LOS TRES CONGRESOS

Era el día. La web de Podemos había citado “a todos los inscritos, y todas las inscritas”, a “vivir el momento más emocionante” en el que se iba a celebrar el “trascendental proceso democrático del que Podemos saldrá fortalecido para hacer frente al plan restaurador de las élites de nuestro país”.

(Notas a pie de párrafo: a) He entrecomillado las palabras de la propia convocatoria. b) Para el lector no familiarizado, los inscritos, y las inscritas, es la gente y las elites de nuestro país, la casta.)

En definitiva, estaba convocada la mayor ocasión que vieron los tiempos, el mayor espectáculo del mundo y el partido del siglo, todo en uno. Una especie de super bowl de la política española, aunque, esta vez, quien bajaba de los cielos no fuera Lady Gaga, sino el mismísimo Pablo Manuel Iglesias Turrión.

Se podía pensar que Vistalegre 2 era el “punto 2” del catálogo de Podemos. Algo así como el reseteado de su ideología, la puesta al día de sus productos, esos que luego anuncia en un folleto coloreado.

Pero Podemos se resetea a diario. Según nos informó su ya antiguo número dos, Iñigo Errejón, “La coherencia en política no es decir siempre lo mismo. Es decir lo más adecuado en cada momento”. (Programa El Objetivo, La Sexta TV, 5 de febrero). Y, por eso, Podemos tiene ideas muy frescas, porque son del día. Pero, por eso tambien, no les son precisos los congresos a la vieja usanza, esos que se celebran cada varios años y que sirven para definir las ideas que van a dirigir la acción del partido, tradicional por supuesto, y que no van a cambiar hasta el siguiente congreso.

En Podemos, no. En virtud del novedoso concepto que tienen de la coherencia, ellos no necesitan los congresos para fijar ideas ya que, ¿para qué?, si, a lo mejor, el día de mañana ya no son adecuadas. Incluso nadie puede asegurar que antes de acabar el día esas ideas pierdan su vigencia. Como dicen ellos, nada hay más viejo que las ideas del día anterior.

Así pues, el reseteado era de imágenes, tipo Instagram. Se trataba, y así se anunció en los días previos al evento, de cambiar la vieja fotografía de Vistalegre 1, que, en dos años, se había quedado ya de color sepia, por una nueva, digital, en la que aparecieran todos aquellos designados por el líder. En esto, alguien podría encontrar semejanzas con el PP pero, al menos, en este partido Rajoy no reprocha a nadie la manera de vestir como ha hecho Iglesias Turrión con Errejón. Y no es broma, lo hizo el jueves 9 de febrero, como no, en La Sexta.

Al mismo tiempo que Vistalegre 2, y al parecer, el Partido Popular celebraba su congreso. Nada que comentar ni, por supuesto, nada que criticar, si uno no quiere ser repetitivo. En el PP se nota que es día de congreso, porque hay menos corbatas y más zapatos con suela blanca (ahora de moda) que de costumbre. Por lo demás, al PP tampoco le es necesario celebrar congresos para renovar sus políticas. Se trata de un partido de los de principios inmutables por su propia naturaleza, pero su convencionalismo le obliga a celebrar estos actos para cumplir con la tradición.

Respecto a lo tratado hay que tener en cuenta que cualquier grado de deriva en su rumbo supone una novedad, la mayor de las cuales era conocer los títulos que había que poner, a partir de ahora, en las puertas de los despachos de Génova 13. Por supuesto, los ocupantes de esos despachos ya estaban designados de antemano por Rajoy, tres personalidades (en el Gobierno, en el Congreso y en el Partido) pero un solo líder verdadero. Por tanto, nada más que decir del congreso del PP que, como dijera Rajoy el predecible, no se pudiera predecir.

¿Y el del PSOE? Ni estuvo ni se le esperaba. En su lugar, hubo un acto que, aunque significativo, en términos deportivos sería considerado un partido amistoso. La Gestora decidió, en su momento, retrasar la celebración de su congreso para enfriar los ánimos de la parroquia. Posiblemente esa decisión favoreciera a alguna posible candidata a la Secretaría General, al propio partido o a alguien, incluido, ya veremos, Pedro Sánchez, pero no deja de ser chocante (que rima con cante) que se trate al PSOE como un enfermo de larga duración. Aunque haya quien piense que lo sea. Ojalá que la espera termine mereciendo la pena porque el país, y no solo el partido, lo necesita.

Y una reflexión: Si estos tres partidos, de una u otra forma, dan señales de la innecesaridad de sus congresos, alguien podría pensar en si no sería el momento de explorar otras formas de conformar sus políticas. Pero no, el espectáculo debe continuar. Que no pare la fiesta.