LOS ÚLTIMOS DE CATALUÑA

No me gusta hacer pronósticos, pero esta vez parece facil hacerlo: Va a haber urnas en Cataluña el próximo día 1 de octubre. No sé cuantas, ni donde, pero habrá urnas.

Y la razón es doble. En primer lugar, porque siempre hay quien no se entera, hasta mucho más tarde, de que se ha acabado la guerra y siguen combatiendo. Disculpen la comparación pero debo hacerlo para dar la referencia de los combatientes españoles en la iglesia de Baler, “los últimos de Filipinas”. Estos soldados no solo no se enteraron, si no que no quisieron creerse, durante 11 meses que la guerra se había terminado. Tambien son famosos los muchos soldados japoneses que, tiempo despues de la rendición de Japón en la Segunda Guerra Mundial, seguían defendiendo su, ya, absurda posición. Hay un axioma en nuestro acervo cultural que lo explica de otra manera y es el que dice que, cuando un terco sigue una linde y, esta acaba, el terco sigue. O algo así.

Y, esas urnas, a pesar de la intensa dedicación de los poderes del Estado, el español, claro, en evitarlo, las van a colocar donde puedan, en colegios, en ambulatorios, en asociaciones de vecinos o en clubs de sardanas, pero va a haber urnas. La duda radica en saber cuál va a ser la interpretación que haga el Govern del resultado de ese día. Esa duda no nos permite aventurar con cuántos votantes de no se sabe qué censo el President Puigdemont va a decir que ha cumplido con su compromiso de que habría un referendum el dia 1 de octubre.

Porque, y esta es la segunda razón de la certeza que tengo en que habrá urnas, es la existencia, siempre, de gente inasequible al desaliento. Y Puigdemont es uno de ellos, con una terquedad digna de mejor causa o, al menos, de una causa posible. No me resisto a recordarles una escena cinematográfica.

Al principio de la comedia “El Guateque”, de Blake Edwards, hay una escena en la que se está rodando una película en la que aparece una posición del ejército británico sitiado en la India. Y, en esa escena, Peter Sellers hace el papel de un corneta que es disparado y dado por muerto varias veces pero que, ante la desesperación del director de la película, se resiste a morir y, cada vez, sale de detrás de la trinchera tocando la maldita corneta. Al final de esa escena, el corneta provoca una catástrofe en el rodaje.

Bueno, pues parece que Puigdemont, y hay que reconocer que acompañado por otros, está haciendo ese papel del corneta y lo está bordando. No se si con una corneta o con una tenora, pero, cada vez que recibe una andanada del Gobierno Español, del Tribunal Constitucional, de la Fiscalía de Cataluña o de los propios servicios jurídicos del Parlament, se levanta desde detrás de su trinchera y hace ver que sigue vivo en su propósito de constituir la República de Catalunya. Y, esperemos que, como en la película, la escena no acabe en catástrofe.

La guerra de Filipinas se acabó, la Segunda Guerra Mundial tambien y el conflicto del día 1 de octubre se deberá acabar a pesar de los “últimos de Cataluña”. Pero despues de ganar la guerra, y una guerra la ganan todos los contendientes cuando se acaba, hay que ganar la paz. Pero, eso, es otra historia.

O, no tanto. Para acabar con la película, hay que recordar que despues de esa primera escena bélica la película entra en el nucleo de la historia, el guateque que da título a la película y que podría representar esa paz. Pues bien, en la película, ese guateque acaba en un autentico desastre. Y, ahora, habría que evitarlo.