursos no es inteligente.

Analizando el debate de Podemos, he de señalar que Irene Montero me ha gustado mucho. Hasta ahora, la veía como un clon de Pablo; con los mismos tics, tópicos y tono. Pero, sinceramente, creo que ha estado muy bien: rigurosa, mordaz, preparada, y sin nervios. A ella le tocaba “dar caña”, y ha sabido hacerlo. De hecho, el debate del martes lo ha ganado claramente ella, que se ha convertido en una sólida portavoz. Con buenos titulares. Eso sí, con una larguísima intervención. Sinceramente creo que los tiempos de Podemos no han estado bien medidos, llegando al hartazgo, tanto con su intervención como la de Pablo.

Aunque ha sido una magnífica recopilación de las barbaridades cometidas por el PP y silenciadas por Rajoy. Una historia de los innumerables casos de corrupción que lamentablemente se olvidan por la débil memoria y la saturación.

Ha conseguido además que saliera a replicar el propio presidente del gobierno. Es cierto que todos plantean que la intervención de Rajoy ha sido una buena estrategia, pero también ha sido una respuesta ante el duro ataque que le ha realizado Montero. Cierto que Rajoy no lo llevaba improvisado, sino trabajado con tiempo; pero  le ha dado un balón de oxígeno a la portavoz de Podemos confirmándola en su cargo. Al tiempo que el propio Rajoy consolidaba su papel de Presidente, pues se sentía suficientemente seguro para abordar ese papel. En ese equilibrio, han ganado ambos.

Las sombras del debate, en mi opinión, las ha protagonizado Pablo Iglesias. Por varias razones tanto de estrategia como de fondo:

  • Creo que debería haber salido a replicar a Rajoy en vez de Montero, porque era una forma de medirse directamente con él desde el principio.
  • Su intervención me ha parecido innecesariamente larga. La primera parte prescindible pues era más de lo mismo de lo que había dicho Montero. Y ha rematado la sensación de pérdida con la larga lección de historia como si estuviéramos en una clase universitaria.
  • Desde el principio, su discurso ha sido negativo, solamente basado en la corrupción que era el tema central de la moción de censura, pero que Montero lo había explicitado perfectamente.
  • Ni siquiera, las propuestas que ha ido desgranando las ha enmarcado en positivo, sino siempre bajo la negatividad que efluye desde el PP. A veces, las propuestas sonaban a remiendos en vez de soluciones.

Es cierto que ha intentado controlar sus formas, pero ha primado ante todo la negatividad.

En ningún momento ha conseguido ilusionar. No se trata solo de la crítica, que es necesaria y debe ser contundente (como ha hecho Montero) que la tienen muy controlada, sino que además hay que construir un proyecto que dignifique, que dé esperanzas, que fomente la autoestima, que haga que los españoles tengan un horizonte hacia dónde dirigir sus pasos. Y eso no lo ha sabido hacer Pablo Iglesias.

Posteriormente, creo que ha ido decayendo su papel. Su intervención frente a Albert Rivera me ha parecido deplorable. No sé si existe alguna diferencia más allá de lo político entre ambos, pero la réplica de Iglesias ha sido pedante, soberbia, insultante, humillante. Sinceramente, no creo que sea necesario ni la forma ni el fondo utilizado. El problema de Pablo no es que no sepa hacer amigos, que los va perdiendo por el camino, sino que no sabe tejer alianzas, dialogar, buscar puntos comunes. Ya sabemos las diferencias entre Ciudadanos y Podemos, pero resulta innecesario rebajar el nivel a ese extremo, porque acaba desmereciendo al atacante. A Pablo se le ha ido la “pinza” con Albert Rivera.

Respecto al “nuevo” PSOE, creo que ha sido una sorpresa la intervención de José Luis Abalos. Un magnífico inicio, un lento y monótono recorrido por la crítica al PP, pero una despierta y ágil contestación a la Moción de Censura. Con la mano tendida, recogiendo el ofrecimiento, abriendo las posibilidades, pero pidiendo tiempo para hacer bien las cosas y, sobre todo, “ordenando los tiempos” frente a Pablo Iglesias.

Finalmente, como conclusión: Irene Montero ha ganado su portavocía de forma magistral; Iglesias ha perdido fuelle, porque el tono moderado no es el suyo, ni ha sabido salir de la negatividad; el duelo Rivera-Iglesias me rechina en exceso; el PSOE está despierto y ¡¡vive!!, se convierte en la fuerza de la oposición hacia la que pueden girar los futuros consensos. Creo que el PSOE ha ganado tanto, o más, que el propio Podemos.

¿Y Rajoy? Hoy, seguramente fumándose un puro. Cumplió con creces delante de los suyos y el resto ya no le ha interesado.

¿Qué hemos aprendido? Que hacer la oposición, la crítica, la denuncia, es más fácil que construir una alternativa y, seguramente, este debate propuesto por Podemos ha servido para que sean reconocidos como una fuerza política consolidada en el parlamento, pero con un ejercicio de humildad, sobre todo, para su líder, Pablo Iglesias, quien ha tenido que aprender a sujetar sus modales y su lengua.

No obstante, nada es estéril, y mucho menos los debates que se producen con tanta intensidad.